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Mundial Italia 1990: Alemania se titula tricampeón del mundo

Actualizado el 27 de junio de 2014 a las 02:27 pm

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Mundial Italia 1990: Alemania se titula tricampeón del mundo

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INTRODUCCIÓN

El título universal que se adjudicó Alemania Occidental en 1990 confirmó una estadística impresionante para esta potencia del fútbol. Entonces completó nueve semifinales y seis finales mundialistas. El cetro que peleó con Argentina mereció ganarlo más que ningún otro seleccionado; fue el gran favorito en un certamen de baja calidad, que decepcionó a todos. Aquí adjuntamos un vídeo de la final del 90 entre germanos y argentinos.

El título universal que se adjudicó Alemania Occidental en 1990 confirmó, entonces, una estadística impresionante para esta potencia del futbol. En ese momento completó nueve semifinales y seis finales de la Copa del Mundo.

Aquel 8 de junio del 90, en la final contra Argentina, mereció ganar el cetro más que ningún otro seleccionado. Los germanos fortalecieron sus pretensiones desde el principio del torneo, de manera ideal, y estos se hicieron sentir como el gran favorito dentro de un certamen de baja calidad, que decepcionó a todos.

Se trataba de la tercera final consecutiva de Alemania, que ganó 1-0 el decisivo duelo a los suramericanos y que le deparó la tercera conquista después de los éxitos en Suiza 1954 y en su país en 1974. El solo hecho de ostentar un historial tan glorioso hizo que se le considerara un digno campeón mundial.

Sin embargo, en los últimos juegos mostraron señales de declinación física. Su técnico, el Káiser, Franz Beckenbauer, tuvo el mérito de mantener la armonía de conjunto al rodearse de un equipo de primera categoría y al impulsar un futbol ofensivo y espectacular que marcó diferencia esa vez.

Un factor fundamental en este logro universal fue la regularidad y la disciplina de su gran líder en el mediocampo, Lothar Matthäus. Un obrero infatigable que condujo a Alemania a la victoria por su gran capacidad para el juego de ataque y siempre atento a cumplir las misiones especiales que Beckenbauer le puso.

El conjunto era una mezcla de valores, que se destacó por su perfecto sentido de equipo. El estratega Beckenbauer supo formar una unidad de jugadores dinámicos y técnicamente muy dotados.

Por una parte tenía a Lothar Matthäus, Andreas Brehme, Jürgen Klinsmann, Rudolf Rudi Völler y Guido Buchwald. Y por otro lado contó con Uwe Bein, Thomas Hässler y Pierre Littbarski. Todos ellos se agrupaban en un sistema variable de 3-5-2 (tres zagueros, cinco volantes y dos atacantes). 

Delante del líbero Klaus Augenthaler estaban apostados dos defensores que se encargaban de marcar, directamente, a los delanteros atacantes. Thomas Berthold compartía esa función en el centro con Guido Buchwald.

Luego, a partir de octavos de final, Jürgen Kohler superó la lesión que lo aquejó al inicio del certamen y asumió la labor de marcador central y Buchwald se adelantó esa vez a la línea de mediocampistas.

Andreas Brehme (3) ejecuta el penal con precisión. Sergio Goycochea no alcanza. Un penal dudoso, mal señalado por el juez azteca Edgardo Codesal, que hoy aún se discute. El título para Alemania Occidental, por tercera vez.
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Andreas Brehme (3) ejecuta el penal con precisión. Sergio Goycochea no alcanza. Un penal dudoso, mal señalado por el juez azteca Edgardo Codesal, que hoy aún se discute. El título para Alemania Occidental, por tercera vez. (Archivo LN)

Lo más notable de la escuadra germana fue el sentido colectivo de todos sus 22 integrantes. Una combinación perfecta de obreros y estrellas consagradas. Además, Beckenbauer dispuso de un increíble grupo de suplentes, lo cual hizo que la selección no evidenciara ninguna debilidad.

Alemania Occidental fue el mejor equipo en los siete partidos disputados. Nunca anduvo con mezquindades para buscar los resultados. Siempre fue al ataque, como lo demanda la tradición de los “grandes”, y asfixió a los rivales en el propio centro del campo con una disciplina admirable.

Los números hablan por sí solos del poderío de esta escuadra del Káiser Franz. Alemania marcó 15 goles y únicamente recibió cinco.

El primer encuentro contra Yugoslavia tuvo una importancia decisiva para su victoria en esta Copa Mundial. El 4-1 confirmó que el cuadro germano trabajó perfectamente en la fase preparatoria y había armonía en el conjunto.

