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El tímido folclorista que trajo calma al Congreso

Actualizado el 05 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Hombre de confianza de la presidenta y conocedor de los vericuetos legislativos, el diputado Luis Fernando Mendoza preside el Congreso sin haberlo pedido

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Antes del 30 de abril del 2013, el guanacasteco Luis Fernando Mendoza Jiménez no concebía ser el presidente de la Asamblea Legislativa. Nunca lo sospechó, ni lo buscó ni lo pidió, tanto así que su elección se trajo abajo un viaje a Europa que tenía programado con el grupo folclórico Caña de Azúcar, al que pertenece desde hace casi 15 años.

Ese día, a menos de 24 horas de la elección, la presidenta Laura Chinchilla lo llamó y le propuso la candidatura , luego de una pugna en el grupo legislativo liberacionista, que no se puso de acuerdo para elegir entre los otros aspirantes: Sianny Villalobos, quien no convenció a todos –especialmente a sus compañeras-, y Luis Gerardo Villanueva, un hombre con pocos pero fuertes adversarios en su propia fracción.

Semanas antes, Mendoza había pedido a sus compañeros que no lo tomaran en cuenta siquiera como candidato a la jefatura de la bancada. Él asegura que ese tipo de encargos le restan tiempo para concentrarse en sus proyectos legislativos y por eso les huye.

Pero no pudo resistirse a la llamada telefónica de la presidenta.

“Me dijeron que había una responsabilidad con el país. Lo asumí por ofrecer una solución. En el Congreso se avecinaba una tormenta y de pronto se generó claridad”, dice este politólogo, de 51 años.

Su misión es clara: mantener la calma y procurar que no haya sobresaltos en un año electoral.

Él, por su parte, dice que busca “un Parlamento que vuelva al debate profundo, al debate político”.

Mendoza nació y se crió en la ciudad de Cañas, Guanacaste. Hace 23 años se casó con Ana Cecilia Carranza, con quien tiene dos hijos: Ariel (20) y Ana Laura (16).

Sus coterráneos cuentan que de niño se le veía en las calles, después de la escuela, vendiendo las empanadas que preparaban su mamá, Herminia, y su abuela Mercedes.

Estudió Economía y terminó graduándose como bachiller en Ciencias Políticas en la Universidad de Costa Rica. Fue consultor y trabajó en investigación económica en la UCR. Llegó al Congreso en en 1994, de la mano del diputado Humberto Fuentes (PLN) .

Allí se quedó y fue asesor de los legisladores Óscar Campos, José Miguel Corrales y Gilberto Jerez. Es del Partido Liberación Nacional o no es de nadie, tanto así que en el 2005, cuando Corrales renunció al PLN siendo diputado, Mendoza lo abandonó y se pasó a trabajar con la legisladora María Elena Núñez.

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“No podía estar compartiendo las intimidades de un despacho que enfrentaba los proyectos que yo apoyaba”, cuenta Mendoza.

En el 2010 le llegó su turno de ser legislador y todavía hoy le agradece al exministro Rodrigo Arias el apoyo a su candidatura. Por eso, desde el inicio, lo respaldó como precandidato presidencial.

¿Se considera arista? “Ahora ya no hay arismo. Ya don Rodrigo se fue”, responde de inmediato.

Las personas consultadas por este diario –legisladores del PLN, opositores, exdiputados y amigos de infancia– tienen la misma opinión sobre Mendoza: es un tipo buena gente, honrado y sin enemigos, pero no es “descollante” ni “protagonista”, sino más bien tímido.

“No le gustaba participar mucho en actos cívicos, era un niño muy aparte, un gran compañero eso sí”, recuerda Leda López, excompañera suya en la escuela.

“Los periodistas deben acostumbrarse a que es un hombre huidizo. No le gusta estar en primera línea”, afirma José Miguel Corrales.

“Él se allana y no da peleas por ningún tema”, dice su compañero de fracción Víctor Hugo Víquez.

Mendoza, en parte, lo acepta.

“Yo he logrado vencer la timidez personal y creo que no soy un diputado tan visible porque considero que en el Congreso se habla mucho y se hace muy poco. Pero, aun teniendo esa característica de timidez , cuando salgo al escenario en la parte del folclor me transformo y se me van los temores”, expresa.

Pero estos rasgos también le son señalados como una desventaja.

“Una de la cosas que le puedo ver es falta de firmeza en una toma de una decisión. Cuando trabajábamos lo quería poner a pelear, cuestionaba su trabajo y terminaba concediendo la razón aunque él la tuviese”, recuerda Corrales.

“No debe dejar que le metan la mano en extremo, especialmente el ministro de la Presidencia”, dice el exlegislador Óscar Campos.

Mendoza, por su parte, asegura que está en posición de rechazar imposiciones de donde sea que vengan. Pero, de inmediato, aclara: “Hay que diferenciar entre ser firme y conciliador. Yo estoy apostando a la conciliación. Si alguien me gana una batalla, no importa, si al final consigo mi objetivo”. Colaboró el corresponsal Julio Segura

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