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La autorregulación en redes sociales es una utopía, pero hay caminos alternativos

Actualizado el 31 de octubre de 2013 a las 12:18 pm

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La autorregulación en redes sociales es una utopía, pero hay caminos alternativos

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Pablo Fonseca Q.

Es casi parte de la naturaleza humana ante una nueva idea o un nuevo descubrimiento tener una fe y esperanzas que posteriormente no van a encontrar correspondencia. Las redes sociales en Internet son solo un ejemplo más.

Las denuncias sin pruebas difundidas de manera anónima durante los últimos días en el contexto de la campaña política permiten llegar a muchísimas conclusiones. Se puede decir fácilmente, por ejemplo, que se está probando la existencia de personas de varios bandos dispuestas a trabajar una campaña sucia, que las personas actualmente dudan lo mismo de los medios "tradicionales" (prensa escrita, televisión) que de los medios "alternativos" (blogs, medios estrictamente electrónicos) y que un grupo de usuarios de redes sociales parecen o no entender lo que leen, o estar dispuestos a jugar de tontos.

Así que las redes sociales en Internet se están transmutando en esta campaña en un campo lleno de lodo donde cualquiera que ingresa se ensucia por más cuidado que quiera tener al caminar o por mejores intenciones que tenga de participar en un juego limpio. Yo mismo estoy seguro de que será cuestión de minutos para que me caigan encima los primeros trolles por decir esto (también me caerían por decir exactamente lo contrario, en todo caso).

¿Qué hacer ante una situación como esta? De ninguna manera es realista abstraernos del mundo de las redes sociales en Internet. Las redes son un espacio muy valioso de intercambio de ideas, aunque es cierto que lo eran más antes que ahora porque cada día se habla más de chismes que de ideas y se ofende innecesariamente al que no piensa de la misma manera o no apoya al mismo candidato. O sea, que si no le gusta la comparación con la cancha llena de barro puede verlas como un bar de mala muerte.

Como plataforma democrática, las redes son ya insustituibles en un país donde cerca de un cuarto de la población total está en ellas.

Algunas personas han defendido que la autorregulación de los usuarios es la clave para evitar lo que está pasando. Bueno, lo primero es que queda claro que la autorregulación no se está evitando lo que está pasando... y lo segundo es que esta visión está inspirada en el crecimiento de Internet. El desarrollo de Internet y la www, aunque con un origen dirigido, en realidad ha funcionado en buena parte mediante el consenso, la discusión pública y la autorregulación. Pero las redes no son lo mismo que Internet.

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Es tema de otro post, pero precisamente existe una discusión fuerte porque la ITU quiere cambiar un poco esto y países como Costa Rica creen que un cambio podría afecta la libertad de uso que permite Internet, de lo cual se podrían ver beneficiados --agrego yo-- regímenes autoritarios como Rusia y China.

La autorregulación tiene dos vertientes. Por un lado, están quienes en realidad no quieren absolutamente ningún tipo de regulación y defienden una especie de anarquía total en la web. No podría estar a favor de esta propuesta porque podría terminar en un desorden peor al que se está gestando. Además, existen conductas que cualquier enfoque moral señala inaceptable, como por ejemplo el abuso de menores.

Por el otro lado, están quienes defienden que los mismos usuarios y proveedores podrían organizarse mejor para definir pautas. Están inspirados en el desarrollo de Internet. Los usuarios defienden una normas deontológicas y de convivencia que deberían ser respetadas por los participantes, como por ejemplo tratarse con respecto y no difundir información falsa. En mi opinión, es como poner un cartel de cómo comportarse en un kínder en medio de un ring de boxeo y no hacer nada aunque la sangre de los golpes salpique a los espectadores. 

En cuanto a los proveedores de servicio, creo que la única regulación que debería aplicarse a nivel mundial es el de ofrecer una red neutral que no castigue a nadie por utilizar ciertos servicios. Suena muy simple, pero créanme que hay proveedores dispuestos a bajar su velocidad o a cancelarle el servicio si usted visita ciertas páginas o utiliza programas de VoIP o de descargas de archivos. No obstante, para pedir esto no es necesaria la autorregulación. Nunca deberíamos dejar a los proveedores definir qué nos conviene a los consumidores.

La idea romántica de que la autorregulación permite a las personas serias sobresalir en las discusiones y a los payasos ser desterrados, de nuevo, no tiene mayor fundamento y no está pasando

Así que, si la autorregulación no sirve de mucho y no nos vamos a salir de las redes sociales de Internet, de nuevo, ¿qué podemos hacer?

