Quienes somos

Fernando Durán Ayanegui

Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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Mea culpa

Llegan a nuestras manos cuatro libros, de publicación reciente, que pudieron haber sido escogidos como textos para un curso sobre la herencia histórica de la culpa:

Tinta fresca: "La modestia", por Fernando Durán

La frase, proferida por un católico belga practicante, me reconfortó, pero también me advirtió que la modestia nunca está de más.

Alerta

La semana pasada confundimos a algunos lectores al mencionar –quizás sin necesidad– el diluvio universal.

Y ¿el arca?

Aunque, probablemente, millones de personas la dan por cierta, la historia de Noé es tan inverosímil que exige una credulidad solo superada por la fe que ella misma le atribuye al constructor del arca, no por su convicción de que recibía instrucciones directas de Dios, sino por la esperanza que debió de tener de que sus contemporáneos lo tomaran en serio.

El precio

Ayer, en un nada ejemplar espectáculo, todos, desde una empresa fabricante de comida chatarra, hasta un sitio web pornográfico, estuvieron muy ocupados apropiándose del legado de Martin Luther King Jr.

Mapas ‘wash and wear’

Puede que en estos momentos, Garibaldi, aquel gaucho separatista y republicano que regresó desde Sudamérica para terminar convertido en unificador monárquico de Italia, sienta trepidar su tumba si es que esta existe todavía.

Piensa y calla

En su libroFiguraciones mías, Fernando Savater parece anunciar la pronta desaparición del periodismo de opinión; y nos convence no solo por las razones que él esboza, sino, además, por otras igualmente obvias, en relación con las cuales ahora “nos cae la peseta”, como corre el dicho popular.

‘Hello’, Vladimir

En este sueño, la agencia de espionaje de la República Popular de China nos permite escuchar el final de una conversación, vía el “teléfono rojo”, entre Obama y Putin.

Espectros

Es de sospechar que con los tratados sobre el origen de las supersticiones se podrían llenar bibliotecas enteras, y que existen religiones nacidas de las pesadillas aunque no tantas como las que ha fundado la codicia de los predicadores que en Norteamérica saltan de un improvisado templo a una limusina y de esta a un mundano estudio de televisión.

Tecleando

En una carta escrita hace apenas cinco años, un entusiasmado Paul Auster (novelista nacido en 1947) le contaba a su colega John M. Coetzee que, días antes, un amigo le había regalado una máquina de escribir Olivetti fabricada allá por 1958, “un artilugio bonito y compacto” que en adelante usaría como “máquina de escribir de viaje, algo de lo que he estado desprovisto durante años”.

Metaforismo

El que un político costarricense haya recurrido a la idea del “reseteo” de las computadoras como metáfora para expresar lo que él piensa que debe hacerse con nuestro país, provocó la urgente convocatoria de uno de los círculos pensantes de la calle de la Amargura.

Mesura

Recordamos que tío Néstor decía: “Hay personas tan brillantes que la inteligencia les sirve solo para desperdiciarla”.

Biopolítica

A juzgar por la abundancia de peces que se ve en los océanos, ahí ningún animal debería pasar hambre. El pez grande se come al chico, dicen, y a creer que hasta el comido muere saciado. Pero podría no ser siempre así.

Las bromas

Esta parece haber sido una semana de bromas. Dos fuentes nos informaron por la red de que el 2014 es un año es-pe-cial porque su mes de agosto tendrá cinco domingos (día 3, el primero de ellos), cinco viernes y cinco sábados, circunstancia que, según nuestros asombrados corresponsales, ocurre una vez cada 823 años y es llamada por los chinos “los bolsillos llenos” o algo por el estilo.

Sainete

Un conocido nuestro dispuso apostar cierta suma de dinero a que el anuncio de Ottón Solís de que renunciaría a su candidatura a diputado, si antes no lo hacía un compañero de papeleta, era solo “una amenaza con la vaina vacía”.

¡Ay de los vencedores!

La historia la escriben los vencedores”, reza el manido lugar común.

‘Fliz’año

Escribimos este texto el 24 de diciembre y, olvidando por un momento que será publicada en enero, estuvimos a punto de intentar un saludo o un cuento de Navidad.

Pensándolo bien

Podría preguntarse si la exhortación, por parte de los políticos, para que los electores dedicaran los días de recogimiento navideño a reflexionar sobre sus intenciones de voto no fue sino un maullido de manigordo en la entrada del gallinero.

Encima o debajo

Hasta ahora caigo en que tuve a mi alcance el significado de la frase “recibir por debajo de la mesa” desde que, con mis primeras letras, mi abuela me enseñó a amarrar tamales.

Homenaje

En esta época carente de auténticos liderazgos, es natural que la desaparición de Mandela provocara una riada de tinta. Fue patético el esfuerzo de muchos personajes –que en su tiempo habrían sido sordos a las demandas de ayuda del libertador de Sudáfrica– por levantar, sobre esa inundación de loas, sus débiles olitas de ditirambos.

