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¿Hacia dónde va Italia?

Actualizado el 24 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Los escenarios son mixtos, dada la configuración del sistema italiano

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El 24 y el 25 de febrero próximos, los italianos volverán a las urnas para elegir un nuevo Parlamento por primera vez desde abril del 2008, después del triunfo con amplio margen del “Pueblo de la Libertad” (PDL), dirigido por el polémico Silvio Berlusconi, tanto en el Senado como en la Asamblea. El 12 de noviembre del 2011, ante las divisiones en la mayoría parlamentaria, el agravamiento de la deuda europea, y las presiones de los mercados financieros, el cuarto gobierno de Berlusconi desde 1994 se retira dejando el país en una situación crítica a nivel político y económico.

La deuda pública italiana alcanzaba 120% del PIB, y los escándalos de corrupción y sobre la vida privada del “Cavaliere”, lo habían hecho bajar considerable- mente en las encuestas de popularidad.

El Presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, un hombre con una trayectoria política de mas de 60 años, se da a la tarea de nombrar a un gobierno de técnicos para enderezar el país con un programa llamado “Salva Italia”, colocando a Mario Monti a la cabeza, apoyado tanto por la izquierda como la derecha. Tras trece meses de gobierno, el 21 de diciembre del 2012, este último dimite al perder el “Voto de Confianza” del Parlamento con el retiro del apoyo por parte del PDL.

Mario Monti, ¿una segunda vez? Presidente y profesor de la conocida Universidad Bocconi de Milán, y con una prestigiosa carrera de Comisario Europeo entre de 1994 a 2004, encarna la imagen perfecta del tecnócrata. Su renuncia en diciembre pasado, dejó un balance popular agridulce, ganándose por una parte el reconocimiento europeo por haber devuelto la confianza a los mercados financieros, y por otra realizó osadas reformas que provocaron malestar en algunos sectores de la población ante una deuda pública preocupante y creciente.

Las reformas más delicadas fueron laborales y tributarias. La edad mínima de pensión de los hombres pasó de 65 a 66 años, y de 60 a 62 años para las mujeres con una previsión de 66 años para 2018, así como una alza en los impuestos sobre los contratos temporales. Por otra parte, su misión de “sanear” las cuentas públicas, lo llevó a una fuerte lucha contra la evasión fiscal aboliendo el secreto bancario, limitando la suma a 1.000 euros en las transacciones en efectivo, y creando mecanismos en línea para calcular la multa prevista por este delito. Estas acciones le permitieron al Estado de recuperar 12 millares de euros solo en el 2012. Además, el restablecimiento del IMU (impuesto que grava la primera casa comprada), ha sido probablemente la más criticada de sus reformas. En un contexto donde el desempleo sobrepasa el 11%, un récord para Italia, y tras 5 semestres consecutivos de contracción del PIB, estas reformas de austeridad han dividido la opinión pública.

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Aunque su gobierno le permitía gozar de altos índices en las encuestas de popularidad dada la gravedad de la situación a su llegada al poder, los italianos no escondieron su sorpresa cuando en el mes de diciembre pasado, Mario Monti decidió presentarse a estas elecciones como candidato. Y a decir verdad, al prestar su nombre a una coalición que reúne al centro, liberales y cristianos, Monti pierde en cierta forma el elemento que lo había legitimado hasta ahora: su carácter neutral y apolítico. Ante su falta de conocimiento del lenguaje y la dinámica del juego político, el profesor cuenta en este momento con apenas un 14% de apoyo en las elecciones según las últimas encuestas, lo anterior resulta paradójico ya que fue el mismo Monti el que le devolvió el carácter sobrio a la política después de años de escándalos.

Pier Luigi Bersani a la cabeza de las encuestas. En este contexto, las elecciones primarias de noviembre pasado al interior del Partido Democrático (PD),con orientaciones de izquierda a centro-izquierda, mostraron un despertar en el interés por la política en Italia, y apuntaron como ganador a Pier Luigi Bersani, secretario del partido desde el 2009, y exministro del Desarrollo Económico del 2008 al 2009 en el Gobierno de Romano Prodi. Tras este primer éxito dentro del PD, principal opositor al régimen de Berslusconi, Bersani pretende inspirarse del ejemplo del presidente francés, François Hollande, presentándose a la ciudadanía como un candidato accesible con los pies en la tierra, en contraste a los «excesos berlusconianos», y defendiendo la causa europea aliado al socialista Hollande.

La emboscada de Bersluconi y el efecto «Beppe Grillo». Desde su triunfo en las primarias del PD, Bersani se ha mostrado como un candidato con perfil bajo, con un programa político que no explicita la voluntad de continuar con las reformas lanzadas por Monti. Su falta de carisma, se convirtió en terreno fértil para Berlusconi y su innato talento de orador en campaña electoral, permitiéndole recuperar en dos meses el terreno político que había perdido un año atrás. Indeciso durante un largo tiempo, Berlusconi anunció en diciembre pasado su participación a las elecciones contra todos los pronósticos, motivado muy probablemente por la defensa de sus intereses empresariales y un posible escape a los numerosos procesos judiciales alrededor de su persona (condenado a cuatros años de prisión por fraude fiscal en octubre pasado).

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Berlusconi ha logrado así reconquistar mucho del terreno perdido como mejor sabe hacerlo: seduciendo a las masas. Dentro de esta óptica, se inscribe la compra del mítico jugador italiano Mario Balotelli, por parte del Milán AC (propiedad de Berlusconi), la propuesta de reembolsar a los italianos el IMU, favorecido por la hostilidad histórica de Italia hacia la izquierda. Aunque en noviembre del 2011 se pensaba que su carrera política había terminado, a la coalición política del empresario de 76 años, se le adjudica 28% de los votos.

El cómico Beppe Brillo. A este contexto, se le suma el 16-20% atribuido al movimiento político del cómico Beppe Brillo con su movimiento “Cinco Estrellas”, reivindicándose ser ni de izquierda ni de derecha, poco interesado en el diálogo europeo, conquistando a jóvenes y desencantados de la política en plazas y calles, negándose a aparecer en televisión como estrategia electoral para contrarrestar el poder mediático de Berlusconi.

A pocos días de las elecciones, los escenarios son mixtos dada la configuración del sistema italiano. A pesar de que un triunfo del PD se espera en la Asamblea (sistema con escaños proporcional al número de votos), el Senado (proporcional pero calculado por regiones), es la gran incertidumbre.

En efecto, esta última condición podría cambiar el escenario ya que si el PD pierde el Senado y la fuerza de los centristas no es suficiente para contrarrestar el movimiento Berlusconi y Beppe Grillo, alguno de estos dos últimos movimientos populistas podría crear un caos político.

Théophile Voïta y Montserrat Botey Universidad Económica y Comercial Bocconi. Instituto de Estudios Políticos de Paris (Sciences Po)

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