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Mundial Brasil 1950: El ‘Maracanazo’, la epopeya uruguaya

Actualizado el 29 de abril de 2014 a las 05:12 pm

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Mundial Brasil 1950: El ‘Maracanazo’, la epopeya uruguaya

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INTRODUCCIÓN

Cuarta entrega de la serie “Los Mundiales de Fútbol”.  La victoria de Uruguay en el Mundial de Brasil 1950 constituyó una gran sorpresa, sobre todo para los organizadores, que confiaban en que su selección se proclamaría campeona por primera vez, en el carnaval más sonado de la historia, pero más bien fue una tarde triste y de duelo. Los grandes culpables fueron los inolvidables héroes charrúas del “Maracanazo”. Aquí se adjunta un video de cinco minutos y 25 segundos del juego Brasil-Uruguay en 1950.

Todo parecía programado para que Brasil pudiera ganar el Campeonato Mundial de Futbol en 1950, porque además de poseer un equipo brillante que había ganado la Copa América de 1949 sin perder un solo encuentro, había hecho todo lo necesario para organizar una inolvidable y exitosa competencia.

El gol conseguido por Juan Alberto Schiaffino (izquierda) fue el primero de Uruguay, que en 1950 igualó el partido 1-1 contra Brasil y enmudeció a los asistentes en el estadio Maracaná.
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El gol conseguido por Juan Alberto Schiaffino (izquierda) fue el primero de Uruguay, que en 1950 igualó el partido 1-1 contra Brasil y enmudeció a los asistentes en el estadio Maracaná. (Archivo LN)

La historia se remonta primero al Congreso de la Federación Internacional de Futbol Asociado (FIFA) celebrado en junio de 1938, en París, Francia. Esa vez se decidió posponer la elección del país organizador del cuarto Mundial en 1942, debido a la creciente tensión política internacional que aconsejó a los dirigentes no analizar las candidaturas oficiales de Alemania, Argentina y Brasil.

Por la Segunda Guerra Mundial (1939 a 1945), no se disputaron las copas de 1942 y 1946. El trofeo de oro estuvo en custodio de la Federación Italiana, por su triunfo en 1938; primero intacta en un cofre de un banco de Roma y luego en la caja de zapatos de un dirigente, Ottorino Barassi, quien la escondió debajo de la cama para evitar que cayera en manos del ejército de ocupación.

En la posguerra, el gran perdedor del conflicto bélico, Alemania, no tenía un territorio propicio para celebrar el Mundial. La candidatura argentina se frenó.

Brasil obtuvo la sede y la organización de la competencia, en el Congreso de la FIFA del 1º de julio de 1946, en Luxemburgo. Allí se acordó la reanudación de los torneos mundiales, a partir de 1950, y ponerle a la copa el nombre de Jules Rimet, en honor al famoso dirigente francés que impulsó los Mundiales.

Pero ahí no quedó todo. Desde 1948, la voluntad de los organizadores era edificar en Río de Janeiro el mayor de los templos del futbol. Para ello se hizo una alta inversión económica e iniciaron la construcción de una gigantesca mole circular, con espacio para 180.000 espectadores y en el barrio Maracaná, para "escenificar" allí la consagración de su futbol.

"La octava maravilla del mundo" o "el altar del triunfo de los dioses del fútbol", como exageradamente lo bautizaron periodistas de Río, quedó listo un mes antes del Mundial, tras 22 meses de ardua labor, en la que participaron 2.000 obreros que trabajaron día y noche. EL CERTAMENLa primera gran noticia de la fase eliminatoria, desarrollada en plena Guerra Fría, fue la inclusión de los países de las federaciones británicas, Escocia e Inglaterra, que estaban ausentes de las actividades de la FIFA desde 1929.

Lo contrario se dio con los equipos de Europa del Este, el bloque socialista, con la Unión Soviética, Polonia, Checoslovaquia, Rumanía y Hungría, que casi no se extrañó su ausencia en la fase previa por razones políticas. Austria, que no se reponía aún del yugo nazi, tampoco asistió y entregó la invitación a Turquía.

