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La final, asunto de vida o muerte

Actualizado el 13 de julio de 2014 a las 01:25 pm

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La final, asunto de vida o muerte

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El defensa argentino Luis Felipe Monti se cuenta entre los pocos futbolistas que han jugado en forma consecutiva dos finales de la Copa del Mundo... con equipos diferentes. Aunque fue un privilegio que quizá no disfrutó mucho: las dos las disputó bajo peligro de muerte.

Luis Felipe Monti jugó las finales de Uruguay 30, con Argentina, e Italia 34, con los italianos.
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Luis Felipe Monti jugó las finales de Uruguay 30, con Argentina, e Italia 34, con los italianos. (Archivo)

Doble Ancho, como le apodaban, integró la selección de su país en Uruguay 30. Aunque Argentina había ayudado a que Uruguay fuera la sede del primer Mundial de fútbol, una vez en territorio charrúa, los jugadores de la Albiceleste fueron objeto de una enorme hostilidad. Durante el partido ante Francia, el 15 de julio de 1930, los hinchas uruguayos insultaron y lanzaron proyectiles contra los argentinos.

La Asociación de Futbol Argentino (AFA) amenazó con retirar al equipo de la competición y fue necesaria la intermediación del presidente uruguayo, Juan Campisteguy, para que echaran atrás sus intenciones.

Sin embargo, el ambiente hostil regresó, con más intensidad, para la final del torneo entre uruguayos y argentinos. Antes del juego, circularon los rumores de que algo malo podría pasar si Argentina ganaba. El propio Monti recibió amenazas anónimas contra él y su familia.

A pesar de eso, la Albiceleste se fue al descanso con el marcador a su favor (1-2), pero algo pasó en el vestuario (dicen que los jugadores fueron amenazados por hinchas armados) y en la segunda parte Uruguay remontó el juego (4-2) ante la extraña pasividad de sus rivales.

Tras esa final, Monti fue visto como uno de los culpables de la derrota y ante el mal ambiente que encontró de regreso en su país, aceptó la oferta del Juventus de Turín y se mudó a Italia.

Cuatro años después, el argentino jugó la Copa del Mundo con la selección italiana, gracias a una de las muchas movidas del gobierno fascista para demostrar su poderío ganando el torneo que organizaban.

"Ganar o morir", les advirtió el dictador Benito Mussolini a los jugadores azzurri antes de disputar la final del certamen contra la antigua Checoslovaquia.

El propio Duce bajó al vestuario local y sermoneó a Monti durante el descanso de la final por la arriesgada cantidad de faltas que estaba cometiendo. Regañado, el zaguero mejoró su comportamiento e Italia ganó 2-1. Un gol de su compatriota argentino Raimundo Orsi, les salvó la vida.

"En Montevideo me mataban si ganaba y en Roma me mataban si perdía", dijo Monti años después. Vivió para contarlo.

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