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¿Y el talento joven?

El desastre de las recientes selecciones menores masculinas de Costa Rica

Actualizado el 04 de marzo de 2015 a las 06:20 pm

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El desastre de las recientes selecciones menores masculinas de Costa Rica

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Alguna vez Costa Rica fue potencia en el área en selecciones menores masculinas. Pues estamos a años luz de esa época. Y no en la dirección favorable. 

La clasificación a los mundiales infantiles y juveniles en los 90 y 2000 era casi automática, sin importar que eran apenas uno o dos cupos los que otorgaba FIFA. A los pocos que no se asistió fue principalmente por incidentes aislados. Errores específicos en un partido clave que dieron al traste con el boleto. Lastimosamente esas cosas pasan.

Pero, actualmente, aún con cuatro y hasta cinco campos para la Concacaf, avanzar es una lucha titánica, una epopeya. Cuesta ganarle a los que antes se goleaba sin sudor. ¿Qué pasó? ¿Empeoramos? ¿Mejoraron los otros? Da igual, ninguna de las dos razones es excusa para la realidad que vive el fútbol menor en el país.

Ya son dos los mundiales Sub-20 consecutivos a los que Costa Rica no fue. Ambos tras aquellos alentadores Egipto 2009 y Colombia 2011, de los cuales salieron héroes de Brasil como Marcos Ureña, Cristian Gamboa, Joel Campbell y Yeltsin Tejeda. A su vez, la Sub-17 lleva dos fracasos al hilo, y huele a tres, puesto que ya complicó la presente eliminatoria tras perder ante Canadá, el martes en Honduras.

No hay absolutamente nadie en este gremio que no entienda la importancia del trabajo en las bases. Es el futuro de nuestro fútbol. El problema es que más allá de que se sepa lo delicado del tema; los esfuerzos por remediar la situación son pobres, o bien, ineficientes.

La Selección Sub-20 que fue a Egipto 2009 fue histórica y alcanzó un cuarto lugar. Desde ahí, todo fue en picada.
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La Selección Sub-20 que fue a Egipto 2009 fue histórica y alcanzó un cuarto lugar. Desde ahí, todo fue en picada. (AFP)

Razones. ¿Será algo cultural? Es decir, ¿que la tecnología tiene a menos jóvenes jugando fútbol, por ende aparecen menos talentos? Me niego a creer eso. Me suena ridículo.

¿Será entonces la capacitación de los entrenadores? ¿Serán los clubes que no brindan mayores oportunidades? ¿O serán los propios deportistas que no valoran las posibilidades que se les pueden abrir? Debe ser una mezcla de todo.

Por un lado, la Federación Costarricense de Fútbol tiene varios años intentando afianzar el puesto de director de selecciones menores. Los resultados obtenidos indican que obviamente no hubo éxito. No puedo cuantificar el conocimiento y desempeño de Carlos Watson y algunos otros que fueron parte de la época de bonanza, pero no es posible que no haya otras personas capacitadas con, dígamoslo claro, principios de fútbol del 2015.

Hace poco llegó a lanzar salvavidas por la borda Marcelo Popeye Herrera, quien algo de esperanza genera debido a su trabajo en Argentina, pero tampoco va a hacer milagros de la noche a la mañana. Desde esta arista, habrá que esperar un poco más.

Por lo demás, sería culpar a los visores por su mal ojo y/o a los administrativos por los pocos fogueos, los canales de culpabilidad de siempre. Esto porque desde los clubes seguramente se dirá que sus entrenadores tienen plena formación, tanto deportiva como de psicología del adolescente. Y podría apostar un par de salarios a que no es así.

Marcelo Herrera, director de selecciones menores, tomó las riendas del proceso Sub-17 hace poco. Ahora intenta clasificar a la selección al Mundial de Chile 2015.
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Marcelo Herrera, director de selecciones menores, tomó las riendas del proceso Sub-17 hace poco. Ahora intenta clasificar a la selección al Mundial de Chile 2015. (Mario Rojas)

La regla. Tambien está lo de la extinta regla de minutos Sub-21, que decía que todo equipo de Primera debía obligatoriamente acumular cierta cantidad de minutos en cancha de jugadores menores a 21 años o si no perdía puntos en la tabla de posiciones. Para mí eso fue fundamental. Y no hay que ser muy brillante para ubicar en la línea de tiempo que cuando ésta era una exigencia se dieron los resultados. Generaba demasiadas oportunidades y desarrollo del talento. Es más, yo hasta la hubiese bajado a Sub-19 o Sub-18.

Pero no... Ahora se da un incentivo económico para quién la cumple, pero no pasa nada si no se hace. Bueno sí pasa, vemos como se desperdician jugadores con potencial.

Finalmente, queda por mencionar en este análisis el mea culpa que deberían hacer algunos miembros de esas selecciones fallidas. Jugadores que corren poco o que no se preocuparon por curar sus deficiencias, las cuales, sin importar la madurez, siempre se sabe que se tienen.

Por Dios, están defendiendo la camiseta del país, el mayor honor que puede tener un deportista y eso debe entrarle en la cabeza a cualquiera. Me parece absurdo que un muchacho con posibilidades de triunfar no busque sellar goteras que sabe que tiene como cerrar los ojos al cabecear o patear con solo una pierna. Sin embargo, y una vez más es una consideración sin investigación científica, da la impresión de que algunos están programados para el éxito a corto plazo: el primer salario en Alto Rendimiento y el debut en Primera. Punto.

Aquí, lo único que avalo es que me hablen de la parte física. Está bien, a ese nivel los biotipos de, por ejemplo, hondureños y panameños, los principales favorecidos de nuestro retroceso, son superiores. Nada que hacer. Es fisiología. Pero ahora también nos ganan en táctica y técnica, factores que eran nuestra cerámica fina. Y a este paso, si no se hace algo, toda la vajilla se va a quebrar y no habrá cómo comprar una nueva.

Vitrina. Un Mundial es una vitrina para todos los que están relacionados a este deporte. Cada vez que se desaprovecha uno se pierden incontables oportunidades para que un jugador trascienda, para que un club venda, para que la imagen deportiva de un país crezca. Hasta la prensa se ve afectada, ya que termina cubriendo un torneo FIFA en un cuarto de página, en vez de una cobertura de peso.

Sin duda, es frustrante observar cómo otros países crecen y crecen, y nosotros, como el cangrejo, uno que solo detiene su marcha para acomodarse a ver los partidos de los otros por televisión. Es más, no asistir a un mundial en esas categorías es algo imperdonable, pero aquí seguimos, hablando y hablando y el rumbo no cambia.  

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