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Desde una ventanade la Caja

Actualizado el 13 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

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Quizá no hay mejor palco para observar el decadente espectáculo de la llamada democracia de la calle que las ventanas de la CCSS, ubicadas frente a la avenida segunda. Desde ahí, pude ver el inicio de una gresca sin sentido, que hasta osaría pensar que fue planificada por algunos cabezas calientes que aprovechan estas manifestaciones para generar caos y violencia.

Desde los ventanales de la Caja, muchos trabajadores pudimos observar la llegada de representantes de varias organizaciones sindicales y miembros de algunas comunidades. Un grupo relativamente pequeño consideró que su derecho a protestar es más valioso que el de otras personas a movilizarse.

Fuimos testigos de la llegada de un grupo de jóvenes con camisetas rojas con el rótulo de una universidad pública. Este grupo de muchachos inició las ofensas y la provocación a los policías que buscaban restablecer el derecho ciudadano a transitar libremente. Estos jóvenes tomaron bolsas de basura de un restaurante cercano y trozos de blocks de gran tamaño y los lanzaron a estos humildes servidores.

Luego, cambiaron sus camisetas rojas, después del primer round con la Policía, por camisetas negras, las cuales traían en sus mochilas, junto con pañuelos para cubrir sus rostros y para protegerse de eventuales gases lacrimógenos. Nada mal preparados para una manifestación pacífica. Con sus nuevos atuendos, pudimos mirarlos nuevamente a eso de las 4:30 p. m. iniciando un nuevo motín. Ahora, los de siempre salen en defensa de este grupúsculo y los llaman ciudadanos humildes, lo cual no responde a la verdad. Desde los ventanales pudimos observar y escuchar a señores diputados, de cuyos nombres no quiero acordarme, con sus encendidos discursos y actitud prepotente bajo el escudo protector que consideran les brinda la inmunidad. Como ciudadana, electora de los “padres de la patria”, me permito recordarles que las personas que hicieron fila en las presas provocadas por estos manifestantes también son ciudadanos a quienes ellos representan y están en la misma obligación moral de defenderlos. Señor diputado, tanto respeto merece la diputada que decidió subirse a la tapa de un vehículo público, como la oficial que fue golpeada como lo evidencian las tomas de televisión. Mejores leyes es lo que esperamos los costarricenses, para eso fueron electos y no para convertirse en defensores de privilegios de un grupo de manifestantes, algunos de los cuales venían preparados para causar un caos.

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A quienes estábamos en las ventanas no nos lo contó ningún medio de comunicación, fuimos testigos presenciales, y puedo asegurar, al igual que varios de mis compañeros, que los policías respondieron a la agresión de los provocadores.

En primera fila fuimos testigos de un espectáculo de verguenza.

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