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La trampa del arbitraje

Actualizado el 08 de noviembre de 2014 a las 11:43 pm

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Hoy todos bociferan contra los árbitros. Se ha convertido una moda reciclada porque siempre los réferis han sido blanco de la furia en la derrota, dado nunca he escuchado decir a un entrenador que su equipo ganó porque lo benefició el juez.

En lo que muy poco reparan es en la raíz de que en la actualidad los árbitros sean los "muchachos malos" del fútbol.

Tengo para mí que todo se inició en 1999, cuando la FIFA intervino el balompié tico debido a la guerra intestina que se desató entre los "cuatro clubes grandes" por un lado, en los autodenominados "equipos pequeños".

En esa época, la Federación de Futbol (Fedefútbol) era manejada por los 12 conjuntos de la Primera División, pues las otras ligas eran una minoría insignificante.

Había dos bandos, pero uno poderoso merced a su unión: los ocho equipos que no eran Saprissa, Alajuelense, Herediano y Cartaginés.

Este famoso "G8" hacía y deshacía porque tenía un objetivo muy claro: Ser campeón nacional a cualquier precio. Ello explica ese adefesio de jugar dos torneos por año, pues de esa forma, cada equipo tiene mayor probabilidad de ser monarca.

En FIFA no cayó nada bien esa "dictadura" de los "pequeños", en especial porque en sus decisiones generalmente perjudicaban a la Fedefútbol.

El árbitro central Jeffrey Solís le llama la atención al volante manudo Armando Alonso, durante la primera parte del juego ante la UCR. |  ALONSO TENORIO
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El árbitro central Jeffrey Solís le llama la atención al volante manudo Armando Alonso, durante la primera parte del juego ante la UCR. | ALONSO TENORIO

Entonces, desde Zúrich se mandó la orden: Intervenir el fútbol tico, crear un nuevo orden, poner paz y darle poder a la Federación.

Y se encontró la fórmula: La Fedefútbol se dividió en ligas, se constituyó una asamblea de tal forma que los equipos de Primera no pudieran dominarla fácilmente.

Y, por si las moscas, se le quitó a la máxima categoría la posibilidad de controlar a los árbitros, postestad que pasó a la Fedefútbol.

Así, si los equipos se portaban mal, la Federación tenía un as bajo la manda: No nombraba réferis para los juegos. Y en futbol, es imposible jugar en la máxima categoría sin árbitros.

Hasta aquí, la jugada era brillante, pero para garantizarse que la comisión de arbitraje nunca saliera de la égida de los federativos, si impuso que el presidente de la Comisión de Arbitraje debía, necesariamente, ser miembro del Comité Ejecutivo de la Fedefútbol.

El problema es que los integrantes del Comité Ejecutivo son dirigentes que, generalmente, están "del otro lado del mostrador" en refencia a los árbitros, con los han sostenido no pocas polémicas, desencuentros y más de un conflicto serio.

En otras palabras, los jerarcas de la Federación poco tienen que ver con el arbitraje, más allá de concebirlo como un mal necesario en el fútbol.

De ahí que los recientes presidentes de la Comisión de Arbitraje "saben de la misa la media" de este oficio que es ser juez en un partido.

Por eso, los árbitros están huérfanos de capacitación, seguimiento, orientación e instrucción.

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