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La gran fiesta del fútbol

Mundial Uruguay 1930: El triunfo de la garra charrúa

Actualizado el 11 de abril de 2014 a las 11:47 am

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Mundial Uruguay 1930: El triunfo de la garra charrúa

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INTRODUCCIÓN

A partir de esta columna, comenzaremos un recorrido por la apasionante historia de los Mundiales de Fútbol, desde aquella lejana primera edición de Uruguay en 1930 y la presente de Brasil 2014. Son 20 Copas Mundiales de la FIFA. Cada versión mundialista irá acompañada de relatos, crónicas de finales, resúmenes, estadísticas, el equipo ideal, la nómina del campeón, las posiciones finales y fotografías y videos de cada Mundial. Por ejemplo, las imágenes de Uruguay 1930 corresponden a un documental perdido, rescatado hace 10 años por la FIFA con motivo de su centenario de fundación (1904-2004). El cortometraje es una joya y dura 13 minutos y 47 segundos; fue revivido en la página digital del diario uruguayo Al Día. ¡Qué lo disfruten! 

Una complicada organización

La elección de Uruguay como organizador del primer Mundial de futbol en 1930 no fue aceptada con mucho entusiasmo por todas partes. 

El estadio Centenario de Montevideo, Uruguay, lució espectacular con las 13 delegaciones participantes, que inauguraron la primera Copa Mundial de Fútbol, en 1930.
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El estadio Centenario de Montevideo, Uruguay, lució espectacular con las 13 delegaciones participantes, que inauguraron la primera Copa Mundial de Fútbol, en 1930. (Archivo LN)

Europa se encontraba en plena crisis económica, por la pobreza, la inflación y el desempleo que sufrían las naciones industriales tras la quiebra de la bolsa de Nueva York en octubre de 1929. Una participación en el Mundial significaba para los europeos no solo una larga y costosa travesía en barco, sino también que los clubes tendrían que prescindir dos meses de sus mejores jugadores.

Cada vez más asociaciones nacionales comenzaron a retirar sus promesas de participación, con lo que pusieron en peligro la realización del primer Campeonato Mundial de Futbol.

Los mejores equipos del Viejo Continente, entre los que estaban Austria, España, Hungría, Italia, Inglaterra y Checoslovaquia, se negaron. La desesperación creció en Uruguay cuando el 19 de enero de 1930, a muy poco tiempo del comienzo del Mundial, se cerraban las inscripciones y ninguna federación europea había confirmado su presencia.

Sin embargo, el presidente de la FIFA, Jules Rimet, no se dejó impresionar, recorrió toda Europa y suplicó a los representantes de las asociaciones de futbol que no dejaran plantados a la FIFA y a Uruguay. Todo fue en vano.

Al final, gracias al esfuerzo personal de Rimet, se consiguieron licencias laborales para los jugadores de Francia, se convenció al rey Carol de Rumanía, se habló con los belgas y sedujo a los yugoslavos.

Entonces cuatro fueron los seleccionados de Europa que acordaron cruzar el océano y emprendieron la gran travesía en barco hacia América. Se trataba de Francia, Bélgica, Yugoslavia y Rumanía. 

Los primeros en subir el transatlántico italiano de vapor Conte Verde fueron los rumanos, que partieron desde Génova, Italia. El plantel había sido elegido personalmente por el rey Carol, un entusiasta del futbol y sostén permanente de la realización del campeonato, quien logró los permisos laborales y que siguieran percibiendo sus sueldos por tres meses de las empresas mineras británicas donde trabajaban sus jugadores.

En la escala en Villefranche-sur-Mer embarcaron los franceses, entre quienes se incluía el propio Jules Rimet, presidente de la FIFA, con una valija bien cuidada. En ella llevaba la pequeña pero codiciada estatuilla que esperaba por el primer campeón mundial, junto a las medallas para los ganadores.

Pronto, en el puerto de Barcelona, España, levantaron a los belgas. Lanzados al océano, recalaron en Lisboa y en la isla Madeira.

Las horas se pasaban con entrenamientos y ejercicios de gimnasia sobre la cubierta del barco, trotando mientras esquivaban las reposeras de los pasajeros y los botes salvavidas. Solo trabajo físico, nada con la pelota…

Pararon en las islas Canarias, después en Río de Janeiro, donde se sumó Brasil y un séquito de periodistas brasileños, y de ahí a Buenos Aires.

