Libros | Big data

Un texto indispensable para entender cómo el big data cambiará el mundo

Durante las últimas décadas, los seres humanos estuvimos obligados a trabajar con muestras al tratar de analizar un fenómeno. Era imposible tener acceso a toda la información, como imposible era también almacenarla y procesarla de una manera eficiente.

La revolución digital, especialmente después del año 2000, nos ha abierto las puertas a una nueva manera de ver el mundo, un mundo donde no son necesarias las muestras, sino que se puede estudiar la totalidad del universo (del universo a investigar, claro).

Esto es en parte lo que se conoce como big data, un tema del que cada día se habla más, pero que comienza a dejar de ser un tema de conversación entre "geeks" y se convierte poco a poco en un fenómeno que impacta nuestras vidas de forma directa o indirecta. ¿Usa usted celular? ¿Sí? Entonces lo impacta directamente, ya verá.

Ilustración de big bata.
Ilustración de big bata. (Darpa) ampliar

El texto " Big Data", de Viktor Mayer-Schonberger y Kenneth Cukier, es uno de los más recomendados este año en materia tecnológica y lleva por objetivos explicar en qué consiste este fenómeno, cuáles son sus principales características, dónde nos podría llevar y cuáles son los límites que le debemos poner si no queremos lamentarnos a posteriori. Lo leí durante los últimos días y es un texto que recomiendo si le interesan los temas tecnológicos (sí, si le gustan los temas tecnológicos es muy recomendable leer buenos libros en papel ;-) ).

No pretendo resumir aquí todo el texto, pero sí quiero resaltar algunos de los puntos que más me llamaron la atención. Uno de esos puntos es que el big data no da razones a un fenómeno, sino que simplemente te lo muestra. Da el qué, no el por qué. ¿Por qué la gente en Florida siempre compra cierto tipo de postre tres días antes de que un huracán pase por ahí? Los datos de consumo de Walmart que sirvieron para ver eso no se lo explican, pero no es necesario para ofrecer en un lugar más visible esos postres cuando se anuncie el próximo huracán. Claro, la curiosidad humana (y yo soy periodista) hacen preguntarse siempre por qué las cosas son como son, pero eso es algo que no se lo va a dar el análisis de bases de datos gigantes.

Otro punto muy valioso: se abre paso a nuevos profesionales que analizarán estos datos creando algoritmos que permitan "sacarle todo el jugo" y que permitan cruzar distintas bases de datos y visualizar esos datos de la mejor manera. ¿Será un programador? No, se queda corto. ¿Un experto en estadística? Tampoco. Los autores proponen una profesión completamente nueva, una mezcla de matemático-experto en estadística-programador-visualizador. Ellos no lo dicen, pero yo le agregaría periodista porque precisamente los medios de comunicación van a ser de las instituciones donde más interés por trabajar con bases de datos se va a dar, en especial si contienen información pública. ¿Qué, de todo lo que diga el análisis, es de interés público? ¿Cómo explicar los resutados? ¿Hay que balancear algo? ¿Cómo se contextualizan los resultados y hacia dónde pueden llevar en términos de políticas públicas? ¿Reflejan los datos fríos la realidad que vive la gente? Creo que es un buen reto para nosotros, los periodistas, que nunca hemos sido los mejores amigos de los números, sino que seguimos teniendo una visión romántica de la profesión, una visión que la acerca más al arte de la literatura que a la ciencia y las matemáticas.

De paso, deseo confirmar que "La Nación" ya ha realizado buenos trabajo de big data, uno de los cuales fue estudiar todos los exámenes de ingreso a la UCR. Ese especial se encuentra disponible en este link.  Otro buen ejemplo de unión entre big data y periodismo fue el análisis de las empresas secretas en paraísos fiscales y sus dueños

Sin embargo, de lo que menos habla el texto es de periodismo, sino sobre todo del impacto más directo del big data en su vida cotidiana. ¿Cómo se comporta el tráfico un viernes de pago? Bueno, es diferente si llueve o no llueve. Ergo, los sistemas como Google Maps lo que hacen es cruzar la información que ya tienen sobre la velocidad promedio según la hora a la que se han movido los dueños de los teléfonos y cruzarla con el pronóstico del tiempo. Eso no es ciencia ficción, ya se hace.

Otras cosas que ya se hacen son estudiar las bases de datos de revisiones a los edificios de Nueva York (son casi un millón) con el fin de detectar cuáles fueron las características que unía a los que tenían más posibilidad de ser afectados por un incendio. No solo se analizó la zona en que estaba el inmueble, sino también el año de construcción, los pisos, los materiales y hasta las llamadas por denuncias. Y no, los datos no comprueban que, entre más llamadas, más posibilidades de que el edificio sea un peligro, sino lo contrario. El resultado fue la optimización de recursos, porque a la mayoría de los edificios que se llega ahora se encuentran con mejoras que se deben hacer de forma urgente.

Tengo que criticar que, en cierto punto, el libro le resta mucho a una característica muy humana, que es la curiosidad y el deseo de descubrir. En ciertos momentos parece que sus patrones de compra le van a decir siempre dónde comer y qué ordenar, sin siquiera ver un menú, o que le cargarán directamente una película en su tableta que se sabe que le va a gustar porque ya se sabe lo que ha visto antes (un poco al estilo actual de Netflix). Dejan de lado precisamente que los seres humanos en muchas ocasiones (la comida es una de mis favoritas) están dispuestos a arriesgarse un poco y a probar algo distinto. ¿Sabrán las grandes bases de datos de los supermercados (¿la tarjeta de cliente frecuente de Auto Mercado le suena familiar?) que de vez en cuando pruebo algo nuevo y lograrán descifrar cuándo, cómo y qué aunque yo mismo no lo tenga claro y piense que es fruto de algo completamente irracional? El libro no lo aclara...

Ahora bien, en un mundo de big data, las empresas de telefonía saben si yo hago ejercicio o no (los smartphones tienen acelerómetros, GPS, y existen apps de deportes). Podrían vender esa información a aseguradoras, que también podrían tener acceso a lo que compro periódicamente y saber que me como un combo agrandado una vez a la semana y devoro una pinta de helados (no dietéticos) más o menos dos veces por semana. ¿Me van a cobrar más por mi seguro de vida que a alguien que corre a diario y solo come ensaladas y pan integral? Podrían hacerlo, sin siquiera decírmelo. ¿Es eso justo? 

Ese es solo un ejemplo de los peligros que podría entrañar el big data y, por eso, uno de los llamados del libro es a crear legislación, pero no una legislación que garantice la privacidad de las personas, porque eso es caso perdido, sino otro tipo de medidas legales que eviten una afectación grave a nuestros derechos como consumidores y como seres humanos.

Como ven, el tema tiene muchas aristas y realmente pone a pensar en que estamos dando otro gran paso tecnológico. Es estimulante. Si no le gusta el papel, hay versión para Kindle (así, Amazon engrosará su base de datos con información sobre cuándo lee usted, cuánto cada día, dónde pierde interés en la lectura y cuáles son sus temas favoritos...) 

Les dejo este video de Cukier donde amplía temas del libro. Es un poco largo, pero vale la pena y es un buen resumen. 




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