Después de despachar a los yugoslavos, los alemanes apabullaron 5-1 a Emiratos Árabes Unidos y empataron 1-1 contra Colombia, en un choque de gran despliegue futbolístico dentro del grupo D.

En las otras fases, Alemania se impuso 2-1 a Holanda, en octavos de final; luego 1-0 frente a Checoslovaquia, en cuartos de final; y descalificó a Inglaterra 4-3 en los lanzamientos de penal, luego de igualar 1-1 en el tiempo reglamentario de 90 minutos y en los 30 adicionales del período extra.

En resumen, Alemania tuvo una trayectoria de más a menos hacia el podio universal, que le ayudó a sumar su tercera alegría mundialista en sus vitrinas. Los pupilos de Beckenbauer también manifestaron dificultades para ganar ante Holanda, Checoslovaquia e Inglaterra. Pero lograron superar todos los obstáculos gracias al espíritu optimista y emprendedor de sentirse ganadores.

SIN GRANDES ESPECTÁCULOS.

Italia 90 prometía ser el mejor Mundial de futbol y no lo fue. La Copa no dejó demasiados recuerdos deportivos en la memoria, salvo, por supuesto, la gran actuación que, para los ticos, representó la presencia de la Tricolor.

El balompié que se practicó en dicha competencia fue, en general, de escasísima calidad. Predominó el miedo al resultado, el temor a perder, en un certamen que, por primera vez en mucho tiempo, reuniría a todos los monarcas y subcampeones de la historia, con excepción de Hungría.

Además, Holanda, Brasil, Alemania Occidental e Italia, y grandes jugadores de como Ruud Gullit, Marco Van Basten, Gianluca Vialli, Roberto Baggio, Diego Maradona, Antonio Careca, Lothar Matthäus, Rubén Sosa, Enzo Francescoli y Emilio Butragueño, llegaron precedidos de una fama y cotización enormes.

Sin embargo, entre el vaticinio y la realidad, quedó una franja sin cubrir: no hubo equipos brillantes ni monstruos que recordar a través del tiempo. Además no se presentaron grandes espectáculos futbolísticos en el verano italiano. Se impuso el juego conservador y especulativo de la mayoría, y solo algunos países como Camerún y Colombia ofrecieron una imagen más valiente y ofensiva.

Con la excepción de Costa Rica, que llegó a octavos de final en su primera participación en la historia del torneo mundialista, la primera ronda no deparó grandes sorpresas a los especialistas del fútbol.

Al mando de Velibor Bora Milutinovic, Costa Rica causó una grata impresión en el grupo C. El arquero Luis Gabelo Conejo se arrodillaba en la cancha y rezaba antes de comenzar cada juego; allá realizó paradas decisivas para el equipo y la revista parisiense France Football lo eligió el mejor del torneo en su puesto.

La Sele obligó a las distintas poblaciones del país a salir a las calles a celebrar. Una alegría contagiante que se transformó luego en locura colectiva cuando el grupo se consagró al clasificar a la segunda fase. Algo impensado. Nunca antes visto. Se le ganó a Suecia, 2-1, el 20 de junio del 90, en una proeza que apareció con letras doradas en los titulares de todos los diarios del planeta.

Este bloque, en Génova y Turín, lo ganó por Brasil, que doblegó a sus rivales sin convencer: 2-1 a Suecia y 1-0 a Costa Rica y Escocia. Los vikingos eran la gran revelación europea del momento, pero fracasaron en forma estruendosa.

Ya en octavos de final, Costa Rica no pudo con la poderosa Checoslovaquia al sufrir la ausencia de dos de sus figuras estelares: el arquero Luis Gabelo Conejo y el volante de contención Roger Gómez, el primero lesionado y el segundo sancionado…

Los checos acabaron con el sueño tico y golearon 1-4, con tres conquistas de cabeza del “gigante de Praga”, Tomas Skuhravy. Un buen partido el 23 de junio del 90, en Bari, donde los ticos se despidieron con la frente muy en alto.

En otras series de octavos de final, la Camerún de Roger Millá doblegó a Colombia, 2-1, mientras que Argentina sacó a Brasil, 1-0; Italia a Uruguay, 2-0; Yugoslavia a España, 2-1; Inglaterra a Bélgica, 1-0, mientras que Irlanda superó, 5-4, en penales a Rumanía, luego de igualar 0-0 en el tiempo regular.