Tras dos semanas de viaje, el 5 de julio de 1930, el barco Conte Verde entró en el puerto de Montevideo, Uruguay, que los recibe con una nevada y temperaturas bajo cero.

También llegó en esos días la delegación de Yugoslavia, que hizo la larga travesía a bordo del Florida, un pequeño barco de correos. Cada delegación puede llevar 22 jugadores, pero el número es generalmente menor por razones de costos; por ejemplo, Rumanía viajó únicamente con 15 integrantes.

Al encontrarse con Montevideo, los visitantes se sorprendieron: elegantes calles surcadas por autos Ford y Chevrolet en ese lugar que para ellos era el confín del mundo. Esperaban encontrar pampas surcadas por hombres a caballo. Y los esperaba el presidente de la República, Juan Campisteguy, para darles la bienvenida con un discurso en perfecto francés.

Los uruguayos incurrieron en enormes gastos y solventaron el viaje y el alojamiento de todos los participantes. Su pueblo estaba entusiasmadísimo con la presencia de futbolistas de gran nivel. Aquella vez no hubo eliminatorias.

Por América aceptaron la invitación de Uruguay los equipos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Estados Unidos, México, Paraguay y Perú. Costa Rica también recibió una invitación, pero no sus autoridades deportivas no la aceptaron por problemas económicos y de organización.

La mayoría llegó a Montevideo sin haber disputado un solo partido de preparación.

Todo estaba listo. Solo faltaba el sorteo, que se realizó una vez que llegaron todas las delegaciones. Al armar los cuatro grupos surgió una polémica: no había cabezas de serie, pero para que el torneo no decayera en interés los organizadores buscaron que los candidatos al título (Uruguay, Argentina y Brasil) no se cruzaran de entrada. 

Cuando los bloques fueron distribuidos, el primero lo compuso Argentina, Francia, Chile y México; el segundo Brasil, Yugoslavia y Bolivia; el tercero Uruguay, Rumanía y Perú; y el cuarto Estados Unidos, Paraguay y Bélgica.

UN ESTADIO SIN TERMINAR

Uruguay, el primer campeón mundial en 1930. Arriba (de izquierda a derecha): Ernesto Figoli (masajista), Álvaro Gestido, José Nasazzi, Enrique Ballesteros, Ernesto Mascheroni, José Leandro Andrade, Lorenzo Fernández y M. Greco (masajista). Abajo: Pablo Dorado, Héctor Scarone, Héctor 'Manco' Castro, Pedro Cea y Victorino Santos Iriarte.
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Uruguay, el primer campeón mundial en 1930. Arriba (de izquierda a derecha): Ernesto Figoli (masajista), Álvaro Gestido, José Nasazzi, Enrique Ballesteros, Ernesto Mascheroni, José Leandro Andrade, Lorenzo Fernández y M. Greco (masajista). Abajo: Pablo Dorado, Héctor Scarone, Héctor 'Manco' Castro, Pedro Cea y Victorino Santos Iriarte. (La Nación LN)

El estadio Centenario de Montevideo empezó a construirse contra el reloj, el 1° de febrero del mismo 1930. Y tres semanas de lluvias casi continuas demoraron la terminación e impidieron cumplir con lo proyectado. Aunque más de 1.000 trabajadores laboraban casi día y noche, el estadio no pudo abrir sus puertas hasta el sexto día del Campeonato Mundial.

Así que el comienzo del torneo encontró al gran escenario sin concluir. Por eso, los primeros partidos se jugaron ante 4.444 espectadores en Pocitos y el Parque Central, reductos de Peñarol y Nacional, respectivamente.

El certamen se puso en marcha el 13 de julio de 1930, con dos encuentros entre Francia y México en Pocitos y entre Estados Unidos y Bélgica en el Parque Central. 

No fueron muchos los testigos de aquella tarde histórica, cerca de 1.000. Sin embargo, asistieron al primer partido de todos los Mundiales y a los 19 minutos fueron testigos del primerísimo “goal”, en el cual el interior izquierdo francés Lucien Laurent le marcó al arquero mexicano Oscar Bonfiglio.

