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Los retos de Araya

Actualizado el 06 de enero de 2013 a las 12:00 am

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La renuncia del exministro Rodrigo Arias a sus aspiraciones presidenciales da un vuelco al panorama político y convierte al alcalde Johnny Araya en virtual candidato liberacionista para las todavía distantes elecciones del 2014. La prematura victoria del alcalde ofrece la posibilidad de unificar al liberacionismo y armar equipo sin que nadie le compita en la cada vez más difícil tarea de atraer talentos.

Implica, sin embargo, importantes riesgos. Araya será candidato durante demasiado tiempo. Su contendiente por la candidatura hasta el viernes pasado puede dar testimonio del peligro que eso entraña. Convertirse con tanta antelación en “el hombre a vencer”, como describió Rodrigo Arias su condición de hace unos meses, es con- vertirse, también, en pararrayos.

Arias buscó esa condición y se dio cuenta de las desventajas cuando ya era demasiado tarde. Araya tropezó con ella el viernes pasado, cuando el exministro de la Presidencia decidió abandonar la contienda. No tiene más remedio que administrarla con cuidado.

El virtual candidato no ignora la influencia del arismo y su peso en la Asamblea Legislativa. Tampoco desconoce el peligro de acercarse demasiado. La clave de su éxito está en haberse convertido en candidato de oposición dentro del liberacionismo, una respuesta al establishment encabezado por el expresidente Óscar Arias, todavía domi- nante en la estructura partidaria. Ese papel ya no le va al alcalde.

El virtual candidato no puede dar la espalda a figuras tan significativas de su partido, ni tampoco arriesgarse a perder del todo la personalidad política construida en los últimos años a fuerza de marcar distancias. Además, el camino hacia la unidad exige entendimientos y la estructura liberacionista no es una ventaja despreciable.

Similar problema plantea para Araya la relación con el gobierno de la presidenta Chinchilla. Es mucho más fluida y armónica, mas también entraña riesgos. Araya no puede desentenderse del desempeño del gobierno, pero la pretensión de cogobernar no será bien recibida en Zapote, como no lo fue cuando el arismo se aventuró a intentarlo.

Una identificación demasiado estrecha con el ejecutivo le impondrá al alcalde el precio de compartir su natural desgaste, pero su interés en la buena fortuna de la administración es obvio, particularmente ahora que las circunstancias lo convierten en el rostro visible de Liberación Nacional.

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Ya sin candidato en la contienda interna, el arismo podría enfrentar el reto del expresidente José María Figueres por el control del partido. En la posibilidad de esa pugna reside otra fuente de riesgos para Araya, cuyo peso como virtual candidato puede resultar decisivo.

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Armando González R.

agonzalez@nacion.com

Editor General Grupo Nación

Laboró en la revista Rumbo, La Nación y Al Día, del cual fue director cinco años. Regresó a La Nación en el 2002 para ocupar la jefatura de redacción. En el 2014 asumió la Edición General de GN Medios y la Dirección de La Nación. Abogado de la Universidad ...

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