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La verdadera responsabilidad social empresarial

Actualizado el 28 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Responsabilidad Social Empresarial: “no dar el pescado, sino enseñara pescar”

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Me inclino por pensar que las empresas apuntadas con la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), lo hacen con las mejores intenciones y verdadera conciencia social. Pero actuar socialmente responsable no es sinónimo de agradar a las comunidades, sino que es una herramienta que ayuda a las empresas a marcar la ruta en sus acciones hacia el logro de una armonía en lo social, económico y ambiental.

A veces me parece que la Responsabilidad Social Empresarial está de moda. Solo basta con navegar por Internet, para enterarse cómo muchas compañías han asumido este reto con seriedad y otro grupo de empresas que dejan una inquietud, porque dicen ser socialmente responsables por un conjunto de acciones de buena voluntad y/o de algunas prácticas ambientales que desarrollan sin un objetivo claro.

No quiere decir que, hacer obras de bienestar social o ayudar al medio ambiente sea incorrecto, por el contrario; pero al mismo tiempo es importante llamar cada acto por su nombre. La filantropía o donación, son gestos de caridad y asistencia a un individuo o grupo humano, para ayudar a solventar alguna necesidad específica.

Los patrocinios son aportes para el desarrollo de diversas actividades y responden directamente a aspectos de imagen y posicionamiento de la empresa. Ninguna de estas manifestaciones son bien vistas por la teoría de la Responsabilidad Social, ya que no garantizan un impacto social significativo.

En materia ambiental, y asociado a empresas que intentan proyectarse como socialmente responsables, con frecuencia escuchamos que se anuncia con bombos y platillos la siembra de arbolitos con un grupo de voluntarios, o programas de reforestación en parques o sitios públicos; pero no atender esos árboles para que sobrevivan y crezcan, dejándolos en total abandono, se convierte en un atentado contra la naturaleza.

Impacto al desarrollo. Una empresa socialmente responsable incentiva negocios más humanos. Busca asegurar la lealtad de la comunidad, promover mayores y mejores oportunidades al trabajador y su familia, desarrollar relaciones sólidas con sus públicos y obtener beneficios a lo largo del tiempo donde no sólo se beneficie a la empresa sino también a la sociedad en general; es decir, su trabajo tiene que dar frutos en materia de desarrollo económico y social.

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Por esta razón, una empresa no puede asumir el compromiso de la Responsabilidad Social Empresarial de manera aislada.

Las empresas socialmente responsables deben asumir un compromiso social, solidario, honesto y jugar limpio en la manera de hacer negocios. Asimismo, las empresas deben cumplir y mejorar constantemente los requisitos en relaciones laborales, derechos humanos, seguridad ocupacional, legislación ambiental, pago de impuestos y garantías sociales.

Desde un inicio, es indispensable dialogar, consultar e integrar a las comunidades en el proceso de gestión de los proyectos. Para actuar en este campo, las empresas lo deben hacer de manera conjunta: requieren construir alianzas colaborativas y de esta manera coordinar acciones con instituciones de gobierno, otras empresas, organizaciones de la sociedad civil, colaboradores y habitantes de las comunidades.

Precisamente la Responsabilidad Social Empresarial consiste en “no dar el pescado a la gente, sino enseñar a pescar”, y de esta manera contribuir al bienestar de la sociedad local, siendo la empresa un agente más del desarrollo comunitario.

Esto se puede lograr a través de mecanismos como la filantropía estratégica o promover proyectos de inversión social. Al llevar estas iniciativas a la práctica, algunas compañías lograron multiplicar la circulación del dinero en la comunidad, han promovido el crecimiento de empresas locales que les prestan servicios o venden productos, sumando además nuevas fuentes de trabajo.

Hay un sinnúmero de ejemplos de acciones beneficiosas que contribuyen al aumento del bienestar social. Están aquellas orientadas a formar agentes para el desarrollo y que ayudan a las personas a superarse, como programas de capacitación, fortalecimiento institucional, capacidades de liderazgo y organización comunitaria, promoción de autoayuda y voluntariado; las que promueven el cuidado del medio ambiente y otras que contribuyen con el progreso de la educación, la salud, el deporte, la cultura, o todo aquel ejercicio que favorece al buen vivir de las comunidades y el mejoramiento del desarrollo humano.

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