Mientras Alemania fue desafiliada por razones ajenas al deporte, otros como Argentina, Perú, Ecuador, Bélgica, Bulgaria, Filipinas, Escocia, Francia, Portugal, Turquía, Birmania e India dijeron finalmente no, por motivos políticos, económicos o porque renunciaron una vez jugada la eliminatoria.

Mientras Uruguay reaparecía desde 1930, Italia cumplió con el reto de ir a defender los títulos de 1934 y 1938, pero lo hizo debilitado por lo que las expectativas que tenían sus tifosi (aficionados) de quedarse para siempre con la copa -sería conservada por primer tricampeón- se diluyeron.

En 1948, su futbol había sido víctima de la tragedia aérea de Superga, Turín. El avión Fiat donde viajaba el Torino -base del cuadro azzurro, amparada en el talento de Valentino Mazzola- chocó con la torre de una iglesia cuando volvía de Lisboa, Portugal, y, como consecuencia, murieron sus 31 tripulantes.

Brasil mostraba el júbilo de ser el organizador. Lo contrario al ambiente en la devastada Europa, que empezaba a curarse del Holocausto cuando trasladó la tristeza y la desolación de los campos de batalla a las canchas de futbol, pese a que Londres, Inglaterra, fue sede de los Juegos Olímpicos de 1948.

A la sede del Mundial brasileño solo llegaron 13 seleccionados, divididos de manera irregular: dos sectores de cuatro equipos, uno de tres y otro de solo dos. No habría cuartos de final ni semifinales, pero sí una fase o cuadrangular final, que sería exclusiva únicamente para los líderes de cada bloque.

Se presentó otra novedad en la Copa. Contrario a lo que hubo en 1930, 1934 y 1938, Brasil 1950 incorporó por primera vez el estreno de las camisetas numeradas en todas los 13 equipos participantes.

Brasil estuvo enclavado en el grupo A y dominó la serie ante México, Suiza y Yugoslavia. España se impuso en el B, donde ni Inglaterra, Chile y Estados Unidos tuvieron la capacidad para pelearle la clasificación al anfitrión.

Por primera vez, Inglaterra asistió y produjo una de las grandes sorpresas de la historia del futbol universal: cayó 1-0 ante Estados Unidos, con un gol de Joe Larry Gaetjens, nacido en Nueva York, con ascendencia haitiana.

Y por igual marcador, los británicos perdieron ante España, con un tanto de Telmo Zarra. Así, los inventores del futbol moderno, en un fracaso estrepitoso, quedaron descalificados en las primeras de tandeo de la competencia.

El bloque C resultó más interesante. El monarca mundial Italia ante el rey olímpico, Suecia, escoltados por Paraguay. Los vikingos marcaron el derrotero al doblegar 3-2 a la Squadra Azzurra.

La suerte en el grupo D comenzó a obrar a favor de Uruguay, al facilitarle el camino de la primera ronda y cruzarle con la débil Bolivia, su único obstáculo. El solitario enfrentamiento arrojó el resultado más escandaloso del torneo: 8-0.

A medida que pasaban los partidos de la ronda decisiva, nadie dudaba de que Brasil sería el campeón mundial en 1950. Se pronosticaba una tarde placentera para Brasil y aciaga para Uruguay. Sin embargo, el día del último partido, todo fue distinto con la Celeste... ASI FUE EL 'MARACANAZO'“La epopeya celeste, leyenda épica en los Mundiales, enmudeció a 200.000 gargantas brasileñas, en 1950. Ahí estaba el silencio. Eso era el silencio. Doscientas mil almas reunidas y apenas si se sentía el silbido del viento. Y eran 200.000 almas brasileñas. De esas almas tan sensibles, que con cualquier excusa arman un carnaval”.

“Si hasta hace un minuto cantaban... Si hasta hace un minuto eran campeones mundiales de futbol... Pero hace un minuto que están en un silencio imponente. Y parece un siglo”, era la descripción de los cronistas presentes en el juego clave de la fase final por el cetro de la Copa Mundial de futbol.

