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Mundial Argentina 1978: La gesta de la Albiceleste

Actualizado el 11 de junio de 2014 a las 09:11 am

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INTRODUCCIÓN

La Selección de Argentina se consagró campeona mundial en 1978, como el país organizador, porque priorizó siempre el futbol de ataque sobre las especulaciones que generaba el resultado, respaldado por un público entusiasta y fervoroso. Se le adjunta un vídeo de ESPN sobre la final entre argentinos y holandeses, que dura más de nueve minutos.

Argentina debió ser la sede del Mundial de 1938, pero la FIFA se lo concedió esa vez a Francia y esto molestó a los suramericanos, que organizaron un boicot apoyado por varios países latinoamericanos.

Así que, después de haberlo solicitado a la FIFA en varias ocasiones, tuvo que esperar un largo tiempo, un total de 40 años, para celebrar la Copa del Mundo en su país. Fueron cuatro décadas en las que Argentina creyó tener el mejor futbol del mundo y luego el peor después del desastre en la edición de Suecia 1958.

Por lo tanto, se llegó a afirmar que en 1978 se demostraría de una vez por todas si Argentina tenía el derecho a aspirar a un lugar entre los grandes o su futbol estaba condenado para siempre a fracasar, al menos a nivel de selecciones nacionales.

Si a nivel futbolístico lo de Argentina seducía, no ocurría lo mismo con la política del país. El 24 de marzo de 1976, con llegada al poder del general Jorge Rafael Videla en el golpe de estado más trágico en la historia del país, se implantó un régimen militar de terror y en muchas naciones europeas surgieron muchas campañas y movimientos que se multiplicaron en todo el mundo para pedir el boicot a la Copa como protesta contra las desapariciones masivas.

Con el fervor y el colorido en las tribunas del Monumental de Buenos Aires, Mario Kempes (en el suelo) recibió de Luque (centro) y con coraje bate al arquero Jan Jongbloed ante el cierre tardío de “Arie” Haan. La ilusión crecía con el primer gol argentino, en la final de 1978.
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Con el fervor y el colorido en las tribunas del Monumental de Buenos Aires, Mario Kempes (en el suelo) recibió de Luque (centro) y con coraje bate al arquero Jan Jongbloed ante el cierre tardío de “Arie” Haan. La ilusión crecía con el primer gol argentino, en la final de 1978. (Archivo LN)

Argentina era el centro de la actualidad mundial y Videla era acusado de ejecutar sumariamente a sus opositores, de practicar la tortura y de violar los derechos humanos en forma sistemática.

En algún momento se puso en peligro la organización del certamen. Pero ganó el futbol y el llamado “espíritu deportivo” se impuso sobre las “nocivas influencias de la política en el deporte”.

Los aficionados de todos los países antepusieron los intereses deportivos a los políticos y lograron que el pretendido boicot no llegara a efectuarse.

A pesar de que varias naciones mantenían la amenaza latente de boicotear la competencia, el 1° de junio de 1978 arribaron a Buenos Aires, Argentina, todos los equipos clasificados. Los de Europa eran mayoría con diez selecciones, mientras que solo asistente cuatro de Suramérica. Los conjuntos de Irán, por Asia, y Túnez, por África, participan por primera vez en una fase final mundialista.

Algunos “grandes” del futbol no consiguieron franquear el obstáculo de los grupos eliminatorios. Tal fueron los casos de Inglaterra, Bélgica y la Unión Soviética en Europa, y de Uruguay, que solo debía atravesar el Río de la Plata para ir al Mundial de su vecino.

La organización argentina fue una de las mejores de la historia. En un tiempo de unos tres años, el Ente Autárquico del Mundial, entidad encargada de organizar el evento, remodeló los estadios de River Plate y Vélez Sarfield en Buenos Aires, el estadio de Arroyito (desde entonces “Gigante de Arroyito”) en Rosario, y construyó nuevos escenarios en Mar del Plata, Córdoba y Mendoza.

Inicialmente, la FIFA reportó que se inscribieron 106 naciones en las eliminatorias, de las cuales nueve se retiraron después y una, Corea del Norte, fue expulsada del organismo en ese tiempo.