En cuartos de final, la Squadra Azzurra siguió su buena labor con Irlanda, al que le ganó 1-0; lo mismo hizo Alemania Occidental con Checoslovaquia, por 1-0; Inglaterra remontó a Camerún, 3-2; y Argentina superó en penales a Yugoslavia, 3-2, luego de igualar 0-0. Y en semifinales hubo dos empates 1-1 entre Italia-Argentina y Alemania e Inglaterra, pero los argentinos y los teutones sacaron las series en los penales, por 4-3, y se convirtieron en finalistas; al menos, los italianos tuvieron su premio de consolación, el tercer lugar, al ganar 2-1 a los ingleses.

UN TÍTULO DESLUCIDO PARA ALEMANIA.

La final de Italia 90 pasó a la historia por ser, de lejos, la peor de todos los tiempos, en el completamente abarrotado estadio Olímpico de Roma, Italia.

El favorito, Alemania Occidental, disputaba su tercera final consecutiva. Había perdido las dos anteriores, contra Italia (1-3 en 1982) y Argentina (2-3 en 1986), pero en la tercera fue la vencida y largó el festejo.

El equipo del Káiser, Franz Beckenbauer, tomó venganza del soso pero oportuno equipo argentino, por 1-0, y en un deslucido encuentro conquistó su tercer título universal, que se unió a los lauros conseguidos en 1954 y 1974.

Los germanos habían sido el mejor conjunto del Campeonato Mundial de futbol, merecedor del trofeo por su positiva faceta de ir siempre al frente, en busca del resultado, con sus panzers Rudolf Rudi Völler y Jürgen Klinsmann.

El momento cumbre del Mundial Italia 1990. El capitán alemán, Lothar Matthäus, recibe emocionado la Copa FIFA. Alemania Occidental era, entonces, el nuevo rey del futbol y tricampeón del mundo.
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El momento cumbre del Mundial Italia 1990. El capitán alemán, Lothar Matthäus, recibe emocionado la Copa FIFA. Alemania Occidental era, entonces, el nuevo rey del futbol y tricampeón del mundo. (AFP)

El encuentro fue, en síntesis, una sucia y desigual batalla entre dos oponentes disímiles... Una Alemania que quería ganar y no encontró argumentos sólidos para hacerlo, y una Argentina que deseaba triunfar, pero que a duras penas le quedaron jugadores disponibles, entre sus lesionados y suspendidos.

Flojo en el ataque, la Albiceleste nunca puso en real peligro al portero alemán Bodo Illgner. Su digna resistencia llegó hasta el epílogo del encuentro nocturno.

El duelo lo resolvió un aislado gol de Alemania, que demoró en llegar. Sus ataques fueron repetitivos. Argentina, con mucha táctica y algo de rudeza –Pedro Monzón y Gustavo Dezotti fueron merecidamente expulsados–, desesperó a los europeos.

Al final, un discutido y drástico penal sancionado por el juez Edgardo Codesal (uruguayo, naturalizado mexicano) acabó con la mediocre intención argentina, que consistía en ganar la Copa en los lanzamientos de penal, como lo había hecho al descalificar por esa vía a Yugoslavia e Italia.

El defensor argentino Néstor Sensini, a cinco minutos del final, llegó primero a un balón y el atacante germano Rudi Völler se tropezó con su pie. El penal lo cobró de manera impecable Andreas Brehme, pese a la estirada del ágil Sergio Goycochea, el experto parador de penales, quien con “manos de oro” había salvado a su país de ser eliminado por Yugoslavia e Italia. El 1-0 definitivo.

La premiación oficial de la FIFA fue una vergüenza. El público silbó a Diego Maradona, como una especie de venganza por el hecho de que Italia no estuviera allí, en la gran final. Mientras el germano Lothar Matthäus levantaba el trofeo ganado sin mucha gloria, Maradona lloraba de impotencia…

Era el mismo Diego que cuatro años antes, en México 86, le había demostrado al mundo que era el mejor futbolista y que en este Mundial 90 se había dado el lujo de eliminar a Brasil en Turín y a Italia en Nápoles. Era el mismo Maradona que había llenado de fútbol y goles a toda Italia, con la camiseta del Nápoli.

Por su parte, Franz Beckenbauer, el líder y capitán en el Mundial 1974, obtenía de nuevo el cetro universal, pero en esta oportunidad como director técnico después de seis años al frente del seleccionado de Alemania.

Fue, en síntesis, un campeonato sin mucho vuelo, con el promedio de gol más bajo en la historia (2,21 tantos por juego), que dejó una evidente sensación para los registros eternos: un fútbol inferior al que todos esperaban.

Un final triste, apenas digno de un Mundial tan decepcionante como resultó ser Italia 1990, que no pasará a la historia por su calidad y menos por su brillo. 

SÍNTESIS DEL TORNEO.

Campeón mundial: Alemania Occidental.

Subcampeón mundial: Argentina.

Países miembros de la FIFA: 166.