Los protagonistas eran Brasil y Uruguay, y la sede el majestuoso estadio Maracaná, en Río de Janeiro, Brasil, el 16 de julio de 1950. Y todo parecía programado pues Brasil, además de poseer un equipo brillante, había hecho lo necesario para ganar el Campeonato... Le bastaba un empate para coronarse campeón.

Los auriverdes llegaron a la finalísima con un punto de ventaja en la ronda final del torneo (cuatro unidades sobre tres) y el aliento incondicional de 200.000 aficionados (20.000 más de lo permitido).

Todo estaba a favor de Brasil. Nadie dudaba de quién sería el título. Nadie, salvo 11 valientes uruguayos, que se habían juramentado: "Cumplidos, solo si ganamos...".

“Llegamos al Maracaná tres horas antes y nos aguantamos todos los gritos, las bombas y los silbatos de los brasileños. Pero fuimos antes porque teníamos hasta miedo de llegar tarde al partido y perder los puntos, por el tránsito y los festejos que había en la cancha. Cuando salimos, la cancha era imponente. Pero no nos aflojó, al contrario, el marco nos unió más. Además, íntimamente, habíamos hecho nuestro un axioma viejo como el futbol: 'hay que respetar a todos los rivales, pero no temerle a ninguno'...”, , revivió el arquero Roque Gastón Máspoli en El Gráfico y el Mundial (1977).

El atacante Albino Cardoso, Friaça, puso a Brasil en ventaja los 47 minutos. Delirio en todo el país. Grito ensordecedor en las tribunas. Todo el mundo esperaba que trituraran a los celestes...

“Cuando comenzó el partido, ellos (los brasileños) comenzaron a jugar muy fuerte, aunque se equivocaron. Buscaron las piernas a Ghiggia y a Julio Pérez. Dos jugadores fríos, imperturbables, que ni mosquearon por la rudeza de los brasileños. Cobraban y seguían corriendo. Ni un gesto, ahí creo que comenzaron a perder. Ellos se pusieron 1-0 y el marco fue infernal. Desde atrás del arco escuchaba todo, pero estaba muy tranquilo”, detalló Máspoli.

Pero por una defensiva local titubeante, Juan Alberto Schiaffino empalma un remate, ante centro retrasado de Ghiggia, e iguala para Uruguay a los 66', cuando quedaban 23 minutos por jugarse.

“Vi que Ghiggia había recibido de Obdulio Varela en su sector y enfilé para el borde del área grande. Me fui cerrando. Cortando campo en diagonal, aparecí cerca de la línea del área chica en posición de interior derecho. Ghiggia me hizo el pase justo y como venía, de perfil al arco, la empalmé de lleno con el empeine derecho. Cuando Barbosa se tiró la pelota ya había entrado cerca del primer palo y vi que la red se inflaba allá arriba”, recordó Schiaffino en la revista especial Los Maravillosos Mundial de Futbol, producida por El Gráfico, de Argentina, en abril de 1986.

El 1-1 se hacía grande en la pizarra. Se acercaba el final. Con el empate, Brasil igual se clasificaba monarca, aunque la gente súbitamente perdía alegría, como si presintiera lo que iba a ocurrir.

Alcides Ghiggia (izq.) ingresa en la historia del futbol. Es el festejo de su gol para que Uruguay ganara el título de 1950. Moacir Barbosa luce vencido. Una honda puñalada en el corazón de Brasil.
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Alcides Ghiggia (izq.) ingresa en la historia del futbol. Es el festejo de su gol para que Uruguay ganara el título de 1950. Moacir Barbosa luce vencido. Una honda puñalada en el corazón de Brasil. (Archivo LN)

Quedaban 11 minutos. El entreala uruguayo, Julio Pérez, tomó la pelota a la altura de la línea media de Brasil y, en jugada de pared, se la entregó corta a Alcides Ghiggia. El puntero entró en diagonal... “Yo veía que me acercaba a los palos blancos y corría, corría... derecho al arco, pero con poco ángulo”, revivió el autor en 1977.

