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Una copa de oro con una existencia de tristeza

Actualizado el 03 de julio de 2014 a las 11:35 am

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Una copa de oro con una existencia de tristeza

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Moldeada en oro de 18 kilates y montada sobre piedras semipreciosas, Niké, la diosa griega de la victoria, no podía imaginar la existencia que le aguardaba.La imagen mitológica sirvió de inspiración para que el escultor francés Abel Lafleur diera forma a la copa Jules Rimet, el trofeo que todos codiciaron durante nueve Mundiales.

Delirio uruguayo en el vestidor del estadio Maracaná. Juan Schiaffino bebe en 1950 de la copa Jules Rimet, que había pasado los últimos años escondida en una caja de zapatos.
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Delirio uruguayo en el vestidor del estadio Maracaná. Juan Schiaffino bebe en 1950 de la copa Jules Rimet, que había pasado los últimos años escondida en una caja de zapatos. (Archivo)

Sin embargo, ser tan deseada no la alejó de los problemas. En 1938, luego de que Italia ganara el trofeo, la Copa fue guardada en la bóveda de seguridad de un banco romano, pero al estallar la Segunda Guerra Mundial el médico Ottorino Barassi, vicepresidente de la federación italiana, la sacó de la entidad y se la llevó a su casa.

Durante años la tuvo escondida debajo de su cama, en una sencilla caja de zapatos, para evitar que cayera en manos de las tropas de ocupación.Acabada la guerra, Barassi devolvió personalmente la Copa a la FIFA, para que pudiera entregarla al ganador del próximo Mundial, Brasil 50.Mas las tragedias no acabaría para la Jules Rimet. El 20 de marzo de 1966, la Copa fue robada mientras era exhibida en las vitrinas de la tienda londinense Westminster Hall.

A pocas semanas para que arrancara el Mundial Inglaterra 66, el robo puso a correr a los mejores hombres de Scotland Yard, que tardaron días sin obtener una sola pista.

Fue un perro llamado Pickle el que halló el preciado trofeo en un jardín de Beulah Hill, envuelto en hojas de periódico.

Un final más triste le esperaba: el 19 de diciembre de 1983, la Copa fue robada en Rio de Janeiro, fundida por el joyero argentino Juan Carlos Hernández y vendida en lingotes en el "mercado negro" carioca.

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