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La gran fiesta del fútbol

Mundial Italia 1934: El 'calcio' gana a la fuerza

Actualizado el 13 de abril de 2014 a las 12:28 am

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Mundial Italia 1934: El 'calcio' gana a la fuerza

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INTRODUCCIÓN

La segunda entrega de la historia de los Mundiales de fútbol: Italia 1934. El triunfo del fascismo. La orden del dictador italiano Mussolini, “su ayudante de campo”, era clara: Italia tiene que vencer en la Copa de 1934. Lo hizo: La superioridad italiana con el calcio se confirmó al mando del técnico Vittorio Pozzo, un técnico que escribió una historia grande en los años 30. Presentamos un pequeño documental, de 11 minutos y 27 segundos de duración, con una combinación de imágenes y fotografías de aquella final entre italianos y checoslovacos.

El general Giorgio Vaccaro, presidente del Comité Olímpico, el máximo organismo del deporte italiano en 1934, abandonó preocupado el despacho del Palacio Venecia, en el centro de Roma.

Minutos antes había chocado sus talones en una actitud solemne, marcial y levantando su brazo derecho, para aceptar lo que había ordenado il Duce, Benito Mussolini, que era un hombre que sabía manipular como pocos.

-No sé cómo hará, general... pero Italia debe ganar este Campeonato Mundial. 

-Haremos todo lo posible, Duce... 

-Creo que usted no me ha entendido bien, general. He dicho que Italia debe ganar este Campeonato Mundial. Tómelo como una orden... 

Vaccaro, casi pálido, dio media vuelta y salió. Estaba claro. Si il Duce lo decía, se debía cumplir. 

Lo que no pudo decirle al dictador fue que hasta ahí todo había marchado muy bien; que presionando políticamente a Jules Rimet y a la gente de la FIFA y de las federaciones, se había conseguido la sede para Italia, durante el congreso del organismo en Zúrich, Suiza, el 8 de octubre de 1932, pero otra cosa muy distinta sería ganar en la cancha porque adentro definen los jugadores. 

En Europa, la situación política se tornaba cada día más agitada. Bajo el impulso del líder nazi Adolfo Hitler en Alemania, el fascismo ganaba terreno. Particularmente en la Italia de Mussolini, donde il Duce movilizaba a todo el país detrás de un objetivo: el triunfo de la Squadra Azzurra, a cualquier precio.

Según la visión del dictador italiano, un país fuerte era un país vencedor en todos los campos, incluidos los campos de futbol. La exigencia provenía de la cúpula política para mostrar el poderío y la superioridad de su raza. De aquí se podía deducir cuál era el destino reservado a los miembros de la Squadra Azzurra en la copa que disputarían en casa: vencer o sufrir las consecuencias.  

Esa política dura de il Duce trajo los primeros problemas a los organizadores, un año antes de la fase final. Las inscripciones ante el Comité Organizador debían realizarse hasta el 28 de febrero de 1933 y para esa fecha se habían anotado solo 27 naciones. Cinco más se registraron tarde, pero, ante tan pocos participantes, el Comité Ejecutivo de la FIFA decidió admitirlos.

Al final hubo en total 32 inscritos. El campeón reinante, Uruguay, se negó a cruzar el océano, dolido por las ausencias en 1930 de las potencias europeas, e Inglaterra seguía aislada del mundo futbolero; se sentían los maestros y no querían mezclarse con sus alumnos. Turquía se retiró antes de conformarse los 12 grupos eliminatorios; Chile y Perú lo hicieron después.

El equipo de Italia, campeón mundial de 1934. Arriba: Vittorio Pozzo (técnico), Giampiero Combi, Attilio Ferraris, Luigi Allemandi, Luis Monti y Enrique Guaita. Abajo: Luigi Bertolini, Raimundo Orsi, Eraldo Monzeglio, Giuseppe Meazza, Felice Borel y Attilio Demaría.
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El equipo de Italia, campeón mundial de 1934. Arriba: Vittorio Pozzo (técnico), Giampiero Combi, Attilio Ferraris, Luigi Allemandi, Luis Monti y Enrique Guaita. Abajo: Luigi Bertolini, Raimundo Orsi, Eraldo Monzeglio, Giuseppe Meazza, Felice Borel y Attilio Demaría. (Archivo LN)

Estos hechos le restaron trascendencia a la Copa, donde todo quedaba a pedir de boca para Italia, reforzada por una legión extranjera suramericana que le otorgaba al equipo local la cuota de habilidad y picardía que no poseía todavía. Se trataba de los argentinos Raimundo Orsi, Luis Monti, Enrique Guaita y Atilio Demaría, además del brasileño Anfilogino Guarisi. 

