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Lo rentable también puede ser pegajoso

Actualizado el 28 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Reconocidos músicos han descubierto que dedicarse a HACER BANDAS SONORAS PARA VIDEOJUEGOS puede ser una nueva y atractiva forma de hacer dinero.

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“Me preguntaron si me imaginaba haciendo algo así y lo encontré emocionante. Un videojuego vende mucho mejor que un CD por estos días. Y se alcanza a un mercado diferente. Los jóvenes escucharán mi música por primera vez mientras juegan el videojuego”. Las palabras son de Paul McCartney, quien declaraba al periódico alemán Die Zelt que había comenzado su coqueteo con el mundo de los videojuegos.

Hace un par de meses, el ex-Beatle dio más pistas en su cuenta de Twitter: “Estoy emocionado de trabajar componiendo música con Bungie, el estudio que creó Halo”. Según los rumores, se trataría de la banda sonora de Destiny , un juego para la próxima generación de consolas.

Sin duda, la fascinación por la música de los videojuegos va en aumento. Antes, por las limitaciones técnicas, eran melodías simples con un sonido que usaba solo ocho bits. “Aun así, surgieron piezas grandiosas, como por ejemplo la música de Mario y Zelda, creada por Kôji Kondô, considerado “el Bach de los 8 bits” y que todavía hoy la gente tararea”, precisa Felipe Vásquez, coleccionista de bandas sonoras, tanto de cine como de juegos.

Para él, uno de los grandes maestros del género es Michael Giachino, quien revolucionó la escena cuando en 1997 creó la banda sonora del juego El Mundo Perdido , secuela de Jurassic Park . “Se pasó del sonido básico que sonaba artificial, a música épica interpretada por una orquesta y con una calidad de composición excepcional”, explica Vásquez.

La fama de Giachino –responsable de la banda sonora de Medal of Honor – traspasó los videojuegos. Fue llamado para trabajar en cine y televisión y ganó el Óscar por la música que compuso para Up .

Pero esto cambió. “Si, antes, los músicos de videojuegos eran tentados para que trabajaran en el cine, ahora los compositores consagrados del cine están trabajando para el boyante mundo de los videojuegos. Es el caso de Danny Elfman