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24 horas en Corea

Actualizado el 07 de junio de 2015 a las 05:53 pm

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24 horas en Corea

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Apenas han pasado 24 horas desde que pusimos un pie en Corea y ya anduvimos en metro y bus; probamos el BBQ coreano; subimos en telesférico a uno de los puntos más altos de la ciudad: la Torre de Seúl y nos  emocionamos cuando un par de lugareños, al consultar nuestro país de origen dijeron "Costa Rica" (léase con acento en la última sílaba) sonriendo y haciendo mención a la pasada hazaña en la Copa Mundial de Fútbol.

Hablo en plural porque mi colega Jasson Clarke y yo estamos acá para asistir al Congreso Mundial de Periodistas Científicos 2015, que iniciará en una hora, aproximadamente (9 a.m., hora local).

Estar en Corea facilita ese mandato que nos dan a los reporteros, el de: "no perder la capacidad de asombro".Es imposible no sorprenderse en este lugar, donde todo o casi todo está automatizado.

En el Palacio de Gyeongbokgung.
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En el Palacio de Gyeongbokgung. (Monserrath Vargas)

El transporte público es muy puntual, y con una aplicación móvil se puede saber cuánto más tardará en llegar el autobús a la parada en la que uno se encuentra.

El bus o el metro se pagan de forma electrónica, con una tarjeta que se puede adquirir y recargar en abastecedores cercanos.El efectivo resulta innecesario.

Si uno se sube a un bus, se baja y toma otro, el viaje contará como uno solo, porque el sistema de pagos está interconectado. Eso sí, la tarjeta de pago se debe colocar en un sensor, tanto al subir, como al bajar. Si el pasajero recorrió una distancia adicional se le rebajará lo necesario.

Algunas de las gasolineras carecen de pisteros, las mangueras para colocar la gasolina cuelgan de una estructura en el techo y así se ahorra espacio.

Sin embargo, no solo sorprende la tecnología presente en casi cada detalle de la vida cotidiana, la gente en las calles camina muy pendiente de su celular, tomándose selfies y ahora, por la alerta de la presencia del MERS (Middle East Respiratory Syndrome) muchos de ellos usan una mascarilla. Las de los niños incluso decoradas con motivos infantiles.

En el metro nadie habla, en el bus tampoco, quizá por eso se sorprenden cuando gente como nosotros: Jasson, Diego Ureña (costarricense que reside acá y muy amablemente nos hizo de guía turístico) y yo, conversa y ríe.

Los libros, tabletas y teléfonos son los mejores compañeros de viaje para los lugareños (aunque eso también pasa en Costa Rica).

En asuntos de moda, es común que la gente joven vista anteojos, sin lentes, pues no necesitan usarlos, es más como una tendencia. Las coreanas van muy bien arregladas, sus vestidos son bellos y muy cortos, eso sí, no suelen llevar los hombros descubiertos.

Otro de los descubrimientos durante las últimas horas han sido las cafeterías caninas y gatunas (Acá abundan los cafés, parece que esta bebida le encanta a los coreanos).

Como acá hay poco espacio, la gente suele vivir en edificios y no pueden tener mascotas. Por eso, a algunos les resulta entretenido ir a uno de estos cafés y alquilar perritos o gatitos, para tocarlos y sacarse fotos con ellos. Diego dice que también hay cafés de ovejas y prometió llevarnos a uno.

Pronto Jasson y yo les contaremos sobre el congreso, la ciencia y la tecnología de este país.

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