PASAJES DIFÍCILES 

El inicio del Mundial, que no contó con la fase de grupos sino series de octavos de final de eliminación directa, fue un tremendo bullicio, con un público fanatizado reunido en Roma para disfrutar la goleada que Italia le propinó al débil Estados Unidos, por 7-1. Era el 27 de mayo de 1934.

Ese mismo día, en Génova, España terminaba con las ilusiones de Brasil por 3-1, en un duelo en cual los puños del arquero ibérico Ricardo Zamora le pararon un penal a Waldemar de Brito (el descubridor del astro Pelé). Y, en Bolonia, Suecia eliminaba por 3-2 al limitado subcampeón mundial Argentina (viajó con un equipo de la liga aficionada). 

En esta ronda, Checoslovaquia ganó en forma apretada 2-1 a Rumanía, lo mismo que Suiza a Holanda por 3-2 (el delantero helvético Leopold Kielholz tenía miopía, usó anteojos y marcó dos goles ese día), mientras que Austria despachó 3-2 a Francia (el primero que se jugó con prórroga) y Alemania hizo lo propio al golear 5-2 a Bélgica con tres tantos de Edmund Conen.

El primer representante de África, Egipto, no despertó mucho interés por su duelo con Hungría entre los espectadores en Nápoles. Pero los magiares deseaban vengar el 0-3 que los egipcios le propinaron en las Olimpiadas de París 1924 y consumaron la venganza 4-2 ante menos de 9.000 personas.

Los cuartos de final fueron absolutamente europeos. Los dos improvisados embajadores de la magia suramericana pegaron el viaje de vuelta, por lo que el continente americano se quedó muy rápido sin sus representantes. 

Por esta fase se observaron partidos espectaculares. En Turín, Checoslovaquia y Suiza protagonizaron uno de los partidos más bellos del certamen. El estadio estaba lleno de suizos, que disfrutaron los dos goles goles que dejaron acostado al fenomenal arquero Planicka. El resultado estuvo cambiante, pero los checoslovacos ganaron 3-2 y seguían en ruta al título.

También se presentó el duelo entre Austria y Hungría (el clásico más antiguo de la Europa continental, nacido en 1902), jugado en Roma, donde se enfrentaron los mejores centros delanteros del mundo: Matthías Sindelar y Gyorgy Sarosi. Hubo goles y futbol de calidad. Austria ganó 2-1. 

En Florencia, en cambio, hubo una "guerra" entre italianos y españoles, que necesitaron dos partidos de cuartos de final, con tiempos extras en el primero, para decidir el pasaporte a las semifinales. Fue una masacre e Italia ganó el segundo por 1-0, luego de lesionar a los dos arqueros españoles: Ricardo El Divino Zamora –considerado por muchos el mejor arquero de todos los tiempos– en el primer partido, y Juan Nogués, en la segunda entrentamiento. 

El triunfo de Italia fue casi un decreto. Los árbitros de esos partidos, el belga Louis Baert y el suizo René Mercet, fueron expulsados por la FIFA. Aquella vez se cuestionó que los arbitrajes ayudaron descaradamente a Italia, por el absurdo sistema de designaciones a cargo de una comisión de árbitros de la FIFA, que tenían una marcada influencia de los italianos. 

Ya en semifinales, Checoslovaquia, donde sobresalían Planicka, Kostalek, Puc y Nejedly, fulminó 3-1 a Alemania. Italia y Austria, por su lado, ofrecieron un hermoso espectáculo en Milán. Raimundo Orsi fue la gran figura de esa tarde y Enrique Guaita el autor del gol azzurro para el 1-0 con que finalizó la contienda. 

Luego de que Alemania superara por 3-2 a Austria por el tercer puesto, la final ya estaba lista: Italia-Checoslovaquia. Dos estilos diferentes. Más hábiles los locales, más fuertes los checos... 

EL TRIUNFO DEL FASCISMO

Angelo Schiavio (derecha) ante el checoslovaco Josef Ctyroky. El italiano marcó el tanto de la victoria en la final mundialista de 1934.
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Angelo Schiavio (derecha) ante el checoslovaco Josef Ctyroky. El italiano marcó el tanto de la victoria en la final mundialista de 1934. (Archivo LN)

La política jugó un partido aparte en la final de 1934. El dictador italiano Benito Mussolini, il Duce, presionó al plantel de Vittorio Pozzo, cuando amenazó: “Si no ganan la Copa, ¡crash!”, dijo mientras se pasaba el dedo índice por el cuello.