Pánico

Una semana después de la publicación de la última encuesta-terremoto de Unimer, el pánico sigue generando sus propios escombros.

Polo

Caminar por el centro de San José, un mediodía de domingo, solo debe hacerse en casos de emergencia y en un estado de alerta propio del zaguate perdido en un velódromo. Cierto descuido nuestro le permitió a una guapa muchacha, a quien tomábamos por una activista religiosa, desplegar aptitudes de carterista londinense introduciéndonos en el bolsillo de la chaqueta un vistoso panfleto.

Diógenes

La Feucr fue, a principios de los años sesenta, anfitriona de un congreso centroamericano de estudiantes universitarios al que asistieron las seis uniones nacionales estudiantiles de la región.

Protocolo

¿Quién no vio, años ha, la película Los sueños, del director Akira Kurosawa?

Prudencia

Informa la prensa del predicado en el que podría encontrarse el Instituto Costarricense de Electricidad por la necesidad de aumentar –”reajustar” suena a eufemismo– las tarifas eléctricas.

Alfabetización

El domingo pasado, a la salida de misa, conversamos con el vendedor estrella de una importante librería josefina.

Poseidón

Se supone que en las novelas televisadas latinoamericanas, los culebrones, se ensartan episodios por lo general poco creíbles, con una precisión dramática que asegura la llegada del desenlace justo cuando el interés de los televidentes y la paciencia de los anunciantes pueden comenzar a flaquear.

Cara o cruz

Presentadas ya las alineaciones de la campaña electoral, y observando los seis partidos que pueden soñar con obtener más del 5% de los votos, queda más o menos claro que las únicas diferencias perceptibles entre ellos son los colores de sus banderas.

Amebas

En mis tiempos de joven estudiante solía borronear piezas que me atrevía a llamar cuentos y algunas de ellas vieron pálida luz en publicaciones efímeras llamadas revistas literarias, una de las cuales no pasó del número cero –edición experimental de unos 200 ejemplares– que pifió como cachiflín mojado en un turno de octubre.

Desertando

Una suerte de atavismo cívico me hacía apoyar sin reservas a un buque insignia de nuestra flota institucional y, cuando había opciones, fui fiel usuario de los servicios del Instituto Costarricense de Electricidad.

Mutis del tamal

El tema de hoy es el tamal tico, pero no se trata de anunciar su prohibición, aunque, dados los precios que alcanzan sus ingredientes, puede que el Ministerio de Salud ya lo haya declarado tóxico.

Dos testimonios

Leímos los libros, publicados en Costa Rica, de dos autoras extranjeras, las señoras Liesel Derezinski Selva, nacida en Tegucigalpa en 1935, y Luisa Hermans, nacida en Bruselas en 1920. El primero (Nuestra odisea, Ediciones Uruk) apareció en el 2006, el segundo (Esmeralda, crónica de mi supervivencia, Editorial Promesa) es del año que corre.

Hormigueros

“Una violación de la ley por alguien investido de un poder público es mucho más grave que la misma falta cometida por un ciudadano privado”.

Pensar y soñar

Tengo un amigo a quien le revienta que sus coetáneos le cuenten las “gracias” de sus nietos. Como tenemos la mala suerte de vernos poco, no reventará por mi causa, a menos que lea esta columna.

Plus’ y ‘minus’

Todos nos hemos preguntado alguna vez por qué, existiendo la palabra huérfano para designar al huérfano, no existe otra que designe al joven a quien se le han muerto sus tíos.

Grey, no rebaño alquilado

A mediados de 1995 tuve la suerte de presenciar, en la ciudad sudafricana de Johannesburgo, la inauguración del Tribunal de la Verdad, presidido por el reverendo Desmond Tutu, obispo de la Iglesia anglicana.

Cambalacheo

De paso por Canadá, pude dedicarle un buen rato a la observación directa -en vivo y a todo color diría un locutor de la TV- del comportamiento colectivo de cierta especie de pingüinos.

Espionaje

Esta podría ser la más vieja historia de espías.

Chitón

“Yo creía que en mi barrio”, reflexiona detrás de su copita de ron el viejo maestro alajuelense, “el descanso de la gente no era interrumpido por ruidos molestos, pero un día me enteré de que algunos vecinos se quejaban porque los perros ajenos ladraban toda la noche”.

Sobre valvas

“De los mejillones solo se deben comer los que salen de la olla con las valvas abiertas; los que salen cerrados hay que dejarlos, pueden ser tóxicos”, advirtió Michelle R.

Goleadas

Se ha comentado mucho cierta diferencia entre el historiador militar y el historiador de la literatura.

Apuesta

Para escapar de un aguacero, invadimos un café de San Pedro. Éramos uno arquitecto, otro economista, el tercero pintor y propietario de una hato de cabras y los demás intentábamos ocultar nuestros fracasos vocacionales.

