19 abril, 2014

Al finalizar esta Semana Santa, llegamos una vez más al Domingo de Resurrección. Pasamos por la Cuaresma, el Domingo de Ramos, el Jueves y Viernes Santo, las historias, recreaciones, procesiones, celebraciones, misas, tradiciones, cultos y todo lo que sucede con más intensidad durante la Semana Mayor en el mundo Cristiano.

El personaje central es Jesús, su vida sin pecado, sus enseñanzas y milagros, la traición de la que fue objeto, su enjuiciamiento, la pasión y su muerte en la cruz para darnos la opción de salvación. Su llegada se anticipó por miles de años en fascinantes profecías y así, llegó de manera sencilla cuando una estrella anunció su nacimiento.

Su vida de 33 años fue transformadora, influyente y extraordinaria, enseñando a cada paso y ante miles de miradas, entre quienes creyeron en él, quienes dudaron y lo negaron. Algunos testigos de su vida milagrosa tradujeron su recorrido en cartas, historias e incontables testimonios. No debe sorprendernos que el compendio de libros antiguos que hoy conocemos como la Biblia, es el bestseller de todos los tiempos, es decir, el libro más vendido en la historia.

Algunos califican a Jesús como un personaje histórico, otros como un hombre extraordinario, muchos piensan que fue un profeta, otros lo ven como un símbolo revolucionario. Luego millones como yo creemos que Él fue también quien dijo ser: el Hijo de Dios hecho hombre.

Me fascinaría poder viajar en el tiempo y conocerlo en aquellas épocas, sin embargo, lo disfruto grandemente al haberlo conocido íntimamente hoy y contar con su influencia constante en la vida. A mi entender, más que una religión, su invitación es para todas y todos por una relación personal con Él, una que puede empezar sin creer pues podría iniciarse simplemente con seguir.

La figura de Jesús me atrae, pues quedó probado que la pasaba muy bien con la gente que menos se parecía a Él. De hecho, en la Biblia se recogen muchas historias confirmando que ser pecador o pecadora es más bien un requisito para una relación con Él. Los milagros del Mesías, como también se le llama, fueron dedicados a gente que se parecía más a mi y a nosotros que al Papa Francisco o la Madre Teresa.

Sin embargo, como si su vida entera no hubiese sido suficiente, es muy fuerte descubrir que la prueba crucial de su condición divina se encuentra precisamente en la resurrección, a manera de promesa para todas y todos nosotros. Así nos lo indica con su sacrificio, pues podemos nacer de nuevo para levantarnos desde la oscuridad y caminar hacia la luz. El autor de la mayor parte del Nuevo Testamento, Pablo, escribió que de no ser por la resurrección, el mensaje de Cristo habría sido inútil.

En la primer carta que escribió a los Corintios, en la sección que se numeró como el capítulo 15, Pablo se refiere a la resurrección como una especie de llave maestra a la vida de Jesús y nuestra fe en Él como el Hijo de Dios. Lo dice así, según la traducción llamada Nueva Versión Internacional: " Y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco la fe de ustedes.", y luego agrega: "Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y todavía están en sus pecados".

Es por esto que hoy es un gran día, pues recuerda que Cristo fue un milagro de vida al levantarse de entre los muertos y vivir con nosotros. Aunque muchos han intentado probar que no fue cierto, las evidencias confirman que sin la resurrección la historia habría sido otra. No en vano, desde aquella remota Jerusalén, sin publicidad en televisión, Facebook o Google tampoco, se inició el fenómeno social que más ha trascendido en la historia de la humanidad, trayendo en gracia la paz y libertad que solo se encuentra por medio de la verdad.

Como millones en el mundo, creo que la resurrección fue un hecho visto, confirmado y compartido desde aquel momento sobrenatural en el que sucedió. La resurrección de Cristo es por tanto, a mi nada teólogo entender, la confirmación final de su condición como Dios mismo entre nosotros.

Así las cosas, cualquier día es bueno para empezar de nuevo, y creo que es posible hacerlo al optar por una relación personal con Jesús.

Para ser realistas hay que creer en los milagros.

¡Feliz Domingo de Resurrección!

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