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'Gabo', ¡fanático de los deportes!

Actualizado el 18 de abril de 2014 a las 08:07 pm

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'Gabo', ¡fanático de los deportes!

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De su pluma admirablemente bella y lúcida, con Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca, Crónica de una muerte anunciada, El amor en los tiempos de cólera, El general en su laberinto y Noticia de un secuestro, como algunas de sus obras cumbres, clásicas de la literatura castellana y traducidas a la mayor parte de los idiomas, también surgieron crónicas deportivas, escritas en sus comienzos como periodista, "el mejor oficio del mundo", según sus palabras.

Gabriel García Márquez hace cinco años, en marzo del 2009, cuando asistió al Festival Internacional de Cine en Guadalajara, México.
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Gabriel García Márquez hace cinco años, en marzo del 2009, cuando asistió al Festival Internacional de Cine en Guadalajara, México. (Wikimedia Commons)

De aquella época se rescatan varios relatos memorables del célebre y premiado escritor colombiano Gabriel García Márquez, que fueron editados en 1950 por El Heraldo de Barranquilla, Colombia. Dos de ellos retratan el ocaso de dos inmortales pugilistas estadounidenses, que son íconos del boxeo mundial: el peso pesado Joe Louis (25 defensas de la corona universal, entre 1937 y 1948) y Henry Armstrong (poseedor simultáneo en 1938 de tres coronas: pluma, liviano y welter). Sobre uno de ellos, Gabo escribió:

"Allá abajo, en los suburbios de la fama donde Joe Louis se encuentra ahora, quienes lo tuvimos como uno de los más valiosos mitos de la infancia tenemos que sentir, por fuerza, algo de ese dolor sin medida que debe sentir el coloso que, después de haber dado las mejores trompadas del mundo para instalar bares de negros en Harlem y para repartir dinero a manos llenas entre sus compañeros de raza, está dando las peores y, lo más triste de todo, dejándoselas dar para poder pagar los impuestos".

Pero Gabo también escribió sobre ciclismo. En julio de 1955, antes de viajar a Ginebra, Suiza, publicó una larga serie de crónicas como reportero del diario El Espectador, que dividió en 14 capítulos, en donde narró la vida del campeonísimo Ramón Hoyos Vallejo, quien  fue la primera gran figura del ciclismo colombiano, ganador de cinco Vueltas a Colombia, en 1953, 1954, 1955, 1956 y 1l58.

Nativo de Marinilla, Antioquía, Hoyos fue bautizado por la prensa colombiana como "El escarabajo de la montaña" y en adelante los ciclistas colombianos son conocidos con ese mote por su talento en los grandes puertos ciclistas de todo el mundo.Su relato se puede encontrar en internet (http://www.ciclobr.com/ramonhoyosporgarciamarquez.html), acerca de una historia apasionante que fue escrita con la pluma excelsa del Premio Nobel de Literatura en 1982, quien impactó a todos la seguidores con su muerte en México este jueves 17 de abril a los 87 años (consecuencia de un cáncer linfático que padeció desde el 2004), al dejar un legado impresionante en el mundo de las letras.El reportaje de García Márquez fue de semblanza. Se adentró a la vida cotidiana del ídolo deportivo, desde sus orígenes hasta su participación en la Vuelta a Colombia. "El antioqueño que aprendió a correr leyendo libros", según el recuento que hizo este viernes 18 de abril el diario mexicano Esto. Un inicio talentoso en el periodismo deportivo de uno de los escritores y novelistas más relevantes de la cultura hispanoamericana. Ahí quedó de manifiesto "la vena de la crónica, la pasión por el arte de reportear y adentrase a las entrañas del personaje, interminables charlas para revelar al personaje de leyenda que representó Hoyos, en el deporte nacional colombiano después del futbol", sentenció la publicación."Un niño de siete años, tímido, montuno, completamente embarrado y chorreando agua sucia por todos lados. Ese niño era yo, Ramón Hoyos Vallejo, y este es mi recuerdo más antiguo: mi primer día en una escuela pintada de blanco entre frescos naranjos, a donde me llevaron mis dos hermanos mayores, Juan de Dios -que ahora es propietario de un café- y José, que ahora es chofer de taxi. Me llevaron porque yo me empeciné con la idea de que ya estaba en edad de aprender a leer y escribir, cuando a duras penas había aprendido a caminar. Y fue precisamente esa mañana cuando sentí el incontrolable impulso de batir mi primer récord: cuando me llevaban a la escuela traté de saltar una quebrada -habiendo podido pasar por el puentecillo- y caí despatarrado dentro del agua", relató García Márquez.