Las medusas

Condenada de antemano al basurero, escribimos hace muchos años una alegoría basada en el naufragio de la fragata francesa “Medusa”, ocurrido en 1816 frente a la costa oriental de África y tras el cual unas 150 personas fueron abandonadas en una balsa improvisada.

Papel del papel

Lo recordamos vagamente. Basándose en un fortuito hallazgo arqueológico, cierto historiador aventuraba cómo fue el traslado forzoso de un magistrado de la Antigüedad destinado a un nuevo cargo.

Cuestión de pitos

Esta es una historia sin moraleja sobre la idea del progreso. Ella se llama doña Matilde y lo breve y casual de nuestro encuentro no impidió que me expresara su tristeza por estar a punto de dejar la casa de toda su vida a causa de la rehabilitación de la vía férrea que pasa por el frente. Cuando ella iba a la escuela, en su grupo era la única niña que vivía “por la línea” y, como el primer tren de pasajeros pasaba muy temprano, era siempre la primera en llegar a clases. Curiosamente, ella, tan relacionada con aquel ruidoso medio de transporte, nunca viajó en tren: no le hizo falta porque el cruce con la carretera por donde circulaban los autobuses estaba mucho más cerca que la más próxima parada del ferrocarril y, además, “el tren era solo para viajes largos”.

Impunidades

Relata Kurt Vonneguth el viaje que hizo en un vuelo comercial, de un extremo a otro de Estados Unidos, en compañía de su hermano, físico especialista en el estudio de la electricidad atmosférica, quien llevaba en el equipaje de mano –algo impensable en nuestro tiempo de amenazas terroristas– un aparato que permitía escuchar e interpretar las conversaciones eléctricas entre diversas zonas de la atmósfera, en el entendido, claro está, de que saber algo sobre el significado de los borborigmos tecnológicos de aquel artefacto nada resolvía con respecto a la siempre latente posibilidad de que un rayo hiciera pedazos el avión. Conclusión: las tormentas eléctricas son fácilmente observables, pero su espectacularidad sónica y luminosa no los convierte necesariamente en fácilmente comprensibles aunque se cuente con un aparato de medida.

Pilateando

Finalizada la II Guerra Mundial, el oficial de las SS Rudolf Höss, comandante del campo de concentración de Auschwitz, capturado y puesto a la orden del tribunal que lo condenaría a muerte, escribió antes de su ejecución una especie de testamento en el que consignaba los detalles de su colaboración con el régimen nazi y de su participación en el exterminio masivo de gitanos, judíos, rusos y polacos. Más de 60 años después, el escritor suizo Jurg Amann tomó aquella satánica confesión y la convirtió en un resumen, a manera de monólogo, cuya fidelidad, Amann garantiza, con la siguiente afirmación: “Ante la realidad, toda invención es obscena. Sobre todo, allí donde la verdad está al alcance de la mano”.

Chapeau

Es un libro de 280 páginas y, aunque hasta el momento lo encontraba interesante, todavía no estaba seguro de que lo terminaría; pero en la página 49 comienza un breve capítulo titulado “Un padre y un hijo”, y cuando ya lo he leído siento un nudo atravesado en la garganta y pienso que cualquier lector al que no le ocurra lo mismo debe de haber perdido el alma para siempre. Ahora sé que leeré, hasta la última, cada una de las páginas que me faltan de El infinito viajar, obra del escritor triestino Claudio Magris, publicada en español en 2011 por la editorial Anagrama.

Chapeau

Es un libro de 280 páginas y, aunque hasta el momento lo encontraba interesante, todavía no estaba seguro de que lo terminaría; pero en la página 49 comienza un breve capítulo titulado “Un padre y un hijo”, y cuando ya lo he leído siento un nudo atravesado en la garganta y pienso que cualquier lector al que no le ocurra lo mismo debe de haber perdido el alma para siempre. Ahora sé que leeré, hasta la última, cada una de las páginas que me faltan de El infinito viajar, obra del escritor triestino Claudio Magris, publicada en español en 2011 por la editorial Anagrama.

Chapeau

Es un libro de 280 páginas y, aunque hasta el momento lo encontraba interesante, todavía no estaba seguro de que lo terminaría; pero en la página 49 comienza un breve capítulo titulado “Un padre y un hijo”, y cuando ya lo he leído siento un nudo atravesado en la garganta y pienso que cualquier lector al que no le ocurra lo mismo debe de haber perdido el alma para siempre. Ahora sé que leeré, hasta la última, cada una de las páginas que me faltan de El infinito viajar, obra del escritor triestino Claudio Magris, publicada en español en 2011 por la editorial Anagrama.

Estultocracia

Hace pocos días circuló la noticia de que tres hermanos, originarios de otro país árabe, fueron expulsados de Arabia Saudita porque el ministro encargado de proteger la virtud en ese estado democrático –categoría obligada de los socios feudales de EE. UU.– consideró que la extraordinaria belleza masculina de aquellos musulmanes es tan perturbadora que resulta obscena. ¿Qué alimentos ingerirá ese varonil ministro para mantener incólume su perturbada virilidad?