Dieciséis equipos distribuidos en cuatro grupos comenzaron la disputa de la undécima edición del Mundial en medio del invierno austral. Sólo el calor del público hizo posible olvidar el frío y la lluvia, uno de los símbolos de aquel Mundial presidido por la gabardina de un dictador que en vano intentaba hacerse pasar por un civil.

TORNEO ENTRE INTERROGANTES.

¿Fue legítimo o no el triunfo de Argentina? Todavía hoy en día esto se pone en duda. Se acusa al equipo local de haber comprado a Perú para permitirle una goleada histórica por 6-0, que le permitió llegar a la final por mejor diferencia de goles que Brasil.

Sin embargo, a estos argumentos se oponen otros de igual o  mayor peso. Si el Mundial de 1978 estaba arreglado, ¿por qué tuvo Argentina que enfrentar en la primera fase a tres peligrosos equipos europeos y no, como suele ocurrirle al país sede, uno de Asia o la  Concacaf y dos débiles de Europa?

¿No perdió acaso Argentina con Italia, por 1-0 el día que el árbitro israelí Abraham Klein no pitó un penal claro contra el volante de contención argentino, Américo Gallego?  Lo que sí es cierto es que Argentina, más allá de las fallas que mostró en muchos partidos, más allá del nerviosismo de varios de sus jugadores, fue el único equipo que mostró convicción en los momentos claves del torneo.

No ocurrió lo mismo con Holanda y Brasil, que levantaron su nivel a partir de la segunda ronda, y mucho menos con Italia y Alemania Occidental. No fue el mejor Mundial de la historia, no dejó ninguna formación para el recuerdo o alguna innovación táctica importante.  Pero, en Argentina 1978 se vieron buenos partidos y muchos goles memorables, como el del escocés Archie Gemmill a Holanda (3-2) y el del austríaco Johan Hansi Krankl a los alemanes (3-2).

En la primera fase, jugada en Buenos Aires, Mar del Plata, Rosario, Córdoba y Mendoza, se clasificaron Italia y Argentina en el grupo 1; en el 2, avanzaron Polonia y Alemania Occidental; en el 3 fueron Austria y Brasil; y en el 4, Holanda y Perú. Y en la segunda ronda, avanzaron a las finales Holanda e Italia, por el bloque A, y Argentina y Brasil por el B. La mesa estaba servida...

ENTRE DUDAS Y ESPERANZAS.

El futbol de Argentina, con su técnico César Luis Menotti, fue de menos a más en 1978, con un elevado ascenso en el rendimiento. Corrigió sus vacilaciones defensivas, el mediocampo se hizo más práctico y su estilo de juego terminó siendo convincente, al vencer en la segunda fase a Polonia (2-0), empatar con Brasil (0-0) y golear a Perú (6-0), en el ya citado “partido de las sospechas”.

¿Por qué “de las sospechas”? Porque los incas habían sido una grata sorpresa al comienzo de la competencia, al ganar su grupo sobre Escocia (3-1), Holanda (0-0) e Irán (4-1), gracias a las ideas claras de creación, talento y sacrificio de César Cueto y Teófilo Nene Cubillas, autor de dos golazos de tiro libre a los escoceses.

Pero, en la segunda ronda, surgió en el equipo peruano en un evidente agotamiento prematuro de sus figuras ante Brasil (0-3) y Polonia (0-1) y la debacle increíble por el vendaval de goles de los locales. La paliza de 0-6 despertó múltiples suspicacias respecto a la actuación de los peruanos y su escasa combatividad.

Los argentinos, intencionalmente, retrasaron unas horas su partido con los peruanos y saltaron a la cancha sabedores de cuáles eran sus opciones reales. Ante el triunfo de Brasil sobre Polonia (3-1), a primera hora, debían derrotar por cuatro goles para acceder a la final, por una mejor diferencia de goles que los brasileños (+8 sobre +5), dada la igualdad de puntos (cinco) entre ambas selecciones.

