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El único capaz de ‘frentear’ a Pablo Escobar

Actualizado el 19 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Irreconocible sin su caracterización de Gonzalo Gaviria en El Patrón del Mal, el actor Christian Tappan repasa el fenómeno mediático en que se convirtió la serie, abunda en anécdotas tras bastidores y recrea los momentos más duros (y divertidos) de la grabación.

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El único capaz de ‘frentear’ a Pablo Escobar

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Más de 20 años en este oficio no son suficientes cuando se conjugan varios factores a la hora de realizar una entrevista telefónica: el tipo en cuestión es el protagonista de una serie sencillamente adictiva y enajenante, que quien escribe consumió noche a noche y al final, de un tirón, en jornadas de 16 horas consecutivas, ya con los DVD de la novela original en mano.

Por lo mismo, aunque el conciente y el subconsciente saben que quien está al otro lado de la línea es el actor Christian Tappan, algún resquicio de la mente asume e imagina a Gonzalo Gaviria, su personaje de El patrón del mal cuya interpretación, para algunos, compite en calibre con la del mismísimo Andrés Parra, quien hace del mero mero Pablo Escobar.

Separar la línea entre uno y otro se hace más complicado por el tono de voz, un ligero acento paisa (de Medellín) que todavía se le sale a veces (a pesar de que es bogotano) y peor aún porque, durante la extensa entrevista de casi una hora, apeló a los dichos de Gonzalo para explicarse, y ahí sí... era como tener al mismísimo “Primo” al otro lado del teléfono.

Christian saluda con la llanura de un viejo conocido y aclara que podemos hablar “horas” (no los 20 o 30 minutos que dan algunos actores mucho menos reconocidos que él) y demuestra por qué la prensa del continente alaba tanto sus dotes histriónicas como las del hombre que hay tras el actor.

Se impone entrar en materia.

--¿Le sorprendió la clase de boom que resultó ser El patrón del mal, con récords de audiencia en Estados Unidos y Latinoamérica?

--Jamás pensé que una serie como Escobar, que tiene sus propios contenidos, rodada por completo con actores colombianos iba a arrasar de tal forma, yo sabía que nosotros teníamos con qué, pero aún así lo que se vino fue impensable. Eso me pone muy feliz no solo porque pone en alto los estándares de calidad de la televisión y los actores colombianos, sino porque nuestro gran reto era cómo contar una historia que aquí en Colombia le duele al colombiano hasta las tripas, cómo lograr que estos personajes no se convirtieran en clichés de series del narcotráfico, cómo contar la historia de este par de capos sin que se sintiera nunca que se estaba haciendo una apología... y creo que logramos todo eso y más, y además debíamos hacerlo, alguien tenía que explicarles al menos a dos generaciones de colombianos, que no saben quién fue Guillermo Cano, no supieron la masacre de policías que hubo, la de inocentes... quisimos decirle al país: ‘¡Ey, pilas! queremos que sepan lo que pasó, cómo fue, y que muchos países lo están viviendo ahora, por desgracia”.

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- -Usted ya era conocido en el continente por sus papeles en Vecinos, Sin tetas no hay paraíso, La Promesa... sin embargo, la fama y el reconocimiento que ha recibido con Escobar no tiene comparación. ¿Cómo maneja ese grado de celebridad? --Pues me gusta, me gusta porque logro hablar de la historia de mi país y de mi faceta actoral y las dos son cosas muy bacanas... Hoy viajo a Chile, por Escobar he ido varias veces a Estados Unidos, México, dos veces a El Salvador, Ecuador, Venezuela...

-- ¿Y cuál es la reacción de la gente? ¿Lo reconocen a pesar de lo cambiado que se ve tras salirse del papel de Gaviria?

--Pues es increíble, aquí en Colombia el personaje sigue pegadísimo, y afuera, a pesar de la diferencia física me pasa mucho que la gente me reconozca y me salga con el famoso “¡No jodás! ¡No jodás huevón Pablo!” (risas)

-- ¿Christian buscó a Gonzalo o a usted lo buscaron para el papel?

-- Pues mira, yo hice castin para hacer a Pablo Escobar y estuve con otro actor peleándome hasta el final, pero entonces llamaron a Andrés Parra y el gran talento actoral de Andrés por supuesto hizo que nosotros quedáramos por fuera: no pudieron haber elegido a nadie mejor que Parra para hacer a Pablo. Pero entonces vieron el parecido mío con Gonzalo, me lo ofrecieron y yo lo primero que pienso es (habla como Gonzalo) ‘BIEN, yo lo hago, ES MÍO’, comencé a estudiarlo mucho y a trabajar en la transformación física, porque yo soy mono (rubio), pelirrojo, me tiñeron el pelo y el bigote, subí de peso y me envejecían con maquillaje especial.

--¿Cómo fue la química con Andrés?