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Lo primero, para mí, es que deberíamos dejar de creer en anónimos. El anonimato es la manera más sencilla de evadir responsabilidades por lo dicho o por lo omitido. Creo que debemos darle más valor a la gente que, como El Cobrador de la Caja, don Roberto Mora, da la cara con nombre, apellido y número de cédula, cuando realiza una denuncia. Ha tenido que responder por ello cuando se equivoca y lo ha hecho responsablemente. Si fuera un anónimo se podría hacer el loco y nada le pasaría.

Claro que no es necesario llegar a un extremo como el de don Roberto. Yo no doy mi cédula cada vez que opino, pero soy una persona identificable y demandable. Lo mismo aquí que en mis perfiles en redes sociales. El que se mete en denuncia y crítica pública debe dar la cara y ser responsable de sus acusaciones. Sin peros. Si mañana es a usted al que difaman, ¿le gustaría ver que no puede denunciar a nadie?

Los consumidores de información deberíamos saber quién está del otro lado del teclado cuando leemos algo. El quién lo dice es tan importante como el qué se dice en nuestros días.

Las denuncias anónimas pueden seguir existiendo, pero la opinión anónima y las acusaciones anónimas o con pseudónimos deberían ser --por lo bajo-- tomadas con una pinzas muy finas a partir de ahora.

El segundo punto que creo elemental es la necesidad de tener más y mejor periodismo. Los periodistas dan la cara con sus investigaciones y deben responder ante las querellas en un juzgado si es del caso. Los casos de corrupción más grandes en la historia de Costa Rica han sido denunciados por periodistas que han dado la cara y han puesto sus nombres a responder, no por ningún anónimo en Internet. Puede o no puede haber información filtrada anónimamente, pero precisamente el valor del periodismo de calidad es que no solo confirma la información, sino que busca el descargo del ofendido, lo que jamás hará un anónimo interesado en dañar la imagen de un candidato. 

Y aquí no queda más que dejar claro que los periodistas no deben publicar la referencia a un anónimo que salió a la luz con intenciones difamatorias. Eso es irresponsable. Los periodistas tienen una responsabilidad social que incumplen cuando se la pasan publicando chismes y no noticias. Que se investiguen los chismes y anónimos que corresponda, pero que se publiquen noticias.

Si buenas noticias de calidad y análisis de planes de gobierno salieran más en los medios, los chismes podrían llegar a tener (espero, aunque no estoy seguro) menos atención. En todo caso, las personas que estén buscando salir de este lodazal podrían encontrar en estas publicaciones un punto serio en el cual apoyarse para recuperar de nuevo la discusión de los temas que importan

Un tercer punto se lo endilgo al Tribunal Supremo de Elecciones o a la Universidad de Costa Rica, quien quiera tomarlo. Lo que está empezando a pasar en la campaña tica acaba de pasar en la mexicana. De hecho, la campaña mexicana en redes fue peor de lo que va siendo la nuestra.

En México se creó el Observatorio Ciudadano de Medios. En él hay académicos, periodistas, políticos y ciudadanos que analizaron la campaña en general y lo sucedido en redes en particular. Existía desde ante de las elecciones del año pasado, pero con esas elecciones tomó una mayor importancia por la labor de análisis de lo que pasaba en redes.

Según su informe, el Observatorio fue capaz de detectar, señalar y denunciar (cito textualmente):

-Uso de bots para la creación de trending topics (temas de conversación en Twitter que actualmente son muy valorados por algunos medios y estrategas de campaña).

-Uso y creación de hashtags denigrantes y discriminatorios (cyberbullying político).

-Discurso violento y de agresiones contra actores públicos o personas identificadas como enemigos

-Difusión de campañas negativas: difamación, insultos y notas falsas.

-Creación y uso de cuentas falsas para desinformar (que algunos actores políticos han estado utilizando para generar la falsa percepción de apoyo para sus causas y de crítica para sus adversarios).

-Uso de esas cuentas falsas como fuentes para la creación de notas en medios tradicionales.

-Poca o nula rectificación de los medios y actores políticos al publicar información falsa o imprecisa. 

-No verificar la información, lo que puede llevar a la rápida propagación de rumores que generen desestabilización.

(FIN DE CITA TEXTUAL)

Un observatorio similar al mexicano implantado en Costa Rica podría ayudar a señalar los yerros de todos los emisores de mensajes y a dejar al descubierto a los trolles. Podríamos tener así una visión más imparcial de lo que realmente está pasando en la campaña y dejar al descubierto a esos que quieren manipularlo a usted y a mí. Porque la autorregulación en redes es una utopía que no cuaja, pero la manipulación y las mentiras están más que probadas.

¿Qué otra acción propone usted para enfrentarnos a esta realidad? Espero que podamos tener un intercambio de ideas respetuoso.

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