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El Hombre de acero, un nuevo héroe

El hombre de acero lidera la salvación del planeta.
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Nunca fui aficionado a Superman. A Batman sí; incluso, en el álbum familiar, descansa una fotografía en la que estoy al lado de una piñata “algo macuca” del oscuro superhéroe. Tenía quizás unos cinco años (yo, no la piñata) y mi sonrisa sin dientes me lleva a esos días simples y felices.

También por esas mismas fechas llegaría Superman al cine. Me llevaron a ver las dos primeras películas de aquella saga con Christopher Reeve. Las disfruté, pero no me capturaron. A partir de ahí, me olvidé del hombre de acero.

Ahora, tantos años después, Superman se aparece de nuevo en el horizonte cinematográfico. Esta vez, creo que sí logrará atraparme. La razón tiene nombre y apellidos: Christopher Nolan.

Cuando se anunciaba hace algunos años el relanzamiento de la franquicia y que en ella estaría involucrado Nolan, supe que algo bueno se avecinaba. El británico, uno de los más brillantes directores y guionistas de este siglo, hizo del alicaído género de los superhéroes algo que hasta entonces no conocíamos: películas de extraordinaria factura, con guiones sesudos y magistralmente escritos, muy bien actuadas, y con personajes complejos y completos con los que podíamos identificarnos. Y claro, en ellas, no faltaba la acción necesaria (y para nada gratuita) para mantenernos al borde de la silla durante todo su metraje. En pocas palabras: Nolan había hecho de las películas de superhéroes algo estremecedor. Ese cine, sí me atrapa.

Así que hace unos días, cuando me topé con este nuevo superhéroe (porque ciertamente Nolan está creando un nuevo Superman), el efecto Nolan comenzó a hacer su trabajo. Es cierto que en términos generales existe un hilo reconocible que nos remite a las primeras cintas del héroe volador con los calzoncillos rojos por fuera, pero la psicología del héroe se aleja del Superman ingenuo y bonachón que encarnaba Christopher Reeve.

El tono de El hombre de acero es sombrío, los giros de la historia son audaces y los guiños con el lado oscuro que todos llevamos dentro engrandecen la película. Basta un intercambio de frases entre Clark y su padre para darnos cuenta dónde Nolan y David S. Goyer (guionista de la reciente saga de Batman), con la complicidad por supuesto del director Zack Snyder, quieren llevarnos.

Jonathan Kent: “Tienes que mantener esta parte tuya en secreto”.
Clark Kent, a sus trece años: “¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Dejarlos morir?”.
Jonathan Kent, tras una breve pausa: “Tal vez”.

LA TRAMA

El general Zod intentará apropiarse de la Tierra.
El general Zod intentará apropiarse de la Tierra. ampliar


La historia empieza en Kryptón, un planeta al borde de la aniquilación. Primero que nada, el consumo desmedido de las riquezas naturales de su corteza están por llevarlo a la destrucción. Así lo anuncia Jor-El ( Russel Crowe), científico y líder político. Además, una rebelión del ejército, comandada por el general Zod ( Michael Shannon), está por acabar con cualquier tipo de gobierno.

En ese contexto, Jor-El y su esposa Lara Lor-Van ( Ayelet Zurer) deciden lanzar en una pequeña nave espacial y con rumbo al lejano planeta Tierra a su único hijo, Kar-El. Por supuesto, Kriptón desaparece, pero no los peligros que de él se derivan.

De ahí, la acción nos lleva varios años terrestres hacia el futuro. El joven Clark Kent (encarnado por Henry Cavill) y nombrado así por sus padres terrestres adoptivos ―Martha Kent ( Diane Lane) y Jonathan Kent ( Kevin Costner)― deambula por el mundo en busca de respuestas. ¿Por qué tiene esos súper poderes? ¿Por qué es diferente a los demás? ¿Por qué debe de ocultarlo?

Este primer tercio del filme, en el que las secuencias nos llevan recurrentemente hacia atrás, a los confusos momentos de infancia de Clark en su “natal” Kansas, son los mejor logrados de la película. Son pausados, se toman su tiempo para hilvanar la historia y son fotografiados en tonos que nos remiten a los años perdidos, a los años de la inocencia. Son, además, momentos duros. Clark es, de alguna manera, un extraño en su propio pueblo. Se mofan de él, lo desprecian, lo humillan. Y él, como le ha enseñado su padre, contiene su furia. Son, también, momentos de grandísima tristeza para Clark. Esta búsqueda angustiante de respuestas es además un recorrido del espectador hacia este nuevo héroe. Así, como hiciera Nolan en el primer acto de la saga de Batman, lleva al héroe a reconocerse como tal y, a nosotros, nos presenta a un nuevo Superman.

