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Actualizado el 12 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Las autoridadeshan logradoenfrentarla violencia

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Al inicio de la presente Administración, todas las encuestas señalaban que el principal problema percibido por los costarricenses era la inseguridad. Con el paso de los años este ha ido perdiendo importancia y se ha ido desplazando al segundo y tercer lugar. Esto es congruente con el comportamiento de los indicadores de seguridad. La tendencia al deterioro, acelerada desde 2005, parece tener un punto de inflexión en el 2010 e incluso algunas cifras muestran una mejora en los años siguientes.

El indicador más importante para medir los niveles de violencia son los homicidios dolosos por cien mil habitantes. En su punto más alto (2010) Costa Rica alcanzó 11.4; sin embargo, en el año 2012 la cifra había bajado a 8.4. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito reporta un indicador de 41.0 en Centroamérica en el 2012, un promedio de 20.0 en Suramérica y 15.4 para todo el continente americano. Si bien los resultados nacionales aún superan el promedio mundial (6.9) y está lejos de los países desarrollados, en términos regionales las cifras son favorables. Pero lo que debe desatacarse es la reversión de la tendencia al incremento en los homicidios dolosos.

Otros indicadores muestran un cuadro variado, los hurtos continúan aumentando y los asaltos a las viviendas, luego de bajar, volvieron a incrementarse; mientras que las tentativas y violaciones, lesiones, asaltos y robos y tacha de vehículos continúan disminuyendo.

Por lo tanto, en general, se puede argumentar que ha disminuido la inseguridad.

Factores múltiples. La interpretación de los factores que explican esta mejora siempre es compleja. Pero destacan la transformación de la policía, los sistemas de vigilancia y el uso inteligente de la información cada vez más centralizada y mejor procesada para el trabajo policial preventivo y represivo. Los tribunales de flagrancia también han jugado un papel importante. Las políticas sociales, particularmente la disminución de la deserción de los colegiales, también deben haber jugado un papel.

En definitiva, las cifras muestran que es posible enfrentar la violencia y que las autoridades lo han logrado con un grado importante de éxito. No obstante, la amenaza del crimen organizado se mantiene y podría acrecentarse en los años recientes, por lo tanto, es prioritario atender el desafío de la seguridad interna.

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En primer lugar, las mejoras logradas deben consolidarse, el cambio de administración que se avecina en el 2014 no debe echar por la borda las lecciones aprendidas, sino que debe aprovecharse para fortalecer las políticas públicas en esta materia.

En segundo lugar, ante la descoordinación existente, se optó por concentrar de hecho el poder en un ministro de Seguridad y Gobernación. Los marcos legales y organizativos no han sido modificados. Cabe repensar si las funciones correspondientes a un ministerio del interior no deban separarse de aquellas propiamente de seguridad, pero en todo caso, la revisión del marco legal y administrativo es parte de la tarea pendiente.

Prevención. En tercer lugar, es sabido que la prevención tiene menor costo económico y humano que la represión. Para hacer sostenible la tendencia a la mejora en la seguridad deben fortalecerse los programas de prevención social, particularmente los destinados a las poblaciones en riesgo, en especial los jóvenes de áreas marginales que desertan del sistema educativo. Tanta prevención como sea posible y tanta represión como sea necesaria...

En cuarto lugar, los casos exitosos en la región también destacan por integrar y articular muy bien los esfuerzos comunales, municipales y nacionales tanto en prevención como en represión a partir de una georreferencia de los hechos delictivos. Este es terreno fértil de mejora.

En quinto lugar, también el Estado debe adoptar los sistemas modernos de administración en donde las pirámides de poder verticales se sustituyen por matrices de coordinación interinstitucional, de tal manera que, además de los consejos sectoriales, se puedan ver todas las políticas púbicas desde un ángulo particular, en este caso, de la seguridad y hacer los ajustes correspondientes (consejos temáticos). El mundo moderno requiere adaptarse rápidamente y no puede esperar a los cambios organizativos, ni depender exclusivamente de las relaciones jerárquicas verticales. Para eso se han desarrollado los sistemas de administración matricial.

Los logros incipientes en seguridad pueden y deben consolidarse.

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