Schiaffino entraba por el medio, como en el gol del empate, pero esta vez Ghiggia prefiere cambiar: un amague, el arquero local Barbosa se abre para tapar el centro y deja justo un hueco, entre su cuerpo y el poste izquierdo...

“Tiré con efecto. Barbosa la alcanzó a arañar. Pero no la contuvo. Me di vuelta gritando el gol y los muchachos casi me matan con los abrazos... Era una cosa extraña: solo el grito de nosotros se escuchaba, once celestes festejando ante 200.000 brasileños que no lo podían creer. ¡Eramos los campeones...!”, describió Ghiggia.

LLANTO EN EL MARACANÁ

Un silencio helado cubrió el Maracaná, cuando se escuchó el pitazo final del inglés George Reader. Uruguay 2, Brasil 1. Hubo estupor en un pueblo que tiene como religión el futbol. Lágrimas en miles de ojos, ataques de histeria y hasta suicidios, como el de un sargento de las Fuerzas Armadas brasileñas, que dijo: “Brasil murió”.

La derrota dio lugar al caos en Brasil y a la felicidad de su oponente. Uruguay retornó a la Copa Mundial tras una ausencia desde 1930 y refrendó su supremacía mundial, con un futbol de garra y coraje, basado en el temperamento, la simpleza y la versatilidad. Y el silencio desplazó al carnaval. Todo por culpa de Ghiggia.

Cuando Jules Rimet, presidente de la FIFA, asomó por el túnel del estadio Maracaná, la multitud abandonaba las graderías en silencio. Once hombres de celeste se abrazaban. Rimet solo atinó a entregar el trofeo al capitán Obdulio Varela, de acuerdo con el relato que hizo el veterano dirigente al escribir sus memorias.

“Cuando bajé del palco oficial, el juego estaba empatado. Cinco minutos más tarde, a la salida del túnel, un silencio sepulcral reemplazó al tumulto. No hubo himno ni discurso oficial. Me encontré solo, empujado por todas partes hasta que, con el trofeo en la mano, casi a escondidas, pude entregarlo al capitán uruguayo, estrechándole la mano sin poder decirle una sola palabra”.

El doloroso drama brasileño fue descrito así por Mario Filho, famoso comentarista deportivo de Brasil: “Parecía que la multitud de 220.000 personas no se movía. Estaba paralizada, transformada en piedra. Pero los que podían llorar, sollozaban; los que podían andar, huían del Maracaná. Cuando yo iba saliendo, vi un muchacho rodar y caer de cara al piso, como muerto. Nadie lo socorrió...”.

“El estadio se vació y aquellos rostros permanecían inmóviles, como si el tiempo se hubiese detenido, como si el mundo se hubiese acabado. No se oía una bocina de los autos que regresaban. La ciudad cerró las ventanas, se sumergió en el luto. Era como si cada brasileño hubiera perdido al ser más querido. Peor que eso, como si cada brasileño hubiera perdido el honor y la dignidad. Por eso muchos juraron aquel 16 de julio de 1950 no volver nunca a una cancha de futbol. Pocos se dieron cuenta de que, en aquel desafío, germinaba una generación de campeones del mundo”.

Desde entonces, el Maracanazo ha sido el partido más famoso de la historia. A casi nadie le importó que, por culpa del juego, hayan sido condenados al ostracismo jugadores como el portero Moacir Barbosa tras haber sido uno de sus ídolos. Por encima de todo, está el ejemplo de entereza y garra que Uruguay dio aquella vez.

Fue otra época, fueron otros jugadores... Desde aquella tarde de gloria infinita, la camiseta celeste de la selección uruguaya es sinónimo de victoria imposible y de hazaña insospechable. Triunfos que casi nunca llegan, para un futbol uruguayo que ha acumulado más fracasos que satisfacciones desde entonces.SÍNTESIS DEL TORNEO

Campeón mundial: Uruguay.

Países miembros de la FIFA: 70.

Países en la eliminatoria: 33.

Participantes: 13.

Partidos jugados: 22.

Goles anotados: 88.

Mejor ataque: Brasil, con 22 goles.

Mejor defensa: Inglaterra, con 2 goles.

Goleador del torneo: Ademir, Brasil (9 tantos).