Verde y negro

Ya ocurrió la visita del presidente Obama a Centroamérica y ahora los expertos en una gran diversidad de disciplinas pasarán varios años evaluando sus efectos inmediatos.

Verde y negro

Ya ocurrió la visita del presidente Obama a Centroamérica y ahora los expertos en una gran diversidad de disciplinas pasarán varios años evaluando sus efectos inmediatos. Mientras tanto, un vecino nuestro sin formación específica nos aseguraba, a principios de semana, que el Gobierno de Costa Rica dejó pasar la oportunidad de asestarle un golpe irreparable a Daniel Ortega, algo que habría conseguido con solo proponer que la reunión de mandatarios tuviera lugar en Managua. Pero nunca se sabe.

Fin del respeto

Alimentada por una lectura muy antigua, la memoria no nos da para una cita literal, así que nos limitaremos a resumir un relato que Jonathan Littel inserta en Las Benevolentes, novela en la que, asegura el autor, solo se narran hechos ciertos, salvo por los elementos indispensables para armar una trama literaria. Se trata de un oficial alemán de las SS que, cuando ya la aventura nazi va quedando triturada por la tenaza rusa-anglonorteamericana, intenta regresar a Berlín en medio de un caos apocalíptico y en el camino se encuentra, de pronto, con una banda de preadolescentes de aquellos que la demencia final de Hitler puso en pie de combate a falta de hombres aptos. Creyendo que frente a las evidentes credenciales de su alto rango los jovenzuelos le van a obedecer, el oficial intenta ponerlos en orden. Pero, para entonces, los niños soldados se han convertido en una horda desprovista de todo sentido de disciplina y más bien se muestran dispuestos a agredir al hasta hacía poco arrogante y despiadado ejecutor de torturas y asesinatos en masa.

Susurro en el silencio

Tras la renuncia del Ministro de Obras Públicas a raíz del escándalo de la trocha fronteriza, circuló la noticia de que sería sustituido por un ingeniero cartaginés, miembro del Partido Liberación Nacional, cuyo nombramiento podría haberle restituido a la administración Chinchilla algo de la credibilidad que había venido perdiendo a raudales. Fue incomprensible, entonces, que aquel buen candidato fuera finalmente descartado, e imaginamos que nuestra extrañeza era compartida por muchos, pero cualquier comentario sobre el tema habría estado de más mientras no se vislumbrara la misteriosa razón que motivó el curioso viraje.

De novela

El escritor José Ricardo Chaves demostró recientemente, en este periódico, que la poeta costarricense Eunice Odio jamás fue colaboradora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), rumor del que yo nunca antes había sabido y de ninguna forma habría creído. El señor Chaves hizo muy bien su tarea y solo se me quedaron detrás de la oreja dos datos secundarios: la idea, vagamente familiar, de que la ilustre poeta estuvo por algún tiempo vinculada al Partido Comunista y el hecho de que Eunice habría coincidido en México, en una fiesta, con Lee H. Oswald, el futuro supuesto asesino del presidente Kennedy. De haber sido cierto esto último no pasaría de ser una anécdota trivial, que podría haber revestido alguna importancia si -y solo si- Eunice hubiera estado en verdad ligada a la CIA: tantas veces ha sido acusada esa agencia de espionaje de estar involucrada en la eliminación física de estorbosos jefes de estado extranjeros, que ¿por qué tendría ser diferente tratándose de un estorboso gobernante estadounidense?

Juega de nuevo

En una leyenda originaria de Lituania, y que con variaciones aparece en “Cuentos populares italianos del siglo XIX”, de Italo Calvino, un hermano envidioso se gana una joroba por haberle agregado al canto de las brujas la frase “domingo siete”. Hoy es el primer domingo 7 (el segundo será el 7 del mes 7) del año 13 del siglo 21, y este último número es el resultado de multiplicar 3 por 7, todo lo cual podría prestarse para cábalas, ya que el 13 se considera el número de la mala suerte y tanto el 3 como el 7 se reputan, en diferentes religiones, de ser el de la buena estrella. Pero esas son tonterías. En honor a la fecha, vamos a salir hoy con un domingo 7, no accidental como el de la leyenda sino deliberado.

Una lección

Me cuenta un amigo que, desde hace algún tiempo, las únicas anécdotas personales nuevas que se atreve a contar son las que tienen como protagonistas a sus nietos, algo que aburre a sus interlocutores en las antesalas de los médicos y en las manifestaciones de protesta contra el gobierno. Por ello, para no quedarse mudo en el transcurso de esos memorables encuentros –que, pese a todo, son más entretenidos que los partidos del campeonato mayor de futbol–, se mueve dentro de la alternativa de contar historias apócrifas –o sea, mentir sin las consecuencias funestas de las patrañas de diputados, ministros y algunos narradores deportivos– o describir las monumentales tonterías que pone en su Facebook un alto funcionario cuya “zoofisticación” da para escribir un tratado de mil páginas. “¿No tendrá amigos o parientes compasivos que le adviertan que esos desbarres suben a la nube y podrían ser las únicas referencias a él que hagan en el futuro los historiadores?”, reflexiona mi amigo.