Y ante sus ojos hubo más particularidades, porque cuando el arquero galo Alexis Thépot se lesionó, fue el defensa Augustin Chantrel quien ocupó el marco en su reemplazo, ya que los cambios no se conocían en aquel entonces. Thépot fue el primer lesionado de la historia de los Mundiales.

Además, el conjunto americano puso en la cancha a la primera pareja de hermanos del registro mundialista: Manuel y Felipe Rosas. Al final, Francia goleó 4-1 a México y Estados Unidos a Bélgica por 3-0.

Al fin, el 18 de julio de 1930, con el cemento todavía fresco, se inauguró oficialmente el estadio Centenario de Montevideo y también la primera Copa del Mundo. Para el futbol internacional de selecciones comenzaba una nueva época de esplendor.

Ante 70.000 espectadores y un alto costo por el inmueble de $1.665.000, Uruguay derrotó apenas por 1-0 a Perú, gracias al tanto de Héctor Manco Castro, que fue el primer grito de gol en la historia del estadio Centenario.

Al terminar la primera fase, Argentina, Yugoslavia, Uruguay y Estados Unidos ganaron sus grupos y se clasificaron para las semifinales. Y el sorteo como lo habrían deseado los organizadores: Argentina contra Estados Unidos y Uruguay frente a Yugoslavia.

El 26 de julio, ante 80.000 personas en el Centenario, incluidos 1.200 policías, los escoceses del equipo estadounidense exhibieron un juego anticuado ante los argentinos, que resolvieron con suma facilidad: 6-1.

Al día siguiente, uruguayos y yugoslavos se presentaron ante 93.000 aficionados. Pese al gol inicial de Branislav Sekulic, los charrúas aprovecharon que eran locales y lograron la victoria 6-1, el mismo resultado que los argentinos, como para que sus rivales no se sintieran muy confiados en la final.

Los dos perdedores, Estados Unidos y Yugoslavia, se despidieron del torneo, pues no hubo ningún partido para disputar el tercer lugar. Los europeos no quisieron jugar este partido, el cual quedó en poder de los estadounidenses, quienes, además, tuvieron mejor diferencia de goles que los yugoslavos.

El Mundial de 1930 había transcurrido sin ningún empate y dos gigantes del Río de la Plata, dos viejos y eternos vecinos, considerados las dos mejores selecciones del mundo, tampoco podían igualar; entre ellos estaría el primer monarca de la Copa Mundial, en la repetición de la final olímpica de 1928 en Amsterdam, que los uruguayos ganaron 2-1. El partido finalísimo representaba, asimismo, el encuentro soñado de los organizadores.

LA FINAL: LA VICTORIA URUGUAYA

La batalla deportiva del Río de la Plata, entre los vecinos Uruguay y Argentina, marcó el escenario de la primera final de los Mundiales de futbol en 1930 e inundó de leyenda y goles el estadio Centenario de Montevideo, Uruguay.

Los aficionados, dirigentes y periodistas de ambos países han construido, desde entonces, dos historias paralelas acerca de lo que fue en realidad aquel histórico partido.

Los argentinos alegaron una presión indebida de parte del público y hablaron de un clima “enrarecido”. Los uruguayos, en cambio, consideraron que aquella final demostró la superioridad de su equipo.

El árbitro fue el belga John Lagenus, quien no fue autorizado a dirigir la final hasta el mediodía, tres horas antes de empezar el partido, después de que una delegación de dirigentes europeos hubiera obtenido garantías de los organizadores sobre su seguridad personal.

Langenus, al mismo tiempo, tuvo que resolver un problema antes de comenzar el duelo. El capitán uruguayo, José Nasazzi, quería que la pelota que se jugara fuera la de su país; lo mismo que el argentino Manuel Ferreira, insistía en usar la bola traída del otro lado de la frontera. 

Al final el juez sorteó para jugar un tiempo con cada una. En el primer tiempo se largó con el balón de Argentina y en el segundo con el uruguayo.

Lo único cierto es que el escenario charrúa se llenó hasta las banderas, con 68.346 seguidores (según otras fuentes, hubo 90.000), y que Uruguay venció por 4-2, luego de irse a los vestuarios con una desventaja de 1-2.