Brasil fue el tercero del planeta sin producir belleza de juego, pero sí confirmó su vigencia como potencia. Terminó invicto luciendo la clásica excelencia de la técnica del brasileño, liderado por Dirceu y el veterano Rivelino. Sin embargo, no mostró claridad ofensiva, ni en la llegada, ni en la estocada final, debido a que los punteros, Zico, Gil y Mendonça, no tuvieron mucha capacidad de desborde. 

PREMIO ALBICELESTE EN LA FINAL.

“¡Argentina campeón del mundo...!”. Así decía el cartel electrónico del estadio Monumental de Buenos Aires, en una tarde nublada y fría del domingo 25 de junio de 1978, con motivo de la final del Mundial que disputó ante Holanda tras 120 minutos de acción.

Y 25 millones de argentinos lo gritaron, lo lloraron, lo bailaron y lo cantaron. Todo se paralizó y hubo muchos abrazos. En el recinto, las tribunas parecían caerse encima de todos. Y en Buenos Aires reinaba un fervor que contagiaba, que invitaba al grito, al aplauso, a vivir la gloria que los consagraba como los mejores en el futbol.

Era un reconocimiento justo para un país que campeonizaba por primera vez. Aquel triunfo de 3-1 sobre Holanda pasó hace 32 años, en una final que no se destacó por la técnica ni por ser virtuosa, pero sí por la pasión y la garra de los equipos, según la FIFA.

Argentina se coronó al explotar un viejo precepto: “El talento y una preparación física insuperables, siempre irán de la mano”. Así ganó en garra, piernas, talento y sacrificio a Holanda, digno subcampeón, al que le faltó la suerte, a pesar de que mostró un futbol de potencia permanente y causó estragos con los tiros de larga distancia.

A la gran final de 1978, Argentina arribó por segunda vez en su historia, 48 años después del primer Mundial que perdió 2-4 contra Uruguay en 1930. Holanda también, pero solo cuatro almanaques atrás, desde su caída por 1-2 ante Alemania en Múnich 1974.

Muchos de sus hombres eran los sobrevivientes de aquella Naranja Mecánica del 74: Jan Jongbloed, Wim Suurbier, Ruud Krol, Rijsbergen, Johan Neeskens, Wim Jansen, Arie Haan, Johnny Rep, Rob Rensenbrink, René y Willy Van de Kerkhof...

Claro les faltaba Wim van Hanegem y Johannes Johan Cruyff, quien renunció a jugar la copa del 78 por razones políticas, al estar en contra del gobierno militar argentino, y porque le prometió a su esposa que “no volvería a participar de una concentración para jugar un torneo”.

Argentina debía ser brillante y lo fue. Mostró madurez, creatividad y sacrificio en el momento preciso. La defensa, liderada por el capitán, Daniel Alberto Passarella, no tuvo frenos ni ataduras para irse a atacar. Hubo rotación sin cesar en la media. Y los atacantes abrieron profundas brechas.

Las pacientes lecciones de su estratega, César Luis Menotti, tuvieron eco en el plantel albiceleste. El balompié argentino siempre tuvo a excelentes individualidades, quienes lucieron en miles de canchas en el planeta. Empero, esta vez, ante un rival potente pero sin suerte como Holanda, tuvo por fin un conjunto de futbol, de avances colectivos sobresalientes. 

La Albiceleste se apoderó del título mundial de 1978 no tanto por ser el mejor equipo del campeonato, sino porque mostró la convicción necesaria para salir adelante en los momentos claves.

Fue “el triunfo del viejo y querido futbol argentino”, como lo expresó su técnico, César Luis Menotti, quien condujo un proceso de cuatro años en el que buscó regresar a las raíces del estilo rioplatense.

Aunque era un equipo que dependía más del trabajo táctico del conjunto que del aporte de las individualidades, la diferencia entre la derrota y la victoria la marcó la potencia de un Matador, Mario Alberto Kempes, como lo hizo en las instancias finales del torneo.

LOS MOMENTOS DECISIVOS.