...algo queda

Algunos se indignaron a causa de un artículo del doctor Jaime Gutiérrez Góngora publicado el miércoles anterior en este periódico, y no entendemos por qué. Tenemos el privilegio de hablar de vez en cuando con él y nos consta que si bien el doctor Gutiérrez es una persona de ideas fuertes en muchos sentidos, y las expresa con un énfasis que alguien podría interpretar como dogmatismo, es una persona con quien se puede discrepar civilizadamente y lejos de cualquier riesgo de morir a golpes de epitetazos (parafraseamos al político local que, al comentar la muerte de Sócrates, se la atribuyó a una agresión a “cicutazos”).

Pedagogos

Cuando se comenta lo arcaico de nuestro sistema educativo, en el que el formato del aula y la dinámica de la relación maestro-alumno no han cambiado esencialmente en un siglo, retorno a las frustraciones experimentadas durante los años en que fui profesor de secundaria en un colegio público materialmente muy desprovisto, en el que, como en todos, se imponían unos rígidos y vetustos programas por asignaturas contra los cuales, con escaso éxito, nos rebelábamos unos cuantos profesores. Sobre aquella mala experiencia prefiero, quizá por un cargo de conciencia ante quienes fueron mis alumnos y mis alumnas, guardar callada memoria. La peor de mis pesadillas sobreviene cuando sueño que estoy de nuevo a punto de iniciar una lección de química “ante” un grupo de jóvenes de séptimo año.

Inmortalidad

El lunes pasado leí en este diario, de un notable pensador costarricense, un bellísimo artículo en el que se perfila una suerte de lamento por la brevedad de la vida humana. “Por eso, cuando termine mi tránsito por estos lares, prometo que le diré a quien me reciba al otro lado, que el encargado de fabricar hombres se equivocó al acondicionarlos para vivir tiempo tan corto”, escribió. Unas dos horas después de esa lectura, cayó en mis manos el texto de una entrevista que el poeta Wolgang Farkas le hizo, en noviembre de 2002, al poeta y novelista francés Michel Houellebecq, quien declara: “Que quede claro: la vida tal cual, no es mala. Hemos realizado algunos de nuestros sueños. Podemos volar, podemos respirar bajo el agua, hemos inventado aparatos electrodomésticos y el ordenador. El cerebro, por ejemplo, es un órgano de gran riqueza y la gente muere sin haber explotado todas sus posibilidades. No porque la cabeza sea demasiado grande, sino porque la vida es demasiado corta. Envejecemos con rapidez y desaparecemos. ¿Por qué? No lo sabemos, y si lo supiéramos nos sentiríamos igualmente insatisfechos. Es muy sencillo: los seres humanos quieren vivir y sin embargo tienen que morir”.

Tercer apellido

La razonada definición del novelista como “forjador de mundos épicos” se la debemos a Stefan Zweig, para quien los únicos tres grandes novelistas del siglo XIX fueron Balzac, Dickens y Dostoievski, algo con lo que sería difícil estar en desacuerdo una vez que el mismo Zweig aclara que otros como Goethe, Flaubert o Tolstói pudieron ser grandes pero, por así decirlo, no pasaron de ser grandes “autores de novelas”. No conocemos de algún intento por entrar en una definición semejante aplicada al siglo XX, aunque es cierto que Milan Kundera parece parodiar a Zweig al examinar la obra novelística de García Márquez, Rushdie y Chamoisseau, tres considerable autores de novelas, uno en español, otro en inglés y el último en francés. Por eso consideramos que cuando Kundera consagra aquella sentencia inapelable según la cual “el novelista no tiene que rendirle cuentas a nadie excepto a Miguel de Cervantes”, se refiere al novelista como lo concibe Zweig, pues el checo no puede ignorar que un escritor de novelas -al igual que un escritor de ensayos, relatos, dramas o poemas- siempre les deberá explicaciones a, entre otros, los lectores que le dedican su tiempo.

Ultratumba

Aquel sigue siendo mi único encuentro con el más allá. Ives Bossard y yo éramos aspirantes al doctorado en ciencias, pero vivíamos en planetas diferentes: él ya había avanzado mucho en su investigación en un laboratorio de química de la combustión y yo apenas comenzaba, en otro, a ocuparme de mi proyecto de síntesis orgánica, de modo que apenas si nos veíamos ocasionalmente en la biblioteca del Instituto y teníamos la oportunidad de conversar solo en el restorancito en el que solíamos almorzar. Bossard engullía casi siempre una orden de emparedados de pepino con crema saturada de anchoas, yo tendía a exponerme al peligro de un bol de mejillones hervidos acompañado de papas a la francesa y bebíamos cerveza de la misma marca tal vez porque la fábrica original de Stella Artois se levantaba en el vecindario. Él era francofono pero nos entendíamos en español dado que, gracias a la ventaja que me llevaba con el latín de la secundaria belga y dos veranos pasados en Madrid, dominaba la lengua de Cervantes mucho mejor que yo la de Rabelais. Él era activista de la rama valona del Partido Socialista y yo creía todavía en la existencia de la socialdemocracia latinoamericana, razón por la cual hablábamos más de política que de química. Cuando en 1968 las fuerzas soviéticas ocuparon Checoslovaquia, lamentablemente no tuve la oportunidad de abordar el tema con él porque, según respondió a mi pregun- ta el garçon del restorán, “Monsieur Bossard murió fulminado por una pulmonía y fue sepultado hace una semana en su pueblo natal”.

Tautologías

Algo hay de masoquismo en la lectura de textos que nos recuerdan cuán ignorantes seguimos siendo. Como me ocurre cuando leo al divulgador científico barcelonés Jorge Wagensberg (n. 1948), a quien agradezco el haberme curado de un sinnúmero de lagunas y errores científicos y prejuicios artísticos, religiosos y hasta políticos. Si de mí dependiera, al menos una de sus obras sería lectura de rigor en los cursos introductorios universitarios; y en las carreras de ingeniería, arquitectura y artes su libro “La rebelión de las formas” figuraría al lado de la Biblia y de “Las ciudades maravillosas” de Italo Calvino.

Turequeo

La semana pasada, un amigo nos llamó, como quien dice con el pelo parado, para comentar: “En este país ya todas las marranas paren trillizos: en la oposición siguen apareciendo precandidatos presidenciales y hoy, faltándonos menos de un año para las elecciones, todavía andaban unos babosos recogiendo firmas para inscribir un partido salvador de la patria”. “Colega, podrían no ser babosos sino entusiastas operarios de la productiva industria del turequismo”, le respondimos, pero dio muestras de no saber a qué nos referíamos.

King

Si se guardaran todos los discursos de los gobernantes del mundo, generarían la biblioteca más voluminosa e inútil de cuantas se han visto; pero por dicha, con la rápida desaparición del papel como sustrato del texto escrito, a lo sumo existirá algún día como un archivo electrónico destinado al complacer a los pocos masoquistas alfabetizados que dis-frutan de la retórica política y olvidan que el grueso de lo que se se supone dicho o escrito por los estadistas contemporáneos es tan solo una especie de bótox intelectual producido, no en laboratorios industriales sino en los escritorios de ghost writers (si se habla en inglés) o “negros” (si se dice en español). Por ejemplo, la identidad del autor de los discursos más importantes de John F. Kennedy es conocida. Preguntar quién es el ghost writer (o el “negro”) del Presidente Obama no significa en absoluto andar en busca de un juego de palabras de mal gusto.

Saqueología

Otoño de 1971. Mientras recorría por vez primera Cambridge, Massachusetts, me encontré frente un paisaje que le habría parecido familiar a cualquier costarricense: al fondo de una avenida peatonal se hallaba la esfera de piedra más grande que había visto hasta entonces. “Apuesto a que es tica”, me dije, y al leer la placa metálica que confirmaba mi sospecha me llamó la atención que las autoridades de la Universidad de Harvard agradecieran la donación de la pieza indígena solo a personas y empresas particulares y no al pueblo ni al gobierno de Costa Rica, por lo que me pregunté si su transferencia no habría sido ilegal. Después de todo, ya se sabía del empeño de una famosa actriz griega -quien más tarde sería ministra de cultura en el gobierno de Papandreu el viejo o, como dicen algunos, Papandreu el bueno- por repatriar ciertas piezas arqueológicas de las que su país había sido despojado por museos extranjeros.

Sorpresas

Lo único sorprendente en el retiro del precandidato Rodrigo Arias de la contienda interna del PLN fue la sorpresa de quienes se mostraron sorprendidos por la noticia de una muerte largamente anunciada por las encuestas. El sentido común debió de haber predispuesto a todo el mundo a escuchar la nueva, en cualquier momento y sin sobresaltos. Lo que siguió -la consolidación del alcalde de San José como candidato del PLN- iba a ocurrir de todas maneras en abril y, por lo tanto, ya era una pieza fundamental del tablero que se estaba montando para las elecciones generales del próximo año.

Misión imposible

Me dio un par de lecciones aquel amigo comunista que atendía una pequeña tienda de la calle Belascoaín, en la que expendía habanos, cigarrillos y el resto de la parafernalia del fumado, aunque él mismo odiaba el tabaco. Jugaba ajedrez todo el tiempo y conversaba tranquilamente con todo el mundo mientras que algunos de mis excompañeros de estudio ya se ocultaban de los esbirros del régimen o habían escapado al exilio. Así, al tiempo que los policías rompían crismas de estudiantes a cachiporrazos, el pensador ajedrecista ejercía su credo con la segura desfachatez que la dictadura batistiana les toleraba a los camaradas siempre que se limitaran a despotricar contra el imperialismo yanqui y callaran sobre la política local. Una vez me contó que el gran amor de su vida había sido la esposa de un jefe de bomberos a la que veía a hurtadillas cuando el apagafuegos se encontraba de guardia, aunque se sentía más seguro cuando en algún lugar de La Habana ocurría un incendio digno de atraer las cámaras de la televisión. Puso fin a su aventura tras descubrir que la pasión llegaba a tanto que “chico, caí en la cuenta de que ya estaba a punto de volverme pirómano, así que abandoné a esa mujer exactamente como abandoné mis estudios universitarios: sin previo aviso, pero sano. Y en política tiene que ser igual, c..., siempre lejos de lo que arde ¿tú me comprendes?”.

Tregua

Sería mal vista una columna de fin de año que no incluyese un saludo optimista, no importa cuán destemplado haya sido el clima de este diciembre. Deseamos a las (y los) habitantes del planeta tanta prosperidad y tanta felicidad en 2013 como las que nos quieren deparar todos los (y todas las) gobernantes del mundo. Es justo expresarlo así porque, por mucho que buscamos en la literatura escrita y electrónica, no encontramos una sola mención de un (o una) gobernante que confesara el propósito de hacer algo infeliz a su pueblo. Así las cosas, lo único predecible es un año de incontenible regocijo para una especie humana que sobrevivió con serenidad a las amenazas de la profecía maya.

Terror en la FIFA

Por fin tenemos una explicación sobre la alarma que experimentaron las autoridades de la FIFA tras la decisión, por parte de las modestas federaciones suiza y belga de fútbol, de suspender el encuentro amistoso que habrían de escenificar sus respectivas selecciones hoy 28 de diciembre en la ciudad de Berna. Aun cuando iba a ser un intrascendente encuentro de fogueo, la FIFA considera que el motivo por el cual se suspendió pone en inmediato riesgo las competiciones de fútbol, baloncesto, waterpolo y voleibol en casi todo el mundo.

Y¿con qué?

El dicho “¿con qué se sienta la cucaracha?” era en otro tiempo una expresión más áspera y servía para bajarle los humos a cualquiera que manifestara pretensiones fuera de proporción con sus méritos o sus recursos. Lo recordé en su forma irreproducible tras leer los comentarios de los columnistas González y Guardia sobre los precandidatos oposicionistas a la presidencia de la República que ambos clasifican acertadamente como los del “margen de error”. Obsérvese, eso sí, que tales especímenes no se encuentran únicamente dentro de los partidos de oposición: algunos nadan aún en el PLN, pero se trata tan solo de sardinas en un mar en el que el oleaje del acorazado Araya ya acabó hasta con las ballenas. Por otra parte, en estos días surgió, de pronto, la necesidad de redefinir el concepto de “error” que se aplica a este caso, pues a los microcandidatos del PUSC y –tres eran tres– del PAC que en las encuestas despiertan un interés inferior al margen de error, parecen haber querido sumarse dos precandidatos de mayor peso, aunque solo potenciales, del PAC que incurrieron en dos graves deslices retóricos: Ottón Solís y Epsy Campbell.

Un olvido

Una reciente y sorprendentemente soleada tarde decembrera, caminaba por un sitio que creía familiar y de pronto descubrí que ya no lo era tanto, que algo importante había desaparecido. Recordé, en efecto, que hace muchos años acompañé a varios profesores de música de la Universidad de Costa Rica en la visita a una próspera dama europea que habitaba cerca de ahí, apartada de la calle que ahora se ha convertido en una ruda autopista, en un palacete –al menos así lo tengo en mi memoria– sobre el cual ondeaba el estandarte de la ciudad de la que ella derivaba un modesto título nobiliario.

Suponiendo

Sin entrar en la intimidad técnica del asunto, la noticia de que se avecina un cambio en el cálculo del costo del servicio de internet para los usuarios del sistema prepago nos mueve a practicar por unos minutos ese imposible ejercicio de la profecía que casi siempre acaba en recomendaciones inútiles. Pero, ejercicio gratuito al fin, aquí va por si acaso. Algunas reacciones iniciales apuntan a la posibilidad de se trate de una expresión embrionaria de las tendencias represivas que el poder político y económico ya manifiesta en todo el mundo en relación con lo que considera una excesiva libertad en el uso de la red. Podría ser, pero tomando en cuenta que el cambio que comentamos afectaría a un conjunto limitado de usuarios, ese parece ser un argumento por ahora soslayable.

Vestirse con Ortiz

El experimento de forzar un bipartidismo estable ya se hizo antes, bajo la inspiración de don Luis Alberto Monge. Aparentemente comenzó bien, pero pronto mostró sus debilidades y al final el resultado fue una forma sui géneris, más bien perversa, de partido único con varias cabezas. Al hundirse por su propio lastre, tal fórmula dio origen a una taratogénica serie de endebles partiditos cada vez más raros, ineficaces y desfachatados, para no mencionar la corrupción de algunos. Y como para confirmar que la memoria del tico es corta, ha resurgido, bajo la consigna de “hay que derrotar a...”, y como supuesta panacea para todos los males que sufre el país, la propuesta de volver al “bipartidismo equilibrador” mediante la convergencia, en una misma ensalada, de todas las frutas -incluidas las obviamente podridas- de la “oposición”.

La consigna

Una precoz precandidatura presidencial inició la publicidad para la próxima convención de su partido -principalmente por radio y televisión- con la consigna bastante anodina de: “Por una Costa Rica mejor”. Nos preguntábamos para qué o para quién sería mejor esa Costa Rica preconizada por la tendencia política; y quienes todavía conservamos memorias de tiempos idos no tardamos en identificar tan “novedosa” idea publicitaria con la que llevó al licenciado Rodrigo Carazo a la Casa Presidencial en 1978, o sea “Por una Costa Rica mejor para todos”, que, dicho sea de paso, en la actualidad sería “Por una Costa Rica mejor para todas y todos”.

Desechables

La previsión de que dentro de 15 años la población de Centroamérica habrá aumentado en 11 millones de personas y más de la mitad de los centroamericanos serán guatemaltecos no justifica una pesadilla maltusiana. Sin embargo, hay más gatos en el tejado: le debemos a Zygmunt Bauman la observación de que en el planeta ya hay más de 12 millones de seres humanos designados con el eufemismo de “desplazados” y se calcula que en 2050 serán, aunque parezca exagerado, unos mil millones. Eso sí, no sabemos cómo se les llamará entonces dado que la mayoría de ellos vivirán, no pobremente insertos en sociedades que les serán extrañas, si no hostiles, sino miserablemente encerrados en “campos de desplazados”, tierras de nadie separadas del resto del mundo y cuyas fronteras permitirán la entrada en el infierno pero estarán cerradas para quienes quieran salir de él.

Vaticinios

Ya se ha comentado todo cuanto se podía sobre las elecciones del martes en EE UU. Incluso lo malos que resultaron algunos vaticinadores, entre los cuales hay quienes, tras haber pifiado desde todos los ángulos, siguen sin dar el brazo a torcer y empeñados en demostrar que sus predicciones habrían sido correctas si no hubiera sido porque en Anchorage, Alaska, el sol no se mostró en todo el día y el domingo anterior la selección nacional de badmington de Kenia -según ellos la verdadera patria de Obama- derrotó a la de Zimbabwe. Todo eso resulta tan divertido como saber que entre los fundamentalistas religiosos partidarios de Romney, más de uno jura que los huesos de dinosaurio fueron colocados por Satanás en los sitios donde los científicos los encuentran, con el fin deliberado de desacreditar la historia de Adán y Eva.

Sic transit Samsa

Había transcurrido mucho tiempo desde que habían tenido lugar las más resonantes de sus hazañas. Hundido en un acolchado pero aburrido lecho, esperaba ansiosamente el momento de salir de nuevo a sumarle glorias a la alucinante epopeya de una vida dedicada a ejecutar extraordinarias obras que deslumbraban a los seres humanos de muchas latitudes. No obstante, no dejaba de atormentarle el recuerdo de la vacilación que había percibido en quien, con diestra mano, tantas veces le había masajeado suavemente el cuerpo utilizando tan solo los dedos índice y pulgar. Durante el último deslizamiento voluptuoso de las milagrosas yemas sintió que la mujercita le descubría, en su redondez, una leve y amenazadora escoriación. Deseó fervientemente que la cicatriz fuera todavía microscópica y se encontrara tan lejos de su ápice como de su rostro. No cesaba de pensar en que, cualquiera que fuera el caso, con el tiempo el desarrollo del incipiente cáncer significaría irremediablemente el final de las placenteras caricias de centenares de metros de telas de seda, lana, algodón y lino.

Respeto

Hoy se dispone, en los medios impresos y electrónicos, de tal abundancia de información -real o aparente- que a veces nos descuidamos ante ideas o expresiones que se reciben así, “de pasada”. Es lo que Alessandro Baricco señala como la prisa por abarcarlo todo que nos lleva a “surfear” sobre grandes áreas de la información pero nos impide “bucear” en la profundidad del texto. Ocurre, incluso, con las meras palabras. Por ejemplo, el vocablo “admiración”, que algunas personas utilizan con cinismo e hipocresía. En realidad, en el campo de la política y del poder el término “admiración” suele sustituir a las palabras “miedo” y “temor”. Si después de leer, de parte de A, la expresión “admiro a X”, nos tomamos el tiempo para bucear en las psicologías de A y de X, es posible que la podamos interpretar como: “porque le temo al poder de X, me someto a decir que lo admiro”.

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