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El viaje de Beyoncé

Actualizado el 14 de abril de 2013 a las 12:00 am

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El viaje de Beyoncé

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La espectacular Beyoncé viajó a Cuba con su marido, el mucho menos espectacular rapero Jay-Z, para celebrar su quinto aniversario de bodas. A nadie debería importarle, salvo a los seguidores de la célebre pareja y a las revistas de entretenimiento, pero, en Norteamérica, el viaje es para muchos un asunto de Estado.

Los congresistas Mario Díaz-Balart e Ileana Ross-Lethinen, representantes de circunscripciones electorales pobladas por inmigrantes cubanos, exigen a la administración del presidente Barack Obama explicar la autorización del viaje y su conformidad con el embargo impuesto a Cuba hace ya demasiados años.

Las primeras sanciones comerciales datan de 1960. Más de medio siglo transcurrió sin resultados definitivos, salvo la victimización de la isla y la pérdida de credibilidad de la política exterior estadounidense, en años recientes derrotada una y otra vez en foros internacionales donde el resto de mundo, Latinoamérica incluida, pide normalizar las relaciones económicas.

Hay muchos motivos para reconsiderar el embargo. El primero y más evidente son sus magros resultados. Transcurrieron 53 años, el régimen cubano no se desmoronó, y el mundo cambió drásticamente. Cuba ya no exporta la revolución armada ni es satélite de una potencia extracontinental. Persistir en una política estéril es necedad; fingir la inmutabilidad de las circunstancias es tontería.

La segunda razón para revisar la medida es recuperar la coherencia. Estados Unidos mantiene relaciones absolutamente normales con países apartados de su paradigma ideológico. Los hay de todo tipo, desde la República Popular China y sus Estados clientes hasta las dictaduras de Medio Oriente, algunas con corona y otras con charreteras. ¿Por qué la diferenciación del trato dispensado a Cuba?

La respuesta subyace en la polémica creada por el viaje de Beyoncé. Cuba no es hoy, para Estados Unidos, un problema de política exterior. Es un asunto de la política interna. La Florida, con sus 29 votos en el colegio electoral, es un estado decisivo. El sufragio cubano puede, a su vez, definir el resultado estatal. No es buena política antagonizar a tan importante bloque electoral. Tampoco es casualidad que la más vehemente protesta por las vacaciones de Beyoncé nazca de dos congresistas cubanos y, desde luego, republicanos.

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Esa es la razón del bloqueo y podría ser, en el futuro, el motivo del cambio hacia una política más realista. Barack Obama ganó la mitad del voto cubano cuando, doce años atrás, los demócratas apenas podían aspirar al 25%. La Florida fue demócrata en el 2012 por menos del 1% del voto total. Sin los cubanos no habría sido posible.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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