Daniel Passarella con el trofeo de campeón en el Mundial de Argentina 1978. La FIFA cataloga al argentino como uno de los mejores defensas de todos los tiempos.
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Daniel Passarella con el trofeo de campeón en el Mundial de Argentina 1978. La FIFA cataloga al argentino como uno de los mejores defensas de todos los tiempos. (Archivo LN)

La final del 78 Argentina-Holanda resultó dura y tensa. Superada la ausencia de Cruyff, los europeos buscaban el premio que se les negó cuatro años antes, aunque sin la brillantez de 1974.

Argentina, con pausa y toque, comenzó mejor el compromiso. Al minuto 37, Mario Alberto Kempes casi no había entrado en el juego, pero luchó entre dos rivales, al aprovechar la combinación de Osvaldo Ardiles y Leopoldo Luque, y derrotó con fuerza –y casi desde el piso– al veterano arquero Jan Jongbloed, de 37 años. El 1-0.

En el segundo tiempos, los tulipanes redoblaron esfuerzos y empataron 1-1 faltando solo minutos para el final: el relevo Dick Naninga, al recibir un centro preciso desde la derecha de René van der Kerkhof, tomó desubicada a la zaga local y remachó de cabeza, para enmudecer al equipo local y a la afición albiceleste.

Cuando escasamente faltaba un minuto para terminar el tiempo reglamentario, casi se produce un nuevo impacto como sucedió con el drama del Maracanazo de1950, con el triunfo uruguayo 2-1 en Brasil. El extremo holandés Rob Rensenbrink tomó un rebote defensivo y casi anota: estrelló el balón contra el palo derecho del marco de Fillol, ante el susto de todos los argentinos. Así que la selección naranja estuvo a solo 30 centímetros del campeonato.

El empate 1-1 una vez concluido el tiempo reglamentario de 90 minutos, obligó a que se disputara la prórroga que se resumió en una lucha titánica por superar físicamente al adversario. Por aquel entonces no se contaba todavía con la ley del “gol del oro”.

Holanda acusó el esfuerzo y se dedicó a golpear. Argentina creció con dos goles más, uno marcado con agallas por Mario Alberto Kempes y otro un derechazo de Daniel Bertoni, que sellaron el 3-1 final y enterraron por completo las aspiraciones de los europeos.

Tristeza en las filas naranjas que perdía su segunda final seguida, esta vez sin Cruyff; y alegría en un futbol con estilo propio como el argentino, que alcanzaba así su primera Copa del Mundo de la FIFA. El trofeo en alto, en manos de su capitán, Daniel Alberto Passarella, como símbolo de una Argentina que estaba en la gloria por fin y confirmaba que una nueva potencia futbolística había nacido. 

Aquel 25 de junio de 1978 marcó un nuevo horizonte para los futbolistas argentinos y su técnico, César Luis Menotti. “Cuando finalizó el partido, pocos saben que me fui a festejar con la gente al Obelisco. Le pedí al utilero que me disfrazara para que no me reconocieran, y me fui escondido en una camioneta. Era una promesa. Cuando llegué al lugar, no quedaba casi nadie, pero igual tuve mi festejo”, concluyó el seleccionador argentino en sus memorias.

SÍNTESIS DEL TORNEO 1978

Campeón mundial: Argentina.

Subcampeón mundial: Holanda.

Países miembros de la FIFA: 147.

Países en la eliminatoria: 106.

Sedes: Buenos Aires, Mar del Plata, Rosario, Mendoza y Córdoba, en Argentina.

Participantes: 16.

Partidos jugados: 38.

Goles anotados: 102 (promedio: 2,68 tantos por partido).

Mejor ataque: Argentina y Holanda, con 15 goles.

Goleador: Mario Alberto Kempes (Argentina), con 6 tantos.

Total de espectadores: 1.546.151 (promedio: 40.688 por partido).

EQUIPO IDEAL DE 1978

Formación: 1-4-3-3.

Portero: Ubaldo Matildo Fillol (Argentina).

Defensas: Nelinho (Brasil), Rudolf Ruud Krol (Holanda), Daniel Alberto Passarella (Argentina) y Antonio Cabrini (Italia).

Volantes: Teófilo Nene Cubillas (Perú), Dirceu Guimarães (Brasil) y Mario Alberto Kempes (Argentina).

Delanteros: Johan Hans Krankl (Austria), Paolo Rossi (Italia) y Pieter Robert Rob Rensenbrink (Holanda).

