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La trivialización de la ética

Actualizado el 02 de mayo de 2012 a las 12:00 am

Se imponerescatar la ética de su trivialización o abaratamiento

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La trivialización de la ética

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Un conocido tiene una expresión que, seguramente, ha copiado de algún mal programa de televisión. Con frecuencia dice, al hablar de alguna ingenuidad ajena, que le resulta molesta, algo así como: “pobrecito, pobrecito de ti”.

Un día de estos que lo dijo, se me ocurrió pensar en que es eso lo que hoy día le pasa a la ética. ¡Pobrecita de ella!

Cuánto mal se le hace cotidianamente, incluso, hasta en el mismo proceder de los que dicen defenderla o enseñarla. Pues los que son sus abanderados, a veces, por poco enterados o escasamente dedicados, le hacen un flaco favor al hablar mucho de ella, pues lo hacen, lamentablemente, en la clave de su escaso manejo de un tema al que se creen referir con algún acierto.

Pocas veces me he encontrado, por ejemplo, con un alumno de cursos de ética aplicada y/o profesional contentos con lo que reciben en sus centros de estudios superiores. No pasan, con frecuencia esos cursos de ser aproximaciones a la legislación existente en su campo o, a lo sumo, alguna deontología más o menos bien tratada o, en el peor de los casos, el típico curso basado en exposiciones de los alumnos que, a partir de lo que más o menos se encuentran en la red, las pueden traducir en presentaciones que vierten mas tarde en tediosas exposiciones que poco o nada aprovechan a sus compañeros.

Es frecuente que se hable de tribunales o procuradurías de ética en nuestro medio. Nada más lejano al ser de la ética que estas reducciones cuasijurídicas. Se empobrece la ética por esta vía y se le reduce a su peor expresión.

Es igualmente común que se escriba en diferentes medios sobre el ideal ético o, en otras palabras, que se viertan mares de tinta acerca del deber ser de a conducta humana. Al hacerlo, normalmente, estos autores se refieren a campos y casos muy concretos (normalmente, vinculados con la función pública). Es normal que el que escribe sepa de su campo respectivo, pero también que pocas veces el autor tenga la mas mínima formación filosófica que le permita enfocar bien cuanto dice o sugiere, hasta el punto de confundir términos, enredar conceptos o deformar ideales.

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Hoy día y ello es meridianamente claro, asistimos a un resurgir de la ética luego de tiempos oscuros debidos a las fuertes críticas que contra ella dirigieron los modernos, además de Marx, Nietzsche, Freud o Wittgenstein.

Esta disciplina que se nos aparece como un saber reflexivo a partir de principios racionales acerca de la rectitud de actos humanos libres y conscientes, está llamada a dar pistas en torno a la praxis humana y marcar el norte acerca de cómo proceder cada día de un modo mas de acuerdo con nuestra naturaleza humana (tan obviada, tristemente, en muchos contextos y de cara a temas decisivos).

Construir una sociedad más ordenada (Rawls) o levantar una nueva sociedad desde el ideal del diálogo simétrico (Apel y Habermas) o de la phrónesis (Aristóteles) nos ha de llevar, por convicción y no por amenaza, hacia la meta: que cada quien opte en su vida, de cara a sí mismo y de cara a los demás, por la construcción de un comportamiento cotidiano que pueda ser considerado recto e intachable. Obviamente, esto no por miedo a un orden jurídico determinado sino, ante todo, por consecuencia axiológica y ontológica.

Como se ve, se impone rescatar la ética de su trivialización o abaratamiento. Desde las universidades, hasta los partidos políticos, pasando por los poderes del Estado, se hace urgente revisar cómo se maneja el término y hacia dónde conducen las estrategias que hoy se consideran vigentes para enseñar ética o para animar a la observancia de sus principios generales. Es una necesidad impostergable que, al hablar de lo ético, se deje de lado la amenaza como recurso común o que, al ser enseñada, se suscite un vivo interés en los alumnos para encarnar vitalmente un deber ser vital que, sin duda alguna, producirá el gran fruto que depara comportarse bien desde la convicción, esto es, la felicidad.

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