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Seguir al día con la tecnología sin gastar mucho dinero

Actualizado el 09 de abril de 2015 a las 12:45 pm

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En algunas cosas soy un poco distraído. Ya les había contado hace rato que casi de un día para otro me terminé dando cuenta de que no estaba utilizando cable por estar consumiendo video vía Internet y que, entonces, tomé la excelente decisión de cancelar ese servicio.

Hace unas semanas tuve la necesidad de cambiar de celular. Lo que hice me reveló un patrón en el que estoy desde hace unos dos años sin notarlo: gasto poco dinero en tecnología (en relación con lo que me ofrece el mercado) pero sigo estando lo suficientemente al día para satisfacer mis necesidades (que no soy precisamente básicas, como se verá).

Lo primero, como mencioné, fue el cambio en el consumo de televisión. Dejé la televisión tradicional por la televisión mediante streaming cuando compré un Chromecast. Costó $35 en Estados Unidos y cerca de $50 puesto en el país.

En su momento, el competidor que analicé era el Apple TV. Entonces costaba tres veces lo que un Chromecast pero no me iba a permitir hacer tres veces lo que me permite hacer un Chromecast. La cuenta de contenido en streaming la tengo en Netflix, que funciona lo mismo en Chromecast que Apple TV (y mucho otros, como Roku), así que la base de comparación era la misma. Apple ofrece un catálogo bastante actualizado, pero los precios son elevados. Con el Chromecast aprendí a tener acceso a material de calidad gratuito sin caer necesariamente en nada ilegal: veo TVE, TV5 Monde, la DW y la BBC, por ejemplo.

El Chromecast, de Google, se introdujo al mercado en el 2013.
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El Chromecast, de Google, se introdujo al mercado en el 2013. (Archivo GN)

Por cierto que desde que compré el Chromecast el servicio ha mejorado. Se abrió la posibilidad de desarrollar a terceros y ahora existe una gran cantidad de programadores creando cosas nuevas e interesantes casi a diario. Además, ahora puedo enviar directamente lo que veo en mi pantalla del teléfono a la pantalla de televisión, absolutamente todo, sin restricciones, lo cual facilita mucho el consumo multimedia.

Meses después del Chromecast necesité una computadora. La vieja se estaba poniendo bastante lenta. Ya tenía como cuatro años. Le quité Windows y le puse Ubuntu. Mejoró un poco, pero no me sentía del todo cómodo. Analicé con cuidado para qué necesitaba yo una computadora. Yo no juego con la computadora, no diseño con la computadora ni edito video con la computadora. Lo que más hago es escribir artículos, navegar por páginas para leer, ver videos, revisar algo de redes sociales (algo, porque redes lo manejo sobre todo por celular) y bajar algunos archivos que necesite para pasar al teléfono. Sus funciones serían las de un centro de control sencillo que cumpla funciones que no cumple un celular.

Tras bastante revisar descarté los equipos de Apple porque son de una calidad tan alta como su precio. Del mundo de PC vi algunas Toshiba, Dell, Lenovo, Samsung y Sony. A los pocos días de análisis, Amazon me recomendó una Chromebook Samsung. Lo dudé al principio, pero me atrajo su precio de cerca de $225 en Estados Unidos y el pensar que pronto un pariente iría de viaje a ese país, así que me ahorraría los costos de importarla con un sistema de casillero.

Revisé, revisé y revisé. Leí y leí. Yo había probado una Chromebook hacía bastante tiempo y vi que las características de esos primeros modelos había mejorado. Un poco temeroso, no lo niego, la compré. Hoy me doy cuenta de que fue una decisión correcta. No he dejado de hacer nada que no hiciera antes y más bien hago más que antes, porque el equipo trae una salida HDMI que no traía mi portátil antigua, así que conectarla a la pantalla es sencillísimo. Nunca tengo problemas de virus, no se pone lenta y esta semana recibí la noticia de que todas las aplicaciones de Android se pueden correr en Chromebook. Al principio me costó acostumbrarme a tener un disco duro pequeño (está pensanda para la nube), pero ya pasé el periodo de transición.

