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Una historia de un mal revendedor y la culpa del sistema

Hace un par de procesos eliminatorios me sobró una entrada para un partido de la Sele. Alguno de mis amigos, ya no recuerdo cual, no pudo ir.

Yo era el que había hecho la compra del paquete de boletos para todo el grupo, así que con la "solidaridad" que caracteriza a los jóvenes, terminó siendo mi problema.

Era un boleto de Sol, dado que lo que nos encantaba como adolescentes era ir con la barra brava y cantar los 90 minutos. Pero en fin, ese no es el cuento.

Mi solución fue revender el boleto afuera del estadio Saprissa unas horas antes del pitazo inicial.

Al principio empecé ambicioso, pensando en que debía tratar de sacar uno o dos "rojitos" de más para desperdiciarlos luego en la celebración.

Sin embargo, me dio pereza y decidí "irme a precio" para poder meterme al estadio rápido y estar listo para el ritual del partido. De por sí, lo más seguro es que la entrada la compré con plata que me dio mi mamá.

Caminé para arriba y para abajo del costado sur de la Cueva analizando cuál debía ser mi frase de entrada. Me debatía entre el "lleve sol barato", "sol a precio" y otros tantos lemas que los otros más experimentados de la calle arrojaban con toda naturalidad. El derecho de autor no lo había aprendido aún.

Con un par de compradores que "agarré" en solitario me fue mal, pues necesitaban más de una. Era obvio, ¿quién va al estadio solo?. A uno lo abandonan, como me pasó a mi en la labor de la reventa, pero no va solo.

Tras los intentos fallidos y el temor de que algún conocido me viera en esas, noté que el tiempo estaba pasando rápido. Había que apurarse y así lo hice. Me metí dónde ya actuaba un revendor y nada más dije, "yo solo tengo una, pero se la dejo a precio, las otras sí compreselas a él". Acierto y error.

Según yo, todos nos favorecíamos, pero en la práctica le robé ganancia.

Así que apenas el cliente se fue satisfecho, sentí un empujón, una mano durísima que me agarró el hombro y un "no se arrime más o lo jodo", casi en secreto.

Tras todo este relato, bien pueden suponer cuál es mi opinión sobre los revendedores.

Los múltiples casos de reventa para el partido ante Estados Unidos causaron polémica. En la teoría, nadie podría comprar más de cinco boletos.
Los múltiples casos de reventa para el partido ante Estados Unidos causaron polémica. En la teoría, nadie podría comprar más de cinco boletos. (ARCHIVO) ampliar

La culpa es de varios. Aún con eso dicho, y a sabiendas de que perdí la capacidad de síntesis, también puedo decir que el problema dentro del sistema no son solamente los revendedores y su planificada operación, la cual se traduce en la transgresión a la billetera de la población.

Específicamente para este partido ante Estados Unidos, el cual es el que está causando tanta polémica, la culpa también la tiene la tiquetera Special Ticket, la Fedefútbol y la propia afición.

La tiquetera por creer que los ticos son tontos e intentar convencerlos que su tecnología es infalible: un amigo, que bien podría ser aquel que hizo que me sobrara una entrada años atrás, compró diez entradas con la misma cédula por Internet.

Y no le importa que publique sus apellidos: Rojas Benavides, para que el señor Róger Brenes lo busque dentro de la lista que enseñó en el debate en Canal 7. ¿Qué hubiese dicho si mi colega de Al Día hubiese tenido este dato en esa discusión?

En fin, mi amigo no es revendedor, solo tiene una familia numerosa. No usó artimañas, solo hizo la primera compra con la tarjeta de un banco y la segunda con la de otro. Así de simple.

Pero sigamos repartiendo culpas. ¿Por qué la Fedefútbol? Por no exigirle una garantía de éxito a la tiquetera. Se buscó un problema de gratis. El ente todavía no ha terminado de limpiar su imagen como para buscarse estos cuestionamientos así de fácil.

Finalmente, está la afición, que es el fin y el inicio del ciclo. Entiendo que nadie quiera perderse este partido, pero si no se compran boletos en reventa, pues no habrá revendedores para que las vendan. Sencillo.

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