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Familia comparte sus experiencias sobre un buen manejo de residuos en su hogar

Más que tiempo y dinero, reciclar requiere conciencia

Actualizado el 17 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Para la familia Yu Hurtado, proceso se inicia con las compras en el supermercado

Aunque municipio no recolecta reciclables, los llevan a centro de acopio

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Más que tiempo y dinero, reciclar requiere conciencia

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“Reciclar no me parece difícil. Cuando se tiene el hábito, ni siquiera pensás que lo estás haciendo”.

Las palabras son de Ángela Hurtado, cuya familia –conformada por ella, su esposo Ricky Yu y su hija Jazmín– optó por hacer un mejor manejo de sus residuos y así ayudar al ambiente.

Según datos de Asociación Terranostra (ATN), en el país se generan unas 4.500 toneladas de residuos sólidos domiciliarios al día. De estos, el 70% aún puede reutilizarse o reciclarse.

Ahora, el proceso de manejo de residuos se inicia antes de reciclar. “Hay cosas que prefiero ya no comprar. Cómo es posible que cada galleta venga por separado o empacan los juguetes con tanto plástico como si se fueran a escapar. Por eso tratamos de consumir productos que son responsables con el ambiente y que provengan de iniciativas locales”, dice Hurtado.

Asimismo, agrega: “Vivimos en un sistema capitalista donde la contribución que hacés es con tu dinero y se puede marcar la diferencia a partir de las compras, en la manera en que organizás tu consumo. Es una manera de decir: ‘yo quiero que las cosas sean diferentes’”.

Una vez que se genera el residuo y se clasifica, la familia reutiliza al máximo envases y materiales.

Por esa razón, el taller de Hurtado –quien se desempeña como diseñadora– está lleno de envases de vidrio donde almacena cosas mientras que los cartones de huevo y los tubos de papel sirven para hacer manualidades con Jazmín.

Como Yu se encarga de la jardinería, procura reutilizar muchos de los recipientes y los cartones de huevo como macetas.

¡A reciclar! “El reciclaje hay que prepararlo y no requiere mayor cosa. Es cuestión de enjuagarlo, secarlo y ya”, comenta Hurtado, mientras unos envases aún escurren en la pila de la cocina.

En el cuarto de lavandería tienen el “centro de acopio”. Nada muy sofisticado: en cajas o basureros depositan separadamente papel, latas, plásticos y tetra pak.

Yu y Hurtado coinciden en la importancia de informarse para saber cuál tipo de material sí se puede reciclar y cuál no. “Por ejemplo, no todo el plástico se puede. Hay que fijarse en el número”, dice ella.

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Jazmín, con apenas tres años, también colabora. “En el kínder le enseñan, pero de nada sirve el esfuerzo si el niño al llegar a la casa no lo puede hacer”, manifiesta Yu.

¿La Municipalidad recoge el reciclaje? “Este cantón no tiene servicio de recolección de reciclables. Llevamos nuestros residuos a un centro de acopio ubicado en San Pedro”, comenta Hurtado.

La falta de una guía completa de centros de acopio es algo que Yu resiente: “Hay programas que recogen materiales, pero no todos los días. Hace falta un directorio actualizado que informe sobre dónde puede ir uno a dejar las cosas”.

Los residuos orgánicos –como restos de verduras o frutas, servilletas, bolsas de té, cáscaras de huevos y semillas– corren una suerte diferente. Estos van a una compostera para generar abono que Yu emplea en el jardín.

“Los residuos orgánicos que se puedan, van a allí, aunque otros (como los restos de zanahoria o manzana) se los come el conejo”, comenta Hurtado.

Gracias a todas estas acciones, la familia saca semanalmente una bolsa que va al camión de la basura. “Y ni siquiera va llena”, dice Yu.

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Michelle Soto M.

msoto@nacion.com

Periodista de Ambiente

Redactora en la sección Aldea Global. Periodista graduada en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre temas ambientales. Recibió los premios Innovación para el Desarrollo Sostenible (2011) y Periodismo Agrícola y Desarrollo Rural (2012).

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