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Un templo ‘agonizante’ revive tras su restauración

Actualizado el 14 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Un templo ‘agonizante’ revive tras su restauración

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El peso de 147 años de edad, los enemigos climáticos y el abandono tuvieron a la ermita de Nuestro Señor de la Agonía –en Liberia, Guanacaste– en estado desfalleciente durante muchos años.

Un proyecto de restauración logró revivir a este templo edificado en 1865, y hoy se levanta con un inmaculado vestido blanco sobre el extremo este de la avenida 25 de Julio, en Liberia.

Esta iglesia –declarada patrimonio histórico arquitectónico en 1999– combina, en su diseño sobrio y elegante, las influencias colonial y neoclásica.

“Sus paredes fueron construidas con la técnica de adobe que consiste en colocar bloques gruesos y compactos fabricados con una mezcla de barro, arcilla zacate y, a veces, hasta boñiga”, explicó el director interino del Centro de Patrimonio, Adrián Vindas.

Dicha dependencia del Ministerio de Cultura supervisa las obras de restauración dirigidas por el arquitecto Erick Chaves.

En una de las paredes se dejó un vestigio protegido por un vidrio para que las personas puedan observar este sistema que utilizaron nuestros abuelos para las construcciones.

La nave central la conforman dos filas de 7 columnas de madera sobre pedestales de ladrillo. Las cerchas y las puertas también son de madera.

Según explicó Vindas, uno de los eternos enemigos del edificio ha sido la humedad pues el agua de lluvia se filtraba fácilmente por el techo de teja, dañaba la estructura de madera y también se escurría por las paredes.

El exceso de agua llegó a causar daños en el mobiliario y en las imágenes religiosas, que deberán ser restauradas aparte.

“ La solución para contrarrestar los efectos de la humedad es colocar láminas de zinc mimetizadas; es decir, que estéticamente no perjudican y sí aseguran la protección contra el agua”, dijo,

Vindas destacó que se conservará una buena parte de los elementos originales de madera de cedro, y solo se reemplazarán las piezas que están más dañadas.

Las losetas de barro que conformar el piso se restaurarán una a una; en el caso de que el daño sea muy grave, serán sustituidas.

También se instaló un sistema eléctrico nuevo para reemplazar al que ya estaba obsoleto.

Los ¢100 millones necesarios para la restauración provienen de la Central Azucarera del Tempisque (Catsa) y fueron gestionados por medio de la ley 7266. “Dicha norma autoriza a las empresas privadas a hacer donaciones en favor de la restauración de templos católicos, y esas cantidades se les deducen del monto total del impuesto sobre la de la renta”, explicó Vindas.

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Sueño blanco. La ilusión de la comunidad liberiana de ver a su ermita restaurada fue posible gracias al esfuerzo de los propios vecinos.

La presidenta del Comité Pro Restauración La Ermita de Nuestro Señor de la Agonía, Mélida Obando, explicó que, desde la década de 1970, los liberianos han dado la pelea por preservar su querido templo. “La primera restauración se hizo durante el gobierno de don Rodrigo Carazo; después se han hecho varios arreglos esporádicos, pero nunca un proyecto tan amplio y profesional como este”, dijo.

El uso de este templo era principalmente cultural y social pues allí funcionaba un museo de arte religioso y además se alquilaba para reuniones.

Las que sí son visitantes asiduas de la ermita son las Señoras del Rosario, que asisten todos las tardes a las 3 p. m. a elevar sus plegarias.

La ermita abrirá sus puertas el próximo 14 de diciembre.

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