El torneo había sido el escaparate para que Mussolini mostrara las “excelencias” del régimen fascista, que instauró en 1922. La propaganda política apareció en todas sus formas para demostrar supuestas superioridades raciales.

Hubo lleno total y, consecuentemente, recaudación récord. En el palco oficial, estaba il Duce a la cabeza, mientras que en la tribuna los 55.000 ardientes aficionados –casi todos miembros del Partido Nacional Fascista– tenían la convicción de que la Squadra Azzurra triunfaría en la final.

Según Jules Rimet, entonces presidente de la FIFA, hubo 277 periodistas en el palco de prensa. Una empresa italiana concertó la transmisión por radio del partido hacia todo el planeta.

El rival era Checoslovaquia que, por más que contara en sus filas con el gran guardameta Frantisek Planicka y el máximo goleador del certamen, Oldrich Nejedly, debía ser derrotado.

Ante este panorama y su complicado oponente, Pozzo nunca cedió a la presión externa, incluso ante el mismísimo Mussolini cuando le exigió que Italia debía salir campeón del mundo como fuera. Vittorio le respondió en aquella época: “Si en la cancha jugamos mejor que Checoslovaquia, lo lograremos, de lo contrario tendremos que conformarnos con el subcampeonato”.

El historial entre italianos y checoslovacos, de apenas 12 años de existencia, registraba hasta entonces un balance parejo, de victorias alternas, luego de 10 partidos desde 1922, que incluye tres triunfos por bando y cuatro empates, con 20 goles checos por 19 de Italia. Así que el resultado del partido era incierto.

La final se jugó en Roma y fue la primera vez  que en un encuentro donde estaba en juego el título universal se extendía a los tiempos extras. 

En la formación azzurra figuraba en el mediocampo el argentino Luis Fernando Monti, quien se convirtió en el único futbolista que ha podido disputar dos finales de la Copa del Mundo por países diferentes (Argentina e Italia).

El duelo resultó dramático. No hubo goles en la primera etapa. Italia resistió con fuerza y temperamento. Los checos tomaron la iniciativa y jugaron mejor al organizar peligrosos ataque, pero la defensa italiana con Monzeglio, Allemandi y el arquero Combi respondió con seguridad. Sin embargo, el juez sueco Ivan Eklind se “tragó” un claro penal de Giovanni Ferrari a Antonín Puc.

Primer tiempo sin goles, pero con dominio checoslovaco. Un trámite parecido al comienzo del segundo y primeras acciones fuertes a cargo de los italianos, pero con réplicas igualmente duras de los checos. Ojo por ojo…Y fue el puntero izquierdo Antonín Puc quien abrió el marcador a los 76 minutos, tras eludir a Monzeglio y batir a Combi. Un silencio sepulcral, “de muerte”, se adueñó del estadio romano.

Al equipo de Pozzo le quedaba muy poco tiempo para igualar la contienda frente a una muralla, el arquero Planicka.

Para ventura italiana, a nueve minutos del pitazo final, una jugada entre dos oriundos argentinos, Enrique Guaita y Raimundo Mumo Orsi, fue culminada por el segundo con un disparo rasante. Era el 1-1, que obligó a la prórroga y evitó que el segundo Mundial de futbol terminara en tragedia.

Apenas a los cinco minutos del tiempo suplementario, Angelo Schiavio le devolvió el alma al entrenador Vittorio Pozzo y puso a sonreír a Mussolini, al marcar el segundo gol, el de la victoria, tras un nuevo pase de Orsi.

Final del partido. Italia es el campeón del mundo. Pozzo y Mussolini respiraron tranquilos. Se canta “¡Italia, Duce!” y en las camisetas negras fascistas se leía claramente “Coppa del Duce”. Y en las fotos oficiales Mussolini le robó protagonismo a Jules Rimet, el máximo jerarca de la FIFA.

Así, el 10 de junio de 1934, la gente se lanzó a las calles cantando el himno La Giovinezza, no solo ellos estaban contentos por el título: también los jugadores y el director técnico, quienes presionados por il Duce, se habían jugado literalmente la cabeza por el triunfo.

“Este éxito premió la seriedad, la entereza moral, el espíritu de abnegación y la firme voluntad de un puñado de hombres que, por defender los colores de Italia, no dudaron en aislarse del mundo durante 40 días, privándose de cualquier comodidad y ajustándose a una férrea disciplina...”, escribió Vittorio Pozzo, con orgullo, un día después en el diario La Stampa.

