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El valor del trabajo y la educación

Actualizado el 24 de marzo de 2013 a las 12:00 am

“Poco trabajo,pobreza; muchotrabajo,riqueza”

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La Gran Depresión de 1929, dejaba amargas lecciones respecto al comportamiento de una economía, con un Estado diminuto, en la cual lo importante es inflar burbujas financieras, y no crear riqueza material a través del trabajo. A esto se sumaba el cataclismo que significó la Segunda Guerra Mundial, que dejaba poblaciones enteras en la miseria. El Estado decide intervenir, creando monopolios sobre la producción, construyendo un sistema de regulación de la actividad económica, sistema conocido como planificación central. Las empresas que se nacionalizaban en todas partes, pasaban a ser empresas estatales, en las cuales la producción se planificaba al detalle y se predeterminaban los precios. Aparece sin embargo, una contradicción: el desarrollo técnico y científico de la industria generaba superproducción, pero las poblaciones humanas al no tener trabajo, ni ingresos, no consumían.

El motor económico. Diferentes medidas políticas han intentado hacer arrancar el motor económico: en los años sesenta, se invierte en infraestructura vial y en la generación de energía, así también se crean sistemas de educación técnica, necesarios para satisfacer las condiciones requeridas para la mano de obra industrial. A inicios de la década de los setenta, se otorgaban subsidios a la producción industrial, así también se reducían los impuestos a la agricultura. Sin embargo, se presentaba la segunda contradicción: los monopolios en la producción de artículos de alta demanda, aumentaban constantemente los precios de los productos y abarataban los salarios.

La segunda contradicción genera la tercera: concentración inaudita de riqueza en manos de unos pocos, mientras que los muchos que generaron dicha riqueza, no tenían acceso a ella. En general, se reinicia la historia: sin ingresos, no hay consumo, y sin consumo, tenemos una perfecta crisis económica. Entonces el Estado, acudía como benefactor, tratando de mejorar las condiciones de vida de los pueblos, provocadas por el conjunto de contradicciones del sistema mismo. A mediados de los setenta, el Estado decide actuar como empresario, creando empresas en las cuales aparecía como accionista mayoritario, acumulando las ganancias de toda la actividad económica, aumentando al mismo tiempo, el tamaño de la burocracia estatal.

Competencia perfecta. Un modelo económico eficiente a prueba de crisis sistémicas, requeriría exterminar las contradicciones inherentes al “laissez faire, laissez passer” del libre mercado y a la planificación central keynesiana. En primer lugar, no pueden existir monopolios, pues estos, en su afán de lucro, siempre atentan contra la libre competencia, y al aumentar artificialmente los precios, atentan contra los que menos tienen. Un monopolio, no aprovecha la inventiva de los competidores, sencillamente los extermina. Se debe entonces implementar un modelo de competencia perfecta, en el cual existen muchos vendedores, muchos compradores, y ninguno puede manipular los precios en su beneficio.

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En segundo lugar, los medios de producción y los bienes de capital, deben pertenecer al trabajador, convirtiéndolo en propietario de las ganancias generadas por su trabajo, sus ideas y su esfuerzo personal. Supóngase que se crean miles de cooperativas, constituidas únicamente por graduados de la educación técnica o científica. A través del sistema bancario nacional, el Estado invierte en estas cooperativas como socio financiero, aportando capital que hace posible la producción material. Una vez al año, se distribuyen los dividendos generados por la actividad comercial a todos los miembros de la institución, que siendo trabajadores, al mismo tiempo son propietarios.

Demanda constante. En tercer lugar, lo que se produce debe ser algo con tales características, que genere demanda constante, al punto que se hable de un bien indispensable. La producción se dirigiría exclusivamente a la industria de la nanotecnología, pues a través de este nuevo conocimiento científico, se están creando productos revolucionarios, tales como materiales plásticos muchas veces más resistentes que el acero, terapias médicas capaces de reparar lesiones en la espina dorsal, jabón lavamanos que destruye superbacterias, ropa que nunca se ensucia, vidrio al que no se le adhiere el agua, vacunas aplicadas por aerosol, medicamentos anticancerígenos de precisión estricta y mucho más.

Un antiguo proverbio dice: “Poco trabajo, pobreza, mucho trabajo, riqueza”. La actividad económica así diseñada, permitiría el flujo constante de capital a una industria constituida por trabajadores-empresarios, que resultan ser también, científicos y técnicos especializados. Es por esto, que se requieren tres requisitos previos: un sistema educativo diversificado, que entremezcle los colegios técnicos con los científicos, en todo el territorio nacional; la mejoría absoluta en la remuneración del personal docente que laboraría en estas instituciones; y la operacionalización directa de la legislación que permita al Estado invertir en entidades privadas, lo que en la legislación costarricense, ya ha sido previsto en los incisos 1, 2 y 3 del artículo 61, de la Ley Orgánica del Sistema Bancario Nacional.

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