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Tres tristes trastocados

Actualizado el 05 de mayo de 2012 a las 12:00 am

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Tres tristes trastocados

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Son un triunvirato, pero malévolo. No actúan de manera concertada pero al observador le obligan a sacar si no idéntica, paralela conclusión: ¿cuándo perdieron la cordura?

No es que estudiar a los templarios y quedarse sorprendido ante su gesta histórica sea malo en sí; no es que andar de caza sea reprochable en sí. No es que exhibirse por medio de su cuenta en ese libro de fachas (Facebook, en español) sea censurable en sí...

Pero ante los hechos concretos queda uno perplejo, aturdido, porque más allá de distancias y edades de los responsables... se evidencia una misma irresponsabilidad, una total ausencia de sentido común...

Aquel que hace menos de un año jugó de macho vikingo, evidencia que la capacidad de leer y redactar va más allá del descifrar letras y colocar palabras en fila: el verbo “legere” del que deriva nuestro “leer”, significa etimológicamente seleccionar, separar el grano de la paja. En tal perspectiva se encuentra estrechamente vinculado con el “krinein” que implica “juzgar”, asumir con responsabilidad una escogencia. Pues este dizque caballero, como reza el dicho ha pasado por la escuela, pero la escuela no pasó por él.

Aquel que uno ha admirado en más de un episodio difícil y hasta trágico en lo que llaman la Madre Patria, esta vez se cayó del pedestal. Tales escenas de caza, entre gobernantes y aristócratas, implicaban un ritual común, por ejemplo en tiempos de su lejano ancestro (no en sentido rectilíneo): en pleno León de Nicaragua, ahora (en la Fundación Ortiz-Gurdián) se puede admirar un tapiz flamenco, con Carlos V en una esplendorosa escena de caza, en las afueras de Bruselas' Pero eso, Majestad, era hace casi quinientos años. Por favor, dejemos esa zarzuela indigna, máxime en el contexto tan difícil de la España contemporánea.

Este, en Montes de Armas, sobre el que acabo de leer un reportaje en mi matutino, a escasas cuadras de mi casa se siente muy macho por su paginita y sus posturas absolutamente groseras y grotescas, con “juguetes” de grueso calibre. ¿Sabrá qué es una guerra? Mi madre, que por la primera conflagración mundial no pudo terminar la primaria y fue una refugiada en Francia, le podría haber enseñado; mi padre por poco fusilado por los nazis en la Segunda... también le habría podido ilustrar... ¿Por cuál cursito policial pasó ese individuo que ni verguenza le da desplegar toda su inmadurez?

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A cada uno le recomendaría un libro, a meditar. Al primero, como tendrá más tiempo, que lea, entienda y asimile “Crimen y castigo”: a ver si le sale algo de remordimiento por tanto asesinato; al segundo, le propongo que le dé una pasadita a “La cazadora de sueños”, para distraer la mente y olvidarse de los dolores; al tercero, quizá sugerirle “El principito”, lectura para adultos también (y trae dibujitos). ¡Qué lástima!, entre los tres comprobamos un triste vínculo casual: por sus armas los hemos conocido.

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