El aplomo norteño en la defensa y la efectividad arriba frenaron al líder

Por: José Pablo Alfaro Rojas, Daniel Jiménez 19 septiembre, 2016

El sufrido trajín de los Toros del Norte en la división de honor necesitaba un triunfo con tintes de grandeza, de los que simbolizan un alto en el camino y permiten cambiar el rumbo, de los que años atrás eran un ritual común en el Carlos Ugalde, pero que muchos no recordaban.

Como el de ayer en casa, a estadio lleno y contra un adversario que había olvidado perder.

Saprissa, con 11 juegos de ser intratable en el torneo, parecía ser el contrincante idóneo para devolverle a la trinchera norteña el calificativo de fortín.

Así fue. San Carlos tiró a la basura los argumentos ofensivos que convirtieron a los morados en el equipo más goleador (y al más vistoso) de la campaña.

Un mérito doble si se toma en cuenta que a los norteños le sacudieron las redes como a nadie desde su regreso a la Primera.

Ellos han sufrido 20 goles en contra y tienen el peor rendimiento de local; la de ayer fue la primera victoria en el Carlos Ugalde en este campeonato.

Pero aunque los fríos números dicen una cosa, la realidad, y la pizarra de Eduardo Méndez, presagiaban otra muy distinta.

La efectividad en ataque se complementó con un muro perfectamente construido, con zagueros atentos y claros en las coberturas y en la marcación.

San Carlos maniató a Daniel Colindres por su costado y, en general, disminuyó el poderío de los tibaseños por las bandas.

Luego de romper la principal arma morada, los norteños cerraron los espacios para evitar que los pases de Angulo y Guzmán sobrepasaran su área, con un accionar sobresaliente de Cristian Montero y los laterales Javier Loaiza y Dave Myrie.

El poder de los anfitriones se basó en ser eficaz arriba y abajo.

En ataque, Wálter Silva cerró la pinza luego de un buen centro rastrero de Gustavo Jiménez, al minuto 10, para ponerle números al marcador. Posteriormente, en el epílogo de la inicial, el propio Jiménez perforó las redes con un trallazo de media distancia.

Dos goles, lo suficiente para controlar el partido a su antojo.

Aún cuando Saprissa llevó el peso del juego, el fútbol actual dicta que tener la pelota no es garantía de triunfo, y más aún si no se tiene profundidad arriba.

Esa fue la constante, los embates del líder se quedaron en nada. San Carlos fue superior.

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