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El efecto del triunfo en Panamá fue emocional

El fútbol, bien vivido, es un bálsamo para el alma

Actualizado el 23 de noviembre de 2015 a las 07:37 pm

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El fútbol, bien vivido, es un bálsamo para el alma

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Las últimas semanas fueron duras anímicamente. Los atentados en París me abrumaron. El miedo a un desastre global se me metió en el alma.

No obvio las tragedias que día a día suceden en otros lugares del planeta. Cada muerte inocente es igual de dolorosa. No obstante, con este golpe al mundo occidental, la cabeza registró que cada vez se nos acercan más las balas.

Entonces, entre videos 'leakeados', notas llenas de drama (unas parcializadas, otras no tanto) y decenas de perfiles de Facebook con banderas, me cayó encima todo el peso de que el lado oscuro del ser humano está tomando el control.

El espíritu de hermandad entre Inglaterra y Francia tras los atentados del 13 de noviembre quedó claro en el duelo entre ambas selecciones, unos días después.
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El espíritu de hermandad entre Inglaterra y Francia tras los atentados del 13 de noviembre quedó claro en el duelo entre ambas selecciones, unos días después. (AFP)

En Londres, el estadio de Wembley cantó La Marsellesa, en un gran gesto de solidaridad, de esos que solo el fútbol puede dar. 

Y entre todo esto, estaba metido el partido eliminatorio de Costa Rica contra Haití. Algo que había esperado desde que se acabó la aventura mágica de Brasil se tornó tan superfluo a la par de tanta sangre derramada que ni ganas tenía de verlo. Yo, el dueño de un blog que se llama El equipo de todos...

Aún así pensé que mi pasión por el fútbol, por la Sele, tal vez me rescatarían, por lo menos por un rato, de la crisis existencial que hasta me hizo cuestionar el concebir en esta conflictiva época.

Pero no fue así. La poca ambición del equipo y la lógica del marcador me mantuvieron sumido en ese limbo emocional, al margen de cualquier impulso por brindar en honor al gol de Cristian Gamboa. Quizás era demasiado pronto para pensar en la posibilidad de celebrar, sin dejar de lado todo lo que se sufre en otra latitud.

Así pasaron un par de días hasta que la Tricolor volvió a alinear, esta vez ante Panamá, de visita. Mi motivación era similar: de poca a nada, puesto que la información publicada en los medios sobre la longitud del brazo de Isis lo único que hizo fue aumentar el temor.

Bryan Ruiz celebra el primer gol de la Sele en Panamá. Costa Rica derrotó esta noche 2-1 a los canaleros y es líder de la cuadrangular.
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Bryan Ruiz celebra el primer gol de la Sele en Panamá. Costa Rica derrotó esta noche 2-1 a los canaleros y es líder de la cuadrangular. (AFP)

La Selección de Costa Rica derrotó el martes pasado, por 2-1, a Panamá, en un juego sumamente emocional.

Cambio. No obstante, cuando encendí la televisión algo encajó. De presionar power a las primeras notas de nuestro himno si acaso pasaron cuatro segundos. Creo que porque no tuve tiempo de digerir la previa me enganché de inmediato y me dejé llevar por los compases y, a partir de ahí, fue pura emoción.

La tensión de tener al árbitro Joel Aguilar en frente; las dudas de jugar con un equipo diezmado por lesiones; el subtexto de las historias de Randall Azofeifa, Esteban Granados y Patrick Pemberton; el diluvio que no apagó el fuego masivo del corazón de los ticos en el Rommel Fernández... Luego, el esfuerzo en la cancha, la táctica de Óscar Ramírez, los goles anotados, el tanto recibido, el sufrimiento al cierre...

No sé por qué, pero todo me sacó del trance. Tal vez fue el hecho de que en condiciones adversas se salió adelante. Hasta se me salió un "¡vamoos!" en el pitazo final. Fue un momento feliz y satisfactorio. Definitivamente un bálsamo para el alma, porque después tuve la impresión de que lo único que me aparecía en redes sociales eran señales de optimismo: un bebé sobreviviendo debajo de escombros, recuentos de héroes, mensajes poderosos de familiares de las víctimas, muestras de colaboración entre países opuestos...

Lógicamente, derrotar a Panamá, o a quien sea, no va a hacer nada para arreglar lo que está mal en el mundo. No soy tan insensato como para creer que porque se ganó un partido ya todo es lindísimo de nuevo, o tan estúpido para creer que en Francia, Siria o Nigeria a alguien le importa una pizca quién diablos mete un gol en este momento. Pero de alguna manera, el fútbol siempre encuentra la forma de servir como analogía: usted puede ganar o perder, luchar hasta el final o rendirse a medio camino.

La Sele ese día ganó luchando y me sacudió la somnolencia con la que anduve varios días. Me reactivó. A lo mejor somos varios a los que les pasó algo parecido. A lo mejor puede pasar lo mismo en las cosas que realmente importan, en los lugares y los instantes que realmente importan.

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