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Y a poco resucitaron

Actualizado el 09 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Esta convención demócrata hasido la más entretenida de la historia

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Cuenta Pablo en su primera carta a los corintios que Cristo resucitó al tercer día de sepultado. La convención del Partido Demócrata norteamericano no demoró tanto en reincorporar a Dios y a Jerusalén a su plataforma electoral de 2012, de donde los había expulsado.

–Un momento –respondió enseguida Debbie Wasserman Schultz, que es la jefa del Partido Demócrata–. No hubo la menor intención de expulsar a Dios de la plataforma, nadie lo propuso. ¿A quién se le ocurre sugerir tal cosa? –¿Entonces qué fue? –inquirió la prensa–. ¿Un descuido? ¿Un olvido? ¿Una pifia?

–La plataforma refleja el pensamiento del partido y en ocasiones resulta demasiado extensa –dijo la rubia del pelo encaracolado tan bonito, yéndose por las de Pavía, y ya no hubo quien la sacara de ahí–. Fue una omisión técnica.

Las tiranteces. (Yo, la verdad, por un momento pensé que probablemente no era que hubieran expulsado a Dios de la plataforma, sino que Dios había salido corriendo porque ya no le agradaba la compaña en eso en que se ha convertido el Partido Demócrata.)

Lo de Jerusalén como capital fue más divertido todavía, dado que Debbie es judía por todos lados. Preguntada acerca del significado de no reafirmar el compromiso estadounidense con Israel, tradicional por los dos partidos en sus plataformas electorales, contestó que la cuestión la utilizaban los republicanos como arma arrojadiza, jugando con ella como con un balón de fútbol, y que eso dañaba a Israel. La reinclusión, dijo, refleja el pensamiento del presidente Obama.

Bueno, dejó sin explicar las tiranteces evidentes entre Obama y Bibi Netanyahu, ni por qué el aspirante republicano visitó la única democracia mesoriental tras ser nominado en tanto el presidente demócrata no se ha dado un saltito solidario al aliado cuando crecen las amenazas terroristas, iraníes y árabes, aparte de pretender que vuelva a fronteras prebélicas indefendibles.

Dios y los judíos. Pero, a pesar de la pronunciada deriva hacia la izquierda experimentada por el Partido Demócrata en los últimos decenios, continúan formando parte de su electorado infinidad de fervorosos creyentes a los que no les hace ninguna gracia estar oyendo que Dios es una aberración, que hay que eliminar de las escuelas toda referencia al creacionismo, pues es cosa de imbéciles, y poner énfasis en la teoría del evolucionismo. Y un montón de judíos a quienes inquietan los desplantes de Obama a Israel. Aparte de la flagrante desconexión entre unos oradores que invariablemente terminan invocando la bendición de Dios y una plataforma que expele a Dios.

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En vista de lo cual, y de las encuestas, que no auguran ni mucho menos un triunfo arrollador para Barack Obama, según versiones él mismo tomó cartas en el asunto y mandó traer de vuelta a la plataforma a Dios y a Jerusalén. Aunque cuando el gobernador de Ohio, Ted Strickland, ministro de la Iglesia metodista unida, presentó la propuesta a la convención, el rechazo fue tan fuerte que el rector de la asamblea, Antonio Villaraigosa, alcalde de Los Ángeles, tuvo que demandar tres veces los síes y noes a viva voz antes de declarar, con ayuda del volumen manipulado de los altavoces, que las enmiendas se aceptaban.

Por ese y otros mil incidentes jugosos, esta convención demócrata ha sido la más entretenida de la historia.

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