31 diciembre, 2012

Sí, lástima Descartes, esta época parece volverlo descartable. Sobrevivimos el cambio de calendario maya y “napidad”, como dicen las nietecitas.

Uno por allí me trató de pesimista: ¡incorrecto, Gilberto! O me hago cada vez más inteligente (cosa dudosa) o la gente se vuelve cada día más superficial. Confunden cerebro con cáscara. No soportemos la medianía ni la vulgaridad. Vayamos excelsior, grado comparativo, ¡hacia la excelencia!'

Nos suman y con-suman como tuercas en un engranaje. “Un pueblo, un mundo y un conductor mercado”: cualquier parecido con una fórmula de hace décadas, ¿será mera coincidencia?

Quien en estos días no ríe con las masas, capaz que lo cataloguen de raro o de tonto. Hay que reír porque el otro lo hace, mandados ambos.

Muy serio: el colega Enrique Banus (Univ. de Barcelona) escribió en su blog: “No tengo miedo de que el mundo termine en el 2012. Tengo pánico de que siga igual”. ¿Otro pesimista? Los que lo conocemos afirmaremos todo lo contrario, aunque sea en este día inocente en que escribo. Como toda esa gente, Vicente se ríe a mandíbula batiente; nosotros gozamos por dentro.

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