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¿El triunfo de los equivocados?

Actualizado el 15 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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¿El triunfo de los equivocados?

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                         El candidato republicano Mitt Romney dice en su campaña que la salida definitiva de Estados Unidos de la crisis y el camino a la prosperidad pasa por fuertes recortes en el gasto gubernamental. Aquí habla el sábado anterior en Shawnee State University, en Portsmouth, Ohio. | AFP
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El candidato republicano Mitt Romney dice en su campaña que la salida definitiva de Estados Unidos de la crisis y el camino a la prosperidad pasa por fuertes recortes en el gasto gubernamental. Aquí habla el sábado anterior en Shawnee State University, en Portsmouth, Ohio. | AFP

En estas últimas semanas de la campaña (presidencial en los Estados Unidos), cada uno de los bandos quiere que el elector crea que tiene las ideas correctas para reparar una economía que sigue enferma. Por esa razón, esto es lo que uno necesita saber:

Si mira los antecedentes, la administración Obama se ha equivocado en algunas cosas, principalmente porque fue demasiado optimista respecto a la posibilidad de una rápida recuperación. Pero los republicanos se han equivocado en todo.

Respecto a ese inadecuado optimismo: En un ahora notorio pronóstico emitido en enero del 2009, economistas que trabajaban para la administración entrante predijeron que para ahora la mayor parte de los efectos de la crisis financiera del 2008 habrían quedado atrás y que la tasa de desempleo estaría por debajo del 6%. Obviamente, eso no ocurrió.

¿Por qué se equivocó la administración? No fue fe exagerada en el poder de su plan de estímulo; el informe predecía una recuperación bastante rápida incluso sin el estímulo. En vez de eso, la gente del presidente Obama falló en cuanto a percibir algo que ahora es lógica popular entre los analistas económicos: las crisis financieras severas infligen daño económico sostenido y se tarda mucho tiempo en la recuperación.

Esta misma observación, por supuesto, ofrece una excusa parcial para la prolongada debilidad de la economía. Y la pregunta que se deben formular los estadounidenses, dada esta desagradable realidad, es cuáles políticas ofrecerían las mejores posibilidades para sanar el daño. El bando de Obama argumenta a favor de un papel activo del gobierno. La más reciente propuesta mayor en lo económico, la Ley estadounidense de empleos, hubiera tratado de acelerar la recuperación al sostener el gasto público y poner dinero en las manos de personas propensas a usarlo. Los republicanos, al contrario, insisten en que el camino a la prosperidad pasa por severos recortes en el gasto gubernamental.

Y los republicanos están absolutamente equivocados.

La más reciente y devastadora demostración de tal equívoco proviene del Fondo Monetario Internacional (FMI), que acaba de dar a conocer su “Perspectiva económica mundial”, un informe que combina predicción a corto plazo con análisis económico profundo. Este informe es un desalentador y perturbador documento, que nos dice que la economía mundial anda significativamente peor de lo esperado, con riesgos crecientes de recesión global. Pero el informe no solo es pesimista, sino que contiene un cuidadoso análisis de las razones por las que las cosas andan tan mal. Y la conclusión a la que llega este análisis es que una desproporcionada porción de las malas noticias proviene de países que persiguen el tipo de políticas de austeridad que los republicanos quieren imponer en los Estados Unidos.

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Bueno, no lo dice con tantas palabras. Lo que el informe dice en realidad es: “La actividad durante los últimos años ha decepcionado más en economías con planes de consolidación fiscal más agresivos”. Pero eso equivale a lo mismo.

Los principales republicanos se han enlazado en alto grado con el punto de vista de que recortar el gasto en una economía deprimida –“consolidación fiscal” en la forma de hablar del FMI– es bueno, no malo, para la creación de empleos. Poco después de las elecciones de medio periodo, la nueva mayoría republicana en la Cámara de Representantes emitió un manifiesto sobre la política económica –titulado “Gaste menos, deba menos, crece la economía”– que pedía profundos recortes en el gasto y desdeñaba la idea entera de que la consolidación fiscal (sí, usaba el mismo término) podía agudizar la depresión de la economía. “Efectos no keynesianos” pondrían todas las cosas en su lugar, declaraba el manifiesto.

Bueno, eso no resulta ni remotamente cierto. Lo que el Fondo Monetario muestra es que los países que persiguen los más grandes recortes de gastos también son los países que han experimentando la más profundas depresiones económicas. En verdad, la evidencia sugiere que al descartar la noción corriente de que los recortes de gastos perjudican a la economía en el corto plazo, el Partido Republicano percibió las cosas totalmente al revés. Los recientes recortes de gastos parecen haber causado daño mayor aún que el que esperaba la mayoría de los analistas, incluyendo a los del FMI.

Esto nos lleva a la cuestión de cuál será la forma que las políticas económicas tomarán después de la elección.

Si Obama gana, presumiblemente retornará a promover estímulos modestos, con el fin de convertir la recuperación gradual que parece estar en marcha en un regreso más rápido al empleo total.

Los republicanos, sin embargo, están comprometidos en una doctrina económica que ha resultado falsa, más bien desastrosa, en otros países. Tampoco están propensos a cambiar sus puntos de vista a la luz de la experiencia. Después de todo, los hechos no han importunado a la ortodoxia republicana en ningún otro aspecto de la política económica. El partido sigue opuesto a la regulación financiera efectiva pese a la catástrofe del 2008; sigue obsesionado con los peligros de la inflación pese a los años de falsas alarmas. Por eso no es probable que renuncie a sus políticamente convenientes puntos de vista respecto a la creación de empleo.

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Y aquí está la cosa: si Mitt Romney gana la elección, el Partido Republicano seguramente considerará que sus ideas económicas están reivindicadas. Para decirlo de otro modo, cosas políticamente buenas puede que estén a punto de suceder a ideas muy malas. Y si así es como resulta, el pueblo estadounidense pagará el precio. Traducción de Gerardo Chaves para La Nación

Paul Krugman es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía del 2008.

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