--Con Andrés nos colaboramos mucho, siento que hicimos una dupla perfecta como actores y al estudiar a los personajes descubrimos la gran sociedad, familiaridad y complicidad entre ambos, ninguno hubiera sido el otro sin el primo, y finalmente a nosotros nos pasó igual, si tú te fijas hay escenas en donde solamente nos miramos y tomamos decisiones sobre la marcha, sin decir nada. Yo con Andrés además hice una amistad entrañable, nos seguimos viendo con las esposas, los hijos de ambos, es un actorazo, Andrés es un tipazo, es mi hermano.

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--¿Le pasó en algún momento la factura psicológica interpretar a un personaje tan complejo, fuerte y violento?

--Para nada. Yo de inmediato hago click con mis personajes, además venía de hacer un rol muy fuerte en La Promesa y tuve solo cinco días para prepararme entre el final de una grabación y la otra. Ni a la hora de interpretar escenas fuertes tuve problemas, todos teníamos muy claro qué era lo que estábamos haciendo y no podíamos caer en sentimentalismos, tocaba y ya. Como televidente, ojo, no como actor, sí te puedo decir que me afectó muchísimo el capítulo en el que matan a don Guillermo Cano. Ese día puse en mi cuenta de Twitter: “Hoy no tengo ganas de salir a la calle, no quiero que nadie me diga ‘Don Gonzalo, qué gran trabajo el tuyo’... Hoy no me merezco eso...”

--¿Cómo lograron ensamblar todos ese acento tan parecido, siendo que hay varios que son de Bogotá y de otras regiones?

--No solo el acento paisa (de Medellín), si no la jerga, yo había hecho un personaje paisa antes y Andrés también, pero en este caso todos estábamos concientes de que, de nuevo, la historia había que contarla bien. Por ejemplo Fabito (cita a los actores por su nombre en la serie) es de Bogotá, el Peluche también, pero en cambio el Chili, el Topo y dos de los Motoa son paisas, entonces como prácticamente vivimos juntos 11 meses, eso nos ayudó muchísimo. De hecho se me quedaron muchas cosas paisas, como el “¡Hágale pues!”

--¿Y el ‘No jodás’?

-- (Risas) Claro, el ‘¡No jodás!’, de todos modos todo el mundo me lo escribe de todas partes y a todas horas por Twitter, no solo porque era la frase de Gonzalo, sino porque era el único que le podía decir a Pablo “¡No jodás Pablo, dejate de huevonadas Pablo!”

--¿Es cierto que ustedes grababan y después se sentaban a ver la transmisión juntos, en las noches?

--Ciertísimo, es la única vez que me ha pasado algo así. Nos volvimos muy amigos todos, la veíamos con seriedad, si a alguno le salía una escena muy bacana lo comentábamos (...) los momentos más crudos los reflexionábamos, los digeríamos. Hubo muchos silencios, la veíamos con mucha seriedad.

--¿Hubo tensiones, algún problema, al tener que grabar escenas tan exigentes y con horarios tan agotadores?

--¡Nunca! Ni uno. Fue increíble la química y la mística que se dio entre todos, fue una convivencia maravillosa, a pesar del cansancio y de las horas que pasábamos Andrés y yo transformándonos en nuestros personajes.

--¿Ha tenido contacto con los familiares de los capos o de las víctimas?

--De las víctimas sí porque Juana Uribe, la productora, es la sobrina de don Guillermo Cano. La nieta, que por cierto es representada en la novela, es la directora de arte. Por lo mismo nosotros tratamos de ser exhaustivos y respetuosos. Y no, con las familias de los capos no he tenido ningún tipo de contacto.

-- Si Gonzalo viviera ¿cómo sería una conversación entre ustedes dos? -- A mí la verdad no me gustaría tener una conversación con él, honestamente. Uno no lo ve tan maluco como a Pablo, pero Gonzalo fue el cerebro detrás del man , lo que pasa es que tenía un perfil bajo, como dice Gonzalo, la cagada de Pablo fue ese querer figurar, meterse en política, estar en los diarios y hasta involucrarse con una presentadora conocida, en cambio el Primo fue el gran gestor del negocio, el que decía ‘Vení Pablo, no dependamos de nadie’ y pasaba muy metido en su negocio y que le respetaran su negocio, pero también pasaba por encima de quien fuera si tenía que hacerlo (...) Los dos me parecen un par de cabrones.

--¿Qué sensación le deja el trabajo realizado, la aceptación y reacción tan apasionada del público? --Muy halagado, la verdad es esa, porque además de que me pagan por trabajar, el pago más grande es despertar toda esa cantidad de sensaciones en los televidentes, me enorgullece cómo contamos la historia, cuando veo todo esto que está pasando me quedo perplejo y pienso... “Jueeeputa ¡lo hicimos!”.

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Yuri Lorena Jiménez

yjimenez@nacion.com

Editora de la Revista Dominical

Periodista de la Revista Dominical desde 1992. En setiembre del 2010 asumió como editora de Teleguía. Premio a la Mejor Crónica a nivel latinoamericano otorgado en el 2001 por la Sociedad Interamericana de Prensa.

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