Por: Armando González R. 28 abril, 2013

No hay motivo de alarma. El Gobierno promete abstenerse de promover el aumento de la edad para pensionarse y el alza en las cuotas del Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte. Esa renuncia podría significar, a corto plazo, una crisis del sistema para el que cotizan 1,4 millones de ticos, pero la Casa Presidencial nos aconseja tranquilidad.

La crisis la viene advirtiendo, desde hace años, la Superintendencia de Pensiones (Supén). La auditoría interna de la Caja Costarricense de Seguro Social, la Contraloría General de la República, una comisión especial de la Asamblea Legislativa y el Consejo de Supervisión del Sistema Financiero también expresan preocupación.

Los intereses destinados a engrosar el fondo y garantizar su sostenimiento se están usando para pagar pensiones. El IVM se está volviendo un régimen de reparto, pero, en el futuro, poco habrá para repartir. El encarecimiento de las cuotas, el ajuste de la edad de retiro en concordancia con el alza en la expectativa de vida, la eliminación de las jubilaciones anticipadas y la reforma al régimen de afiliación independiente son la única salida.

La Caja estuvo a punto de admitirlo el miércoles, pero el jueves dio marcha atrás y el viernes el Gobierno salió a “tranquilizarnos”. No hay peligro de intento de solución antes del 8 de mayo del 2014, cuando la actual administración entregará el problema a la siguiente.

Para entonces, estaremos a un año de la fecha calculada por la Supén –con demasiado optimismo a juzgar por los acontecimientos– para que el IVM deje de crecer y comience a gastar su reserva. El cálculo es optimista porque los intereses ya se están repartiendo. Según la Caja, eso comenzaría a suceder a partir del 2028.

Quizá la próxima administración tampoco encuentre motivo de alarma. Bajo su mandato el régimen se empobrecerá, pero aun la Supén admite que hay recursos para pagar pensiones hasta el 2025. Faltan tres Gobiernos. El último de ellos, en sus postrimerías, podrá anunciar el definitivo desmoronamiento del régimen y dejarle al sucesor la tarea de “hacer algo”.

Los pensionados de entonces sufrirán las consecuencias. Si el lector que me ha acompañado hasta este punto tiene 50 años o más, puede contarse entre las primeras víctimas. Si tiene menos, no celebre. Su turno llegará.

La culpa no es toda del Gobierno. Ante la primera mención de una reforma, patronos y sindicatos mostraron los dientes. Su victoria fue inmediata. La administración, debilitada como está, tocó retirada ante tan formidable coalición. Todo seguirá igual, salvo la crisis del régimen. Esa se agravará a paso creciente, a falta de la valentía política necesaria.

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