Sin embargo, como ya había explicado, una Chromebook no es para cualquiera. Por eso dejé claro que yo no edito video ni fotografía de manera profesional. Si lo debiera hacer, probablemente compraría una MacBook Pro.

El tercer ejemplo que tengo, que es con el que se marca la tendencia, es con la renovación del celular. Necesitaba un celular que me permitiera tener el más reciente sistema operativo, pero no necesitaba la cámara de mayor cantidad de megapixeles ni tampoco la pantalla con más resolución. Tampoco necesita un espacio de almacenamiento exagerado. No juego videojuegos en el teléfono. Tampoco requiero carcasa metálica, aunque son amante del diseño sencillo y elegante (si uso Android es casi obligatorio que esté en su estado puro).

Como con la Chromebook, comencé a estudiar opciones. Lo primero fue que estaba claro que no necesitaba un celular de gama alta, es decir, de "los más caros". Así que el mejor iPhone, el mejor Samsung, el mejor HTC, el mejor Sony y el mejor Motorola fueron descartados. Claro está que tampoco iba a regresar a la edad de piedra, así que necesitaba un rango mínimo de precio para garantizar cierta calidad, el cual fijé en $150 para un celular vendido desbloqueado en Estados Unidos (¿queda claro que no compro tecnología en Costa Rica, verdad?).

Y para no cansarlos con el cuento, el ganador fue el Moto G. Regresé a Motorola después de confiar mucho en Samsung. Motorola fue la primera marca de celular que tuve, de aquellos años en que se navegaba con wap y apenas estaban llegando las líneas GSM (ese teléfono está en una caja en algún rincón del armario). Otros finalistas fueron el Samsung Galaxy A3 y el Sony Xperia Z3 Compact. Costó $180 en Estados Unidos y, como también me lo trajo un pariente que hizo el viaje a ese país, no tuve que pagar nada adicional.

Según mis cálculos, he gastado $449 en tres equipos que cumplen funciones bastante similares de equipos que me pudieron haber costado, comprados en Costa Rica, $1.550 (pensando en comprar un Apple TV de unos $150 en su momento, una computadora portátil normal de unos $800 y un celular de unos $600).

¿Quiere decir esto que usted debería comprar esos mismo equipos? No, esa no es la idea de este post. Para nada. Y qué bueno que ha llegado hasta aquí leyendo, porque no me gustaría que se piense que ese es el mensaje.

El mensaje va por dos vías. La primera es que estamos llegando a un punto de abaratamiento de dispositivos que le permiten tener gama media de muy buena calidad. Hace unos cinco años la gama media era demasiado básica y estaba muy cerca de la gama baja. Hoy compite muy bien con las funciones de la gama alta, especialmente en celulares. Ya es una opción muy seria para tomar en cuenta en celulares, computadoras, televisores, relojes inteligentes y otros gadgets. El primer mensaje es no desprecie la gama media.

El segundo mensaje es que creo que estoy aprendiendo a ser un consumidor un poco más racional. Sigo teniendo debilidades, pero trato analizar fríamente si necesito algo y para qué lo necesito. Veo las opciones que existen para suplir esas necesidades, los pro y los contra de cada una (y también estoy dispuesto a aventurarme un poco) y tomo lo que considero la mejor decisión. El contexto está ayudando mucho a los que consumimos de esta manera porque existen muchas revisiones independientes y muchas fuentes para obtener consejos. Se acabaron los días en que uno iba a la tienda de computadora y terminaba comprando casi que la que le ofrecía el vendedor porque no sabía mucho del tema (clásico de finales de los 90). Hoy uno va a la tienda física a ver un poco, revisa la tienda virtual y los comentarios y termina comprando en línea.

Así que no existe ningún secreto. En realidad la misma tecnología nos está empujando cada vez a más personas a vivir así. Por eso, si usted tiene alguna experiencia similar a esto que me ha pasado a mí, su comentario será bienvenido.

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