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El equipo de todos en Brasil

La tristeza de uno es la alegría de otro

Actualizado el 13 de junio de 2014 a las 12:55 am

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La tristeza de uno es la alegría de otro

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Lo que debe estar pasando por la cabeza de Heiner Mora debe ser terrible. De solo intentar ponerme en sus zapatos me agarra una tremenda angustia que no puede ser vocalizada, pues se queda pegada en el nudo que se hace en la garganta.

Estar ahí, tan cerca; mejor dicho, aquí, tan cerca y ver como uno de los sueños de una vida y una carrera se esfuman, definitivamente, es algo que rompe el corazón.

Y andaba bien. Tenía buen nivel. De hecho, en el entrenamiento de ayer fue de los que se vieron mejor. Sin duda, iba a jugar. Quizás no de titular, pero sí saltaría a la cancha unos minutos. Podría haber sido un cambio importante.

Él debe haber llorado, sus familiares también. Nadie debe sentir pena por eso. Dirigentes en Brasil dicen que sí lo hizo. Colegas en Costa Rica dicen que sí lo hicieron.

Contracara.Por otro lado, lo que debe estar pasando por la cabeza de Dave Myrie es increíble.

No tenía una sola esperanza de ir al Mundial y de un pronto a otro, cuando su mente hace click de nuevo, va rumbo al aeropuerto para tomar un avión charter lleno de aficionados e invitados en el que la Federación lo metió él.

Quizás hasta fue animándolo, producto de la explosión de felicidad del momento. Y no debe reprimir esos sentimientos, no es su culpa lo de Mora. Es producto de una mala fortuna que nos está sacando jugadores uno por uno.

Apenas se habrá despedido de su familia, que posiblemente lloró, pero por las razones correctas. Qué emoción para ellos.

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