FINAL DE 1978

Resultado: Argentina 3-Holanda 1 (tiempos extras).

Fecha: 25 de junio de 1978.

Estadio: Monumental de River Plate, de Buenos Aires (Argentina).

Motivo: Final del Mundial de futbol en 1978.

Árbitros: Sergio Gonella (Italia), asistido por Ramón Barreto (Uruguay) y Erich Linemayr (Austria).

Goles: Mario Alberto Kempes, a los 38' y a los 105'; Daniel Bertoni, a los 116', para Argentina. Dirk Nanninga, a los 82', para Holanda.

Argentina: Ubaldo Matildo Fillol; Jorge Mario Olguín, Luis Galván, Daniel Alberto Passarella (capitán) y Alberto César Tarantini; Osvaldo César Ardiles (Omar Larrosa, a los 66'), Américo Rubén Gallego (Miguel Ángel Oviedo, a los 86') y Mario Alberto Kempes; Daniel Bertoni, Leopoldo Jacinto Luque y Óscar Ortiz (René Orlando Houseman, a los 74'). Director técnico: César Luis Menotti.

Holanda: Jan Jongloed; Ernestus Ernie Brandts, Rudolf Ruud Krol (capitán), Arend Arie Haan y Jan Poortvliet; Wilhelmus Wim Jansen (Wilhelmus Wim Suurbier, a los 72'), Wilhelmus Willy van der Kerkhof y Johannes Johan Neeskens; Reinier René van der Kerkhof, Johannes Johnny Rep (Dirk Nanninga, a los 58') y Pieter Robert Rob Rensenbrink. Director técnico: Ernst Happel.

Detalle: El tiempo reglamentario de 90 minutos concluyó 1-1, por lo que fue necesario jugar dos tiempos extras de 15 minutos cada uno.

Asistencia: 71.483 espectadores.

Campeón mundial: Argentina.

NÓMINA DEL CAMPEÓN: ARGENTINA

Porteros: Ubaldo Matildo Fillol (River Plate), Héctor Baley (Huracán) y Ricardo La Volpe (San Lorenzo Almagro).

Defensas: Daniel Killer (Rácing Club), Jorge Mario Olguín (San Lorenzo Almagro), Miguel Ángel Oviedo (Talleres Córdoba), Rubén Pagnanini (Independiente), Luis Galván (Talleres Córdoba), Daniel Alberto Passarella (River Plate) y Alberto Tarantini (libre; sin club).

Volantes: Osvaldo Ardiles (Huracán), Rubén Galván (Independiente), Américo Gallego (Newell's Old Boys), Omar Larrosa (Independiente), Daniel Valencia (Talleres Córdoba), Ricardo Villa (Rácing Club) y Norberto Alonso (River Plate).

Delanteros: Daniel Bertoni (Independiente), René Houseman (Huracán), Mario Alberto Kempes (Valencia FC, España), Leopoldo Jacinto Luque (River Plate) y Óscar Ortiz (River Plate).

Director técnico: César Luis Menotti.

POSICIONES FINALES: ARGENTINA 1978

Equipos J G E P GF GC DIF. PTS.

1-Argentina 7 5 1 1 15 4 +11 11

2-Holanda 7 3 2 2 15 10 +5 8

3-Brasil 7 4 3 0 10 3 +7 11

4-Italia 7 4 1 2 9 6 +3 9

5-Polonia 6 3 1 2 6 6 0 7

6-Alemania Occidental 6 1 4 1 10 5 +5 6

7-Austria 6 3 0 3 7 10 -3 6

8-Perú 6 2 1 3 7 12 -5 5

9-Túnez 3 1 1 1 3 2 +1 3

10-España 3 1 1 1 2 2 0 3

11-Escocia 3 1 1 1 5 6 -1 3

12-Francia 3 1 0 2 5 5 0 2

13-Suecia 3 0 1 2 1 3 -2 1

14-Irán 3 0 1 2 2 8 -6 1

15-Hungría 3 0 0 3 3 8 -5 0

16-México 3 0 0 3 2 12 -10 0

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