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La trampa del tiempo

Actualizado el 19 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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Voy a responder el excelente artículo de Alejandro Jenkin s en La Nación del 08/02/13. Alejandro es un joven físico teórico y humanista; en cambio, yo soy un viejo economista y humanítico (la palabra es correcta).

Alejandro, como profesional en física, tiene afición por la economía; y yo, como profesional en economía, tengo afición por la física.

Llegamos a conocernos gracias a una feliz intervención del doctor Eduardo Lizano Fait, profesor emérito de la Universidad de Costa Rica y expresidente ejecutivo del Banco Central.

El artículo de Alejando al que con gusto me refiero, se intituló “La trampa del tipo de cambio”.

Concuerdo ampliamente con Alejandro en cuanto a esta afirmación: “En realidad, la actuación del Banco Central (BCCR) responde a cierta lógica, pero es una lógica perversa, producto de un sistema cambiario que desde hace muchos años beneficia a quienes tienen ingresos en dólares (o sea, a los ricos) a costa de los ciudadanos ‘de a pie’... El asunto de fondo no es tan complicado, pero las autoridades suelen evitar explicarlo claramente”.

El asunto tampoco es tan simple y las autoridades están envueltas y paralizadas por un fenómeno que cabe llamar “trampa del tiempo”, que resumo así: la “lógica perversa del sistema de mercado” consiste en que los productores y consumidores actúan conforme a una estructura de tiempo, en que las principales contradicciones y problemas concomitantes son de “largo plazo”, algunos de 10, 20 años, incluso de generaciones enteras; mientras tanto, el marco de toma de decisiones políticas para resolverlos suponen horizontes temporales de apenas cuatro a seis años, es decir, “corto y medio plazo”. En otros términos, el tiempo disponible para resolver esos problemas –conforme a las realidades político-administrativas– supera ampliamente el tiempo requerido; por tanto, las principales decisiones necesarias ni siquiera llegan a ser planteadas, mucho menos puestas en práctica. En otras palabras, la organización y administración de la nación es tal que solo se plantean y realizan políticas de tipo marginal (en los escenarios más favorables).

Esa “brecha” –entre corto y largo plazo– que Raúl Prebisch conceptuaba como “trampa de tiempo”, implica un verdadero bloqueo –una auténtica inaccesibilidad a proyectos de desarrollo– o una especie de “condenación” a pataleos impotentes que conocemos como “subdesarrollo”; don Eduardo Lizano, más paciente que yo, los bautizó como “nadaditos de perro”.

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Precisamente, algunas de las recomendaciones del Comité de Notables apuntan a resolver tal estado de cosas. Pero ¡mucho cuidado! También se plantea el riesgo de aumentar y exacerbar las dificultades y frustraciones que ya padecemos. He ahí la cuerda (¡ojalá tensa!) que el personaje de Frederich Nietzche, Zaratustra, se atrevió a caminar con un muerto al hombro, ante una masa de observadores atónitos.

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