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La seguridad ciudadana: nuevos enfoques (II)

Actualizado el 20 de julio de 2010 a las 12:00 am

Una política de seguridad ciudadana debe actuar en forma abierta frente a la colectividad

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La seguridad ciudadana: nuevos enfoques (II)

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Como indicábamos en un primer artículo (La Nación, 8 de julio de 2010), una nueva manera de abordar el tema de la seguridad ciudadana consiste en centrar las acciones a emprender en los principios de rigor: sensatez, concertación, transparencia y continuidad (visión de futuro). Así lo hace el Plan de Gobierno 2010-2014.

Rigor. El principio de rigor implica fundamentalmente:

a) Asegurar un planteamiento teórico y metodológico adecuado del tema y, pese a sus deficiencias, el recurso a la información empírica disponible.

b) Tener en cuenta los principales problemas de fondo de la seguridad ciudadana y la previsible evolución del entorno en que se manifiesta.

c) Inscribir los programas a emprender en el marco de las políticas públicas del Estado.

d) Considerando la complejidad, ya señalada, del tema, adoptar frente al mismo un enfoque integral.

La exigencia de rigor supone además rechazar en principio numerosas afirmaciones basadas en datos parciales y, muy a menudo, poco fiables e incluso incorrectos, que suelen emanar de las más altas autoridades de algunos organismos involucrados en el tema (sobre todo ministerios y servicios policiales), aunque también de especialistas e incluso de instituciones internacionales. Tales afirmaciones han llegado a elevarse a la categoría de mitos, de difícil erradicación. Entre ellas pueden mencionarse las siguientes, aplicables también a Costa Rica: las pandillas juveniles y los extranjeros son los principales responsables de la criminalidad violenta, las intervenciones policiales y judiciales (así como el incremento de las penas) tienen como resultado una disminución significativa de la delincuencia, o la legislación penal vigente y su aplicación favorecen la impunidad.

Sensatez. El respeto de este principio supone, entre otros aspectos:

a) Inspirarse, con las debidas adaptaciones, en las experiencias internacionales exitosas.

b) Buscar modalidades de acción que, por presentar costos económicos relativamente bajos, puedan ser asumidos por el país.

c) Sin descuidar las estrategias y acciones de corte represivo, dar prioridad a las de índole preventivo y, especialmente, a las orientadas a los jóvenes en riesgo.

d) Distinguir -y combinar- acciones a corto, mediano y largo plazo.

e) Promover experiencias piloto antes de aplicar proyectos de mayor envergadura.

f) Evitar dejarse dominar por el pánico, las frustraciones o las soluciones mágicas o improvisadas y, en sentido contrario, basarse en un conocimiento riguroso pero desapasionado de la situación.

g) Apuntar a un equilibrio entre los valores de protección social y respeto de las garantías individuales.

La aplicación exitosa de una política pública de seguridad ciudadana basada en una visión de futuro que, superando los inconvenientes de los cambios de Gobierno, garantice la continuidad de las estrategias y acciones a llevar a cabo, impone buscar consensos y compromisos entre los principales actores involucrados.

Transparencia. Finalmente, por los poderes discrecionales de que gozan los operadores del sistema penal, una política de seguridad ciudadana debe actuar en forma abierta frente a la colectividad, someterse a ciertas formas de control y rendir periódicamente cuenta de sus actividades.

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