Se confirmó que, en los dos primeros Campeonatos Mundiales de la historia, la victoria le correspondió a los dueños de casa. En el tercer torneo, el de Francia 1938, como veremos en el siguiente blog, quedaría demostrado que la condición de local no era excluyente.

SÍNTESIS DEL TORNEO

Campeón mundial: Italia.

Países miembros de la FIFA: 53.

Países en la eliminatoria: 32.

Sedes: Roma, Florencia, Milán, Bolonia, Nápoles, Turín, Génova y Triestre (Italia).

Participantes: 16.

Partidos jugados: 17.

Goles anotados: 70 (promedio: 4,12 por partido).

Mejor ataque: Italia (12 goles en 5 juegos; promedio: 2,4 por juego). 

Mejor defensa: Italia (3 goles en 5 juegos; promedio: 0,6 por juego).

Goleador del torneo: Oldrich Nejedly, Checoslovaquia (5 tantos).

Total de espectadores: 408.602 (promedio: 24.035 por partido).

EQUIPO IDEAL DE 1934

Sistema de juego: 1-2-3-5.

Portero: Ricardo Zamora (España).

Defensas: Eraldo Monzeglio (Italia) y Jacinto de Quinçoces (España).

Volantes: Franz Wagner (Austria), Luis Monti (Italia) y Fritz Szepan (Alemania).

Delanteros: Enrique Guaita (Italia), Giuseppe Meazza (Italia), Angelo Schiavio (Italia), Oldrich Nejedly (Checoslovaquia) y Raimundo Orsi (Italia).

FINAL DE 1934

Italia 2-Checoslovaquia 1.

Fecha: 10 de junio de 1934. 

Estadio: Partido Nacional Fascista, de Roma (Italia). 

Árbitro: Ivan Eklind (Suecia), asistido por Louis André Baert (Bélgica) y Mihaly Invancsics (Hungría). 

Goles: Antonín Puc, a los 76’ (Checoslovaquia). Raimundo Orsi, a los 81’; y Angelo Schiavio, a los 95’, en el tiempo extra (Italia).

Asistencia: 55.000 espectadores.

Alineaciones: 

Italia: Giampiero Combi (capitán); Eraldo Monzeglio y Luigi Allemandi; Attilio Ferraris IV, Luis Fernando Monti y Luigi Bertolini; Enrique Guaita, Giuseppe Meazza, Angelo Schiavio, Giovanni Ferrari y Raimundo Mumo Orsi. Director técnico: Vittorio Pozzo.

Checoslovaquia: Frantisek Planicka (capitán); Ladislav Zenisek y Josef Ctyroky; Josef Kostalek, Stefan Cambal y Rudolf Krcil; Frantisek Junek, Frantisek Svoboda, Jiri Sobotka, Oldrich Olda Nejedly y Antonín Puc. Director técnico: Karel Petru.

Detalle: Hubo una prórroga de 30 minutos tras finalizar el partido 1-1 en el tiempo reglamentario.

Campeón mundial: Italia.

NÓMINA DEL CAMPEÓN: ITALIA

Porteros: Giampiero Combi (Juventus), Giuseppe Cavanna (Nápoli) y Guido Masetti (Roma).

Defensas: Luigi Allemandi (Ambrosiana-Inter), Umberto Caligaris (Juventus), Luis Felipe Monti (Juventus), Eraldo Monzeglio (Bolonia) y Virginio Rosetta (Juventus).

Volantes: Luigi Bertolini (Juventus), Arnando Castelazzi (Ambrosiana-Inter), Giovanni Ferrari (Juventus), Attilio Ferraris IV (Roma), Mario Pizziolo (Fiorentina) y Mario Varglien (Juventus).

Delanteros: Felice Borel II (Juventus), Attilio Demaría(Ambrosiana-Inter), Enrique Guaita (Roma), Anfilogino Guarisi (Lazio), Giuseppe Meazza (Ambrosiana-Inter), Raimundo Orsi (Juventus), Angelo Schiavio (Bolonia) y Pietro Arcari III (Milan).

Director técnico: Vittorio Pozzo.

POSICIONES FINALES: ITALIA 1934

Equipos J G E P GF GC DIF. PTS.

Italia5410123+99

Checoslovaquia430196+36

Alemania4301118+36

Austria42027704

España311143+13

Hungría210154+12

Suiza21015502

Suecia21014402

Argentina100123-10

Francia100123-10

Holanda100123-10

Rumanía100112-10

Egipto100124-20

Brasil100113-20

Bélgica100125-30

Estados Unidos100117-70

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