Costa Rica |

¿Conque 95% de cobertura de Internet en centros educativos, eh?

Por Pablo Fonseca Q.

A uno le dicen que el 95% de las escuelas y colegios de Costa Rica tienen acceso a Internet y al menos se le dibuja una pequeña sonrisa en el rostro. Suena bien, bastante bien para ser un país con recursos limitados.

Sin embargo, qué valioso es cuando una investigación periodística ayuda a encuadrar ese discurso oficial. Un trabajo de Amy Ross nos reveló que, de los colegios conectados, solo el 10% tiene una conexión mayor a 2 Mbps.

2 Mbps es lo que el tico promedio bien conectado tiene en su casa. Es una velocidad que, en el contexto actual, da apenas para tener un par de dispositivos conectados al mismo tiempo. Ponga usted dos teléfonos y dos tabletas a correr video en streaming en ese tipo de conexiones y va a tener problemas (en primer lugar, porque los 2 Mbps que le ofrecen llegan a ser en realidad poco más de 1,5 Mbps).

No me imagino un aula de 10 estudiantes en promedio en el sistema público, pero seamos positivos e imaginemos que son 10 estudiantes lo que se contectan a (sigamos siendo positivos) 2 Mbps. No alcanza. No es posible explotar Internet adecuadamente si a cada uno le toca 256 kbps. Esa velocidad por persona era útil, pero hace unos 7 o 10 años. Un día como hoy me dejan con 256 kbps en una computadora y lo que sentiría es que en la práctica no tengo Internet.

Otra característica limitante: es Internet asimétrico. Es decir, los chicos tienen mucha más velocidad de bajada que de subida. Los chicos de hoy no están dispuestos solo a consumir contenido, sino que quieren producir el propio y compartirlo con el mundo. Una conexión asimétrica es limitante desde este punto de vista.

A eso agréguele otra realidad: que muchos centros educativos carecen de laboratorio de cómputo o una infraestructura similar que permita aprovechar la conexión. En muchos lugares llega Internet... ¡a la oficina del director!, a la que yo entré en dos ocasiones en cinco años de estudios y a la que la mayoría de los adolescentes le huíamos por una cuestión de relación con el poder propia de la edad.

Nos volvimos a quedar atrás, no solo porque la tecnología avanza muy rápido (eso todos lo sabemos), sino porque somos incapaces de ponernos metas adecuadas y con sentido.

Pero, en todo caso, ¿de qué valdría ponerse metas de este tipo si a final de cuentas no existen los recursos para ejecutarlas? Pues aquí está lo peor de la historia, que el dinero para cerrar esta odiosa brecha digital sí existe y está en el banco ganando intereses.

El Fondo Nacional de Telecomunicaciones (Fonatel), el dinero que se obtuvo (y se obtiene aún) con la apertura celular, estaba pensado y previsto para eso. Pero no lo voy a cansar, con este fondo pasa lo mismo que con muchos otros temas importantes para el país: burocracia, tramitomanía, atrasos, desinterés, interés mal enfocado, peleas entre egos del tamaño del Chirripó...  

Decenas de millones de dólares frenados por justificaciones sin sentido real en el fondo y miles de niños y jóvenes privados de una herramienta fundamental para su desarrollo. Así es como se desdibuja una sonrisa.

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