La final tuvo seis goles. Pablo Dorado anotó el primer tanto para los locales, a los 12 minutos, en medio de la euforia de los aficionados orientales. Pero los atacantes Carlos Peucelle –extécnico del Deportivo Saprissa, en 1957– y Guillermo Stábile, en una posición dudosa, le dieron la vuelta al marcador.

Todo cambió en la segunda parte, que fue un festival a favor de la Celeste. Alentados por el capitán José Nasazzi, los charrúas sacaron a relucir su garra y una jugada de Pedro Cea fijó el empate a dos tantos. Santos Iriarte los colocó de nuevo en ventaja por 3-2.

Y a escasos segundos de finalizar el juego, Héctor Manco Castro estableció de cabeza el definitivo gol de la victoria por 4-2. “Ellos nos ganaron por ser más guapos y más vivos. No por ser mejores  jugadores”, declaró el argentino Francisco Pancho Varallo después de perder la finalísima ante Uruguay.

La locura colectiva no dejó que hubiera descuento y el juez Langenus pitó el final. Los asistentes al estadio Centenario estallaron de alegría en su primera hora gloriosa. Fue a las 4:15 p. m., del miércoles 30 de julio de 1930, cuando el futbol tuvo a su primer campeón del mundo: Uruguay.

El público argentino acusó a los futbolistas charrúas de brutalidad y juego sucio. Tildó al árbitro belga de parcial por haber permitido excesos de los celestes. Se rompieron, entonces, las relaciones deportivas –y casi también las diplomáticas– entre ambos países, al punto que los dos mejores equipos del planeta no volvieron a cruzarse en un campo de juego hasta 1935.

La celebración.  Entre vencedores y vencidos, el presidente de la FIFA, Jules Rimet, entregó la dorada estatuilla a los monarcas. El victorioso defensor José Nasazzi, un amateur –el profesionalismo solo llegaría a Uruguay dos años después, en 1932–, fue el primer capitán que recibió el premio mundialista.

Años después, en su libro de memorias La maravillosa historia de la Copa del Mundo, Rimet escribió: “Nunca antes había presenciado escenas de pasión y entusiasmo como las que hubo al conquistar la victoria. Cuando se izó la bandera uruguaya, los jugadores del equipo campeón del mundo la contemplaron con lágrimas en los ojos. Y toda la nación parecía estar unida en el orgullo por aquel triunfo”.

Argentina había perdido de una manera inapelable, pero aceptó la derrota en forma deportiva. Aplaudieron a sus eternos rivales y los acompañaron en la vuelta olímpica. Ambos equipos fueron igualmente aclamados por los espectadores al abandonar el imponente estadio de Montevideo. 

Después de jugarse la final, sin que su integridad física peligrara en ningún momento, el árbitro belga John Langenus salió del escenario protegido por la policía y se hizo lleva al puerto para embarcar en el buque italiano Duilio de regreso a Europa.

Fue un éxito para Uruguay, que también sacó ganancias económicas, al contabilizar un superávit en los ingresos de 12.719 pesos. El Gobierno de Uruguay dispuso de tres días de fiesta nacional y toda actividad laboral quedó interrumpida. Los orientales celebraron casi sin descanso, durante 72 horas, la consagración de su escuadra porque, después de sus dos victorias olímpicas, no habría podido conmemorar mejor el centenario de la independencia que con el título mundial. Fue su tercera corona en una década.

La garra y la convicción de la mítica celeste perfilaron al primer monarca universal de la historia del futbol. Y, además, fue un éxito total para el balompié y para la idea de que se pusiera en marcha el Mundial cada cuatro años. 

SÍNTESIS DEL TORNEO

Campeón mundial: Uruguay.

Países miembros de la FIFA: 46.

Países en la eliminatoria: Ninguno; torneo por invitación.

Sede: Montevideo, Uruguay.

Países participantes: 13.

Partidos jugados: 18.

Jugadores participantes: 189.

Goles anotados: 70 (promedio: 3,89 por partido).

Primer gol de los Mundiales: Lucien Laurent (Francia) contra México.

Gol más rápido: 50 segundos, del rumano Adalbert Desu ante Perú.

Penales: Cuatro (uno anotado y tres errados).