Total de espectadores: 1.337.000.EQUIPO IDEAL DE 1950Formación: 1-3-2-5.

Portero: Antonio Ramallets (España).

Defensas: Matías González (Uruguay), Eusebio Tejera (Uruguay) y José C. Bauer (Brasil).

Volantes: Obdulio Varela (Uruguay) y Antonio Puchades (España).

Delanteros: Alcides Ghiggia (Uruguay), Zizinho (Brasil), Ademir de Menezes (Brasil), Juan Schiaffino (Uruguay) y Lennart Skoglund (Suecia).JUEGO DECISIVO DE 1950Brasil 1-Uruguay 2.

Fecha: 16 de julio de 1950.

Motivo: Juego decisivo de la ronda final del Mundial en Brasil.

Estadio: Municipal Maracaná, de Río de Janeiro (Brasil).

Árbitros: George Reader (Inglaterra), asistido por Arthur Edward Ellis (Inglaterra) y George M. Mitchell (Escocia).

Goles: Friaça, a los 47’ (Brasil). Juan Schiaffino, a los 66’; y Alcides Ghiggia, a los 79’ (Uruguay).

Asistencia: 199.854 espectadores.

Alineaciones:

Brasil: Moacir Barbosa; Augusto Da Costa (capitán) y Amanso Juvenal; José Carlos Bauer, Danilo Alvim y Joao Ferreira Bigode; Albino Cardoso Friaça, Tomas Soares Da Silva Zizinho, Ademir Marques de Menezes, Jair Rosa Pinto y Francisco Aramburu Chico. Director técnico: Flavio Costa.

Uruguay: Roque Gastón Máspoli; Matías González y Eusebio Tejera; Schubert Gambetta, Obdulio Jacinto Varela (capitán) y Víctor Rodríguez Andrade; Alcides Edgardo Ghiggia, Julio Pérez, Omar Óscar Míguez, Juan Alberto Schiaffino y Rubén Morán. Director técnico: Juan López.

Detalle: No hubo una final. El campeón fue definido en una ronda decisiva, con los cuatro ganadores de los grupos de la primera fase. El último duelo tuvo, a pesar de todo, el carácter de una final.

Campeón mundial: Uruguay.NÓMINA DEL CAMPEÓN: URUGUAYPorteros: Roque Gastón Máspoli (Peñarol) y Aníbal Paz (Nacional).

Defensas: Matías González (Cerro), William Martínez (Rampla Júnior), Eusebio Tejera (Nacional), Obdulio Jacinto Varela (Peñarol) y Héctor Vilches (Cerro).

Volantes: Víctor Rodríguez Andrade (Central Español), Schubert Gambetta (Nacional), Juan Carlos González (Peñarol), Washington Ortuño (Peñarol) y Rodolfo Pirri (Nacional).

Delanteros: Julio César Britos (Peñarol), Juan Burgueño (Danubio), Alcides Edgardo Ghiggia (Peñarol), Omar Óscar Míguez (Peñarol), Rubén Morán (Cerro), Julio Pérez (Nacional), Luis Alberto Rijo (Central Español), Carlos Romero (Danubio), Juan Alberto Schiaffino (Peñarol) y Ernesto José Vidal (Peñarol).

Director técnico: Juan López.    POSICIONES FINALES: BRASIL 1950Equipos        J    G    E    P    GF    GC    DIF.    PTS.Uruguay        4    3    0    1    15    5    +10    7Brasil             6    4    1    1    22    6    +16    9Suecia        5    2    1    1    11    15    -4    5España        6    3    1    2    10    12    -2    7Yugoslavia        3    2    0    1    7    3    +4    4Suiza            3    1    1    1    4    6    -2    3Italia            2    1    0    1    4    3    +1    2Inglaterra        3    1    0    2    2    2    0    2    Chile            3    1    0    2    5    6    -1    2Estados Unidos    3    1    0    2    4    8    -4    2Paraguay        2    0    1    1    2    4    -2    1Bolivia            1    0    0    1    0    8    -8    0México        3    0    0    3    2    10    -8    0

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