COLISIÓN DE FUERZAS EXTRAORDINARIAS
Ya para el segundo tercio de la cinta, la acción crece y la intimidad retrocede. No está mal; ciertamente, estamos ante una cinta de acción y ciencia ficción. El general Zod, enemigo de Jor-El, se las ingenia para llegar a la Tierra. Hasta ella ha rastreado al hijo de Jor-El y, en una muestra de poderío y superioridad tecnológica, exige al mundo la entrega del extraño ser que desde hace 33 años pasa desapercibido en la Tierra. De lo contrario, amenaza Zod, la Tierra sufrirá las consecuencias.

Clark Kent, sin confiar en el general, decide entregarse. Para él, la Tierra es su planeta; los humanos, sus semejantes. En esta parte, comienza el último tercio del filme: acción en toda la dimensión de la palabra.

Las batallas de dimensiones épicas se suceden una tras otra. Escenas de catástrofes y destrucción (que nos remiten inconscientemente a las que vimos en directo mientras colapsaban las Torres Gemelas) son la tónica. Por momentos, Metrópolis es una sucursal del infierno.

FIN DEL PRIMER ACTO
Se cierra el telón de esta primera entrega. La saga promete convertirse en trascendental para el cine de superhéroes; tal y como lo hizo Batman y, en menor medida, Iron Man. ¿Debemos verla? Ciertamente, sí. Sus 143 minutos en pantalla mantendrán su atención durante todo el metraje. Salvo el fallo de algunos personajes que no se desarrollaron del todo ante nosotros, como Luisa Lane (Amy Adams), apenas esbozada y nada compleja, o Lara Lor-Van (Ayelet Zurer) y Martha Kent (Diane Lane), sin peso real en la trama, El hombre de acero nos lleva por nuevos caminos.

La actuación de Kevin Coster, como Jonathan Kent, es una de sus mejores intervenciones en años. El papel del villano, esencial en este tipo de cintas, recayó en las inmejorables manos de Michael Shannon (a quien recordamos de la extraordinaria Revolutionary Road), impecable aquí como el general Zod. Su fuerza histriónica convirtió a sus escenas en algunos de los mejores momentos de la cinta. Y Henry Cavill, como el hombre de acero, complace a todo el espectro de seguidores del superhéroe.

Un nuevo héroe ha nacido. Superman, tal y como lo conocimos, ya no existe. Ahora estamos ante El hombre de acero. Y éste promete estremecernos hasta las entrañas.

DIRECCIÓN: Zack Snyder. GUIÓN: David S. Goyer, basado en la historia por David S. Goyer y Christopher Nolan, así como los personajes aparecidos en las historietas publicadas por DC Entertainment; Superman es creado por Jerry Siegel y Joe Shuster. FOTOGRAFÍA: Amir Mokri. EDICIÓN: David Brenner. MÚSICA: Hans Zimmer. DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Alex McDowell. VESTUARIO: James Acheson y Michael Wilkinson. SUPERVISOR DE EFECTOS ESPECIALES: John Desjardin. PRODUCCIÓN: Charles Roven, Christopher Nolan, Emma Thomas y Deborah Snyder. ESTUDIO: Warner Brothers Pictures. DURACIÓN: 2 horas y 24 minutos.

ELENCO: Henry Cavill (Clark Kent/Kal-El), Amy Adams (Lois Lane), Michael Shannon (el general Zod), Diane Lane (Martha Kent), Russell Crowe (Jor-El), Antje Traue (Faora-Ul), Harry Lennix (General Swanwick), Richard Schiff (Dr. Emil Hamilton), Christopher Meloni (el coronel Nathan Hardy), Kevin Costner (Jonathan Kent), Ayelet Zurer (Lara Lor-Van), Laurence Fishburne (Perry White), Cooper Timberline (Clark Kent a los 9 años) and Dylan Sprayberry (Clark Kent a los 13 años).

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