Para los periodistas que lo leen con frecuencia, es un aprendizaje permanente repasar sus obras. De ahí que no deja de emocionar saber que un hombre de su estatura histórica se conmovió por el mundo de los deportes durante su juventud, del mismo modo que cuando sintió placer al reseñar memorables narraciones e historias que quedaron plasmadas en sus novelas universales, entre 1955 y el 2010.

PASIÓN FUTBOLERA

Está clarísimo que este personaje, nacido en 1927 en Aracataca, Colombia, y fallecido en el 2014 en México, dejó un recuerdo imborrable como uno de los escritores más leídos y solicitados del planeta, amigo de revolucionarios y reyes, contertulio de Fidel Castro, con el que charlaba de política y cine (una de sus grandes pasiones), gran amigo del expresidente colombiano César Gaviria y una especie de corresponsal por muchos años de los mandatarios latinoamericanos. Pero las cosas no solo quedaron en este punto.

García Márquez siempre se declaró un fanático del fútbol y de la Selección de Colombia.
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García Márquez siempre se declaró un fanático del fútbol y de la Selección de Colombia. (Caricatura de Nano, 1992)

No se puede omitir que Gabriel García Márquez fue un apasionado del futbol y un seguidor del equipo de Barranquilla, el Junior. En 1950, incluso, escribió una crónica a la luz de los hinchas, en el duelo entre Millonarios y Junior de Barranquilla, con el título "El juramento", donde se adentró en una santa hermandad, una pasión en ese tiempo por esta disciplina, cuando hizo su debut como comentarista deportivo.

De este tema hablaba mucho con el político, consejero y secretario de estado de Gobiernos estadounidenses, Henry Kissinger. También se declaró seguidor del "fútbol clásico", "el gran y bello espectáculo" y "la personalidad" que exhibió la selección colombiana al mando del técnico Francisco Pacho Maturana en los años 90, aunque afligido después por su fracaso en el Mundial de Estados Unidos 1994. Pero lo enfermaba el tema de la violencia en el deporte, un fenómeno que lo inquietaba y expresaba mucho pesimismo por su futuro.

Todo lo anterior a pesar de que nunca practicó ninguna disciplina deportiva en competencias organizadas, salvo un leve pasaje como futbolista aficionado (fue defensor), durante su época de primera y secundaria.

"No me crearon el hábito y no sentí nunca la necesidad", confesó García Márquez en 1992. "Dicen que se vive más haciendo deporte, pero tengo casi 64 años y, desgraciadamente, hay muchos amigos míos que fueron grandes deportistas y están muertos hoy. No sé qué estoy tratando de demostrar con esto, pero el hecho es que nunca he hecho deporte en competencia, aunque de muchacho jugaba béisbol".

Esa vez, Gabo se manifestó seguidor de los Mundiales de fútbol por la televisión. "Creo que el mejor partido mundialista que vi en mi vida fue el Brasil contra Italia (4-1), en la final de México 1970".

Sin embargo, su pensamiento futbolero siempre recaía en hablar del seleccionado cafetero y de los factores que, moralmente, impedían al futbolista colombiano triunfar en certámenes mundialistas u otras competencias internacionales. "Debo confesar, con modestia, que la primera vez que Colombia superó eso fue con mi Premio Nobel de Literatura, porque ese día un colombiano sí ganó un partido...".

El mundo llora su muerte, a los 87 años, pero agradece el enorme legado que dejó en el periodismo y la literatura.

¡Hasta pronto, Gabo!

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