Blogs

¿Por qué engordamos?

Actualizado el 24 de septiembre de 2016 a las 09:07 am

Blogs

¿Por qué engordamos?

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Algo de  lo que más nos puede frustrar es el sobrepeso, especialmente cuando se hacen esfuerzos heróicos por remediarlo y estos no se reflejan en resultados visibles o peor aún, cuando el problema sigue en crecimiento.

El sobrepeso, lejos de ser únicamente un tema de aspecto físico, se encuentra en la lista  de los indicadores del síndrome metabólico en donde el padecer 3 o más de las siguientes condiciones está asociado a un aumento significativo en el riesgo de sufrir enfermedades cerebro y cardiovasculares, así como cáncer:

1. Obesidad Central: ≥ 80 cm de circunferencia en cintura en mujeres y ≥ 94 cm en hombres 
2. Hipertensión arterial:

Presión Sistólica ≥ 130 mm Hg

Presión Diastólica ≥ 85 mm Hg

3. Hiperglicemia en ayunas: ≥ 100 mg/dl
4. Triglicéridos elevados: ≥ 150 mg/dl
5. HDL bajo: ≤ 50 mg/dl en mujeres y 40 mg/dl en hombres
Imagen síndrome metabólico

El sobrepeso como tal se presenta en cerca de un 65% de la población, algo verdaderamente alarmante y que elva de manera importante los costos en salud y con esto en mente procederemos a explicar una de las posibles causas.

El mamífero está programado para depender de lo que ofrece la naturaleza en términos de alimentos para su supervivnecia.  En este sentido, tenemos en el trópico una época del año conocida como invierno en donde gracias al sol mañanero y lluvias durante las tardes se da la materia prima suficiente para que haya crecimiento de la vegetación, misma que es utilizada por el segundo eslabón (los herbívoros), para bioacumular energía en forma de grasa.   Nótese aquí que el herbívoro consume carbohidratos, sin embargo su organismo almacena a partir de estos y gracias a bacterias fermentadoras, grasas y proteínas que le permiten crecer en dimensiones.

Imagen estación lluviosa

El tercer eslabón, los omnívoros como el ser humano se benefician de esa riqueza primaria de la vegetación al consumir productos vegetales y de la secundaria al consumir productos de origen animal y finalmente los carnívoros se benefician de toda la cadena al consumir productos de oringen animal.  Entonces tenemos que durante la época del invierno (abundancia de recursos), el mamífero se beneficia de lo que la naturaleza provee en forma de carbohidratos y, el ser humano en particular, funciona a partir de la conversión de los productos de origen vegetal en uno llamado glucosa cuando estos se encuentran como base de la dieta.

La otra época del año, el verano, acarrea implícitamente la desaparcición de los carbohidratos ya que estos se secan por ausencia de las lluvias y el mamífero está entonces diseñado para poder hacer una transición metabólica y funcionar a partir de las grasas que se almacenaron durante la época de abundancia, el invierno.  Básicamente funcionamos como un acordeón, en invierno almacenamos y nos engordamos y en el verano utilizamos la energía para sobrevivir aunte la ausencia de recursos y nos encogemos.  Esto es un ciclo natural.

Imagen estación seca

Nosotros no somos la excepción.  Nuestro cuerpo tiene la capacidad de funcionar a partir de glucosa obtenida de los carbohidratos (todo producto de origen vegetal), cuando hay suficiente cantidad proveniente de la dieta y ante la ausencia de estos podemos hacer una transición metabólica para funcionar a partir de ácidos grasos libres y sus subproductos para alimentar músculos y el cerebro.

Normalmente en sangre tenemos de 5 a 9 gramos de glucosa circulando en cualquier momento y esa cantidad es estrechamente vigilada por nuestro sistema de modo que cuando consumimos carbohidratos de la dieta que se ven reflejados en un aumento de estos nivles respondemos generando insulina para eliminar ese exceso y mandarlo a guardar.  Para ponerlo en perspectiva, al consumir 100 gramnos de pan se están consumiendo en promedio unos 75 gramos de glucosa, algo que resulta un extremo en elevación del nivel de glucosa en sangre según el estado basal.

Imagen de pan

El punto importante acá es que pueden suceder dos escenarios con resultados completamente diferentes dependiendo de la cantidad de carbohidratos consumidos:

Por un lado, si la cantidad de carbohidratos consumidos están dentro de la tolerancia individual nuestro cuerpo produce pocas cantidades de insulina y esta glucosa extra es enviada a guardarse al hígado para cuando se necesite reinvertir en sangre una vez que los niveles empiecen a bajar o al músculo para ser utilizada como fuente de energía mientras nos movemos.

Por otro lado, si esa cantidad consumida excede nuestra tolerancia individual, nuestro cuerpo responde agresivamente con un exceso de producción de insulina y esta situación provoca que la glucosa en exceso sea convertida en triglicéridos (grasa de almacenaje), que va a parar a algunos órganos y a los adipocitos que son las células que reservan grasa corporal.

Imagen de grasa corporal

Hay una situación que es clara y precisamente la base del problema, ya sea por un tema cultural; por la capacidad de químicamente preservar alimentos fuera de temporada; por dogma de la profesión que enseña la nutrición o por influencias comerciales y es que el ser humano tiende a consumir un exceso de carbohidratos en relación a lo que verdaderamente puede tolerar.  Esta situación provoca que a nivel biológico el mensaje sea que se está en época de invierno y el cuerpo responde haciendo precisamente lo que le corresponde en esta época que es almacenar grasa, es decir, en la mayoría de los casos (65% de la población), el ser humano se encuentra viviendo en una época de invierno eterna y nunca experimenta el verano anual para producir un equilibrio.

Imagen de carbohidratos

Toda esta situación conduce, por supuesto, a que el problema sea progresivo y dificil de manejar.

Un buen primer paso para solucionar el problema es disminuir de manera importante los carbohidratos que tienden a convertirse en gran cantidad de glucosa, es decir, granos y cereales; leguminosas; tubérculos; frutas y azúcares y sustituirlos por semillas y vegetales, ambos, grupos que se convierten relativamente en mucha menor cantidad de glucosa en sangre cuando se comparan por peso absoluto.

Bajo este contexto, la grasa natural y no la procesada como los aceites vegetales que han sido refinados, se puede consumir sin problema, así como las proteínas de origen animal pero ese tema quedará para un futuro blog.

Ya lo sabe, visite al menos una vez al año el equivalente a un verano metabólico y de seguro podrá ver una mejoría en su aspecto físico, riesgo cardiovascular e inversión en tratamientos médicos innecesarios.

Salud!

  • Comparta este artículo
Blogs

¿Por qué engordamos?

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota