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La vida, la muerte y la Corte

Actualizado el 19 de octubre de 2012 a las 12:00 am

El juicio contraCosta Ricaen la CIDHno tiene sentido

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La vida, la muerte y la Corte

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Las trompas de Falopio están involucradas en diversos procesos importantes en la maduración del embrión. Factores de crecimiento, citoquinas, hormonas, proteasas, inhibidores, agentes antioxidantes y muchas otras proteínas producidas en las trompas contribuyen en su desarrollo (Mol Hum Reprod 2010, 16: 896-906). El tracto reproductivo femenino modifica su actividad para proveer el ambiente óptimo para el desarrollo del nuevo ser (Reproduction 2002, 123: 355-362); produce factores embriotróficos que tienen su correspondiente receptor en el embrión preimplantado (Biol Reprod 2003: 69: 828-834; Hum Fertil 2006, 9: 137-143) y lo protegen de sufrir la muerte (Reproduction 2009, 137: 679-687). Proteínas producidas en la trompa contribuyen en impedir que más de un espermatozoide fertilice el ovocito (Biol Rev Camb Philos Soc 2010, 85: 593-605). Además, se sabe que la expresión genética del embrión está influenciada por factores producidos en la trompa (Biol Reprod 2003, 68: 375-382).

El factor ETF-3, por ejemplo, mejora el desarrollo del embrión, promueve su división celular, suprime la apoptosis y estimula la expresión de genes relacionados con modificaciones estructurales del blastocisto. Estos hallazgos han sugerido agregar dicho factor al medio de cultivo usado en fertilización in vitro para tratar de mejorar sus tasas de éxito (Hum Reprod 2004, 19: 2919-2926).

Ciertamente, los embriones antes de su implantación también se pueden desarrollar in vitro, sin embargo este desarrollo es deficiente en comparación con el de embriones desarrollados in vivo. En condiciones artificiales se ha observado que son pocos los embriones que llegan a la etapa de blastocisto (Theriogenology 2002, 57: 97-107; Fertil Steril 2005, 83: 1397-1403). La privación que sufren estos embriones de los factores maternos producidos a nivel de trompa de Falopio puede ser la causa de parte de los problemas de desarrollo y viabilidad de los embriones in vitro (Biol Reprod 2002, 66: 589-595).

Por tanto, los factores maternos que influencian el desarrollo del embrión no empiezan en la implantación sino que se dan desde la fertilización. Estos factores son importantes para para la regulación de la expresión génica del embrión y es posible que la falta de interacción con la trompa predisponga al embrión a enfermedades (Hum Fertil 2006, 9: 137-143; Mol Reprod Dev 2007, 74: 1149-1156).

La influencia materna en la expresión génica del embrión no empieza ni termina en la implantación, que es un hecho biológico fundamental, pero que no cambia el hecho de que solo en la fertilización (fecundación o concepción), al fusionarse los gametos masculino y femenino, se forma una célula que es a la vez un organismo nuevo, que inicia un nuevo ciclo vital y que va a expresar sus genes integrando las señales que reciba. Como dicen Moore y Persaud en su libro clásico de embriología, “el desarrollo humano inicia en la fertilización, el proceso durante el cual un espermatozoide se une a un ovocito para formar una sola célula llamada cigoto. Esta célula totipotente, altamente especializada, marca el inicio de cada uno de nosotros como un individuo único” (The Developing Human, 1998).

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Así como se ha querido suplir la fase preimplantatoria de los embriones en las técnicas in vitro, podría intentarse en un futuro suministrar artificialmente los requerimientos ulteriores del embrión por medio de un útero artificial. Entonces, los mismos argumentos que se usan para validar la fertilización in vitro (FIV) se usarían para validar el útero artificial cuando la mujer hubiese sufrido una histerectomía (extracción del útero), y quien se opusiese sería tachado como un irrespetuoso de los “derechos humanos”, de la intimidad de la pareja y del derecho a formar una familia. Sus defensores dirán nuevamente que hay que aplicar el “principio de proporcionalidad”, que en este caso se traduce en un fatal relativismo puro.

Mortalidad embrionaria. Por otra parte, los defensores de la FIV han dicho que bajo condiciones naturales de reproducción humana, la cantidad de embriones que se pierden son equiparables a los que se pierden por FIV. Estas afirmaciones son muy importantes porque la prohibición de esa técnica por parte de la de la Sala IV descansa en que las muertes por FIV son muchas más, al punto que los embriones se encuentran en un “riesgo desproporcionado de muerte” (Conclusiones del voto 2000-02306).

No obstante, luego de una revisión exhaustiva de la literatura científica, se puede concluir que la FIV implica una mortalidad masiva de embriones, de un 90% tomando en cuenta solo los embriones transferidos (Human Reprod 2011, 26: 1-8), que es mucho mayor que la que ha podido ser detectada en circunstancias naturales, tomando en cuenta los estudios que tienen una metodología científicamente más sólida.

Diferentes investigaciones importantes relacionadas con la estimación de embarazos subclínicos han estimado que la tasa de pérdidas naturales tempranas en el embarazo es alrededor de 25-31%, mucho menores que en la FIV (N Eng J Med 1988. 319: 189-194; N Eng J Med 1999. 340: 1796-1799; Fertil Steril 2003. 79: 577-584).

Algunos estudios citan cifras mayores, pero presentan serios problemas metodológicos, por ejemplo, han estimado la pérdida temprana de embarazos a partir de datos de embriones producidos por FIV (Curr Genomics 2010, 11:397-401), a pesar de que los ciclos reproductivos naturales se llevan a cabo en ambientes hormonales y físicos totalmente diferentes de los que se usan en técnicas de reproducción asistida (Reprod Biomed Online 2010. 21: 732–741).

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En síntesis, la afirmación de que las muertes provocadas por FIV y las que se dan en circunstancias naturales son equivalentes en cantidad carece de fundamento científico. Quienes afirman esto deberían demostrarlo con base en la evidencia científica y no sólo afirmarlo gratuitamente, o basados en artículos que utilizan deficiente metodología.

Derecho absoluto a la vida. En su momento la Sala IV indicó: “Este Tribunal sabe que los avances de la ciencia y la biotecnología son tan vertiginosos que la técnica podría llegar a ser mejorada de tal manera, que los reparos señalados aquí desaparezcan”. Por lo tanto, el juicio en la Corte Interamericana no tiene sentido: si la FIV produce la muerte masiva de embriones, que son seres humanos aunque no se hayan implantado, entonces su dignidad no permitiría el uso de la técnica, o bien, si las muertes son equiparables a las que ocurren en circunstancias naturales, como afirman gratuitamente famosos especialistas, eso bastaría para que fuera legal en el país.

Empero, el juicio sí tendría sentido para quienes aprovechándose de la FIV quieren que la Corte declare un absurdo: que el derecho a la vida no es absoluto. Dado que es evidente que, si no hay vida humana, no se puede tutelar ningún otro derecho (incluyendo el derecho a no ser esclavizado, a no recibir tratos crueles ni degradantes ni mucho menos la muerte), la Corte debería hacer prevalecer este derecho fundamental. Un fallo relativista se basaría en una clasificación de seres humanos en razón de su edad gestacional, lo cual sí sería claramente la aceptación de una discriminación. Si esto ocurriera, estaríamos presenciando la caída de la Convención Americana de Derechos Humanos, y los jueces que se atrevan a hacer algo semejante pasarían a la historia como los que promulgaron ya entrado el siglo XXI que hay seres humanos de diferente categoría (o gradación).

Esto trae a mi mente que el 6 de marzo de 1857 la Corte Suprema de los Estados Unidos, decidió en el juicio Dred Scott vrs. Sandford, que los esclavos no eran ciudadanos de ese país, que no podían acudir a los tribunales federales y que el Congreso de Missouri no tenía la autoridad de prohibir la esclavitud en sus territorios. Como consecuencias del fallo, la esclavitud permaneció y se les dijo a sus opositores que si no estaban de acuerdo con la esclavitud que no tuvieran un esclavo pero que no le impusieran su moral a nadie. Además, ante el argumento de que eran individuos de nuestra misma especie se les trató de extremistas, biologistas y fanáticos. El juez que presidió la Corte fue y pasó a la historia como juez esclavista. Tal vez en la historia todavía quede lugar para otros jueces semejantes.

Alejandro Leal. Catedrático . Sección de Genética y Biotecnología. Escuela de Biología. Universidad de Costa Rica

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