17 enero, 2013

Las corridas “a la tica” son una de las tradiciones de fin de año, pero carecen de la majestuosidad de las españolas: ni buen toro, ni arte de torear existen en Zapote.

Las nuestras son un campo de salvajismo puro: la gente acude a la corrida en busca de emoción, es decir, ¡de sangre! Una corrida buena es la que deja por lo menos un corneado.

No hay día en que más de un torero aficionado salga lesionado. Y la golpiza de un toro requiere –no pocas veces– atención de fracturas y cirugías cuyos costos empiezan a correr desde el traslado en ambulancia.

Pese a que se conoce el tipo de lesiones a las que está expuesto un torero, el monto de la póliza que adquieren es muy bajo y hace que, según el Presidente Ejecutivo del INS, este ente no pueda pagar a la CCSS más que el monto máximo de la póliza por la atención curativa del torero improvisado: ¢200.000. Monto ridículo para la mayoría de las lesiones traumáticas.

Es necesario acabar con esta situación y exigir que se compren pólizas apropiadas para dejar de estar, con cada corneado, sangrando a la CCSS. O bien, que la CCSS se sacuda y cobre a los dueños del redondel la diferencia en costos.

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