Países en la eliminatoria: 116.

Sedes: Roma, Milán, Bari, Bolonia, Florencia, Turín, Génova, Cagliari, Verona, Palermo, Nápoles y Udine, en Italia.

Participantes: 24.

Partidos jugados: 52.

Goles anotados: 115 (promedio: 2,21 tantos por partido).

Mejor ataque: Alemania, con 15 goles.

Goleador: Salvatore Totó Schillaci (Italia), con 6 tantos.

Total de espectadores: 2.517.348 (promedio: 48.411 por partido).

EQUIPO IDEAL DE 1990.

Formación: 1-4-3-3.

Portero: Sergio Goycochea (Argentina).

Defensas: Giuseppe Bergomi (Italia), Mark Wright (Inglaterra), Franco Baresi (Italia) y Andreas Brehme (Alemania Occidental).

Volantes: Dragan Stojkovic (Yugoslavia), Lothar Matthäus (Alemania Occidental) y Diego Armando Maradona (Argentina).

Delanteros: Salvatore Totó Schillacci (Italia), Jürgen Klinsmann (Alemania Occidental) y Roger Millá (Camerún).

FINAL DE 1990.

Resultado: Alemania Occidental 1-Argentina 0.

Fecha: Domingo 8 de julio de 1990.

Estadio: Olímpico, de Roma (Italia).

Árbitros: Edgardo Enrique Codesal (México), con Armando Pérez Hoyos (Colombia) y Michal Listkiewicz (Polonia).

Gol: Andreas Brehme (Alemania Occidental), de penal, a los 85’.

Alineaciones:

Alemania Occidental: Bodo Illgner; Thomas Berthold (Stefan Reuter, a los 73’), Guido Buchwald, Klaus Augenthaler, Jürgen Köhler y Andreas Brehme; Thomas Hässler, Lothar Matthäus (capitán) y Pierre Littbarski; Rudolf Rudi Völler y Jürgen Klinsmann. Director técnico: Franz Beckenbauer.

Argentina: Sergio Goycochea; Juan Ernesto Simón, Óscar Ruggeri (Pedro Monzón, a los 46’), José Serrizuela y Néstor Sensini; Pedro Troglio, José Horacio Basualdo, Jorge Luis Burruchaga (Gabriel Calderón, a los 53’) y Néstor Lorenzo; Gustavo Dezotti y Diego Armando Maradona (capitán). Director técnico: Carlos Salvador Bilardo.

Expulsados: Pedro Monzón (Argentina), a los 65’, por falta violenta; y Gustavo Dezotti (Argentina), a los 87’, por forcejear con un contrario.

Asistencia: 73.603 espectadores.

Campeón mundial: Alemania Occidental.

NÓMINA DEL CAMPEÓN: ALEMANIA OCCIDENTAL.

Porteros: Bodo Illgner (FC Colonia), Raimond Aumann (Bayern Múnich) y Andreas Köpke (FC Nürenberg).

Defensas: Stefan Reuter (Bayern Múnich), Andreas Brehme (Inter de Milán), Jürgen Kohler (Bayern Múnich), Klaus Augenthaler (Bayern Múnich), Guido Buchwald (VfB Stuttgart), Thomas Berthold (A. S. Roma), Paul Steiner (FC Colonia) y Hans Pflügler (Bayern Múnich).

Volantes: Thomas Hässler (FC Colonia), Lothar Matthäus (Inter de Milán), Pierre Littbarski (FC Colonia), Uwe Bein (Eintracht  Fráncfort), Andreas Möller (Borussia Dortmund), Olaf Thon (Bayern Múnich) y Günter Hermann )Werder Bremen).

Delanteros: Rudolf Rudi Völler (A. S. Roma), Jürgen Klinsmann (Inter de Milán), Frank Mill (Borussia Dortmund) y Karl Heinz Riedle (Werder Bremen).

Director técnico: Franz Beckenbauer.

POSICIONES FINALES: ITALIA 1990.

Equipos J G E P GF GC DIF. PTS.

Alemania Occidental7520155+1012

Argentina723254+17

Italia7610102+813

Inglaterra733186+29

Yugoslavia531186+27

Checoslovaquia5302105+56

Camerún530279-26

República de Irlanda504123-14

Brasil430142+26

España421164+25

Bélgica420264+24

Rumanía412143+14

Costa Rica420246-24

Colombia41124403

Holanda403134-13

Uruguay411225-33

Unión Soviética31024402

Austria310223-12

Escocia310223-12

Egipto302112-12

Suecia300336-30

Corea del Sur300316-50

Estados Unidos300328-60

Emiratos Árabes Unidos3003211-90

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