Mejor ataque: Argentina (18 goles en 5 juegos; promedio: 3,6 por juego). Bélgica y Bolivia no anotaron goles.

Mejor defensa: Uruguay (3 goles en 4 juegos; promedio: 0,75 por juego).

Goleador del torneo: Guillermo Stábile, Argentina (8 tantos).

Total de espectadores: 434.500 (promedio: 24.139 por partido).

EQUIPO IDEAL DE 1930

Sistema de juego: 1-2-3-5.

Portero: Enrique Ballesteros (Uruguay).

Defensas: José Nasazzi (Uruguay) y Milutin Ivkovic (Yugoslavia).

Volantes: José Leandro Andrade (Uruguay), Luis Monti (Argentina) y Juan Evaristo (Argentina).

Delanteros: Héctor Scarone (Uruguay), Manuel Ferreira (Argentina), Guillermo Stábile (Argentina), Pedro Cea (Uruguay) y Victorino Santos Iriarte (Uruguay).

FINAL DE 1930

Uruguay 4-Argentina 2.

Fecha: 30 de julio de 1930.

Estadio: Centenario, de Montevideo, Uruguay.

Árbitros: John Langenus (Bélgica), asistido por Ulises Saucedo (Bolivia) y Henry Christophe (Bélgica).

Goles: Pablo Dorado, a los 12’; Pedro Cea, a los 57’; Victoriano Santos Iriarte, a los 68’; y Héctor Manco Castro, a los 89’ (Uruguay). Carlos Peucelle, a los 20’; y Guillermo Stábile, a los 37’ (Argentina).

Alineaciones:

Uruguay: Enrique Ballesteros; José Nasazzi (capitán) y Ernesto Mascheroni; José Leandro Andrade, Lorenzo Fernández y Álvaro Gestido; Pablo Dorado, Héctor Scarone, Héctor Manco Castro, Pedro Cea y Victoriano Santos Iriarte. Director técnico: Alberto E. Supicci.

Argentina: Juan Botasso; José Della Torre y Fernando Paternoster; Juan Evaristo, Luis Monti y Pedro Suárez; Carlos Peucelle, Francisco Varallo, Guillermo Stábile, Manuel Nolo Ferreira (capitán) y Mario Evaristo. Director técnico: Francisco Olazar.

Asistencia: 68.346 espectadores.

Campeón mundial: Uruguay.

NÓMINA DEL CAMPEÓN: URUGUAY

Porteros: Enrique Ballesteros (Rampla Junior) y Miguel Capuccini (Peñarol).

Defensas: José Leandro Andrade (Nacional), Juan Peregrino Anselmo (Peñarol), Ernesto Mascheroni (Olimpia M.), José Nasazzi (Bella Vista), Emilio Recoba (Nacional) y Domingo Tejera (Wanderer’s).

Volantes: Pedro Cea (Nacional), Lorenzo Fernández (Peñarol), Álvaro Gestido (Peñarol), Miguel Ángel Melogno (Bella Vista), Consuelo Piriz (Nacional) y Carlos Riolfo (Peñarol).

Delanteros: Juan Carlos Calvo (Misiones FC), Héctor Manco Castro (Nacional), Pablo Dorado (Bella Vista), Victorino Santos Iriarte (Racing M.), Pedro Petrone (Nacional), Zoilo Saldombide (Nacional), Héctor Scarone (Nacional) y Santos Urdinarán (Nacional).

Director técnico: Alberto E. Suppici.

POSICIONES FINALES: Uruguay 1930

Equipos J G E P GF GC DIF. PTS.

Uruguay 4 4 0 0 15 3 +12 8

Argentina 5 4 0 1 18 9 +9 8

Estados Unidos 3 2 0 1 7 6 +1 4

Yugoslavia 3 2 0 1 7 7 0 4

Chile 3 2 0 1 5 3 +2 4

Brasil 2 1 0 1 5 2 +3 2

Francia 3 1 0 2 4 3 +1 2

Rumanía 2 1 0 1 3 5 -2 2

Paraguay 2 1 0 1 1 3 -2 2

Perú 2 0 0 2 1 4 -3 0

Bélgica 2 0 0 2 0 4 -4 0

Bolivia 2 0 0 2 0 8 -8 0

México 3 0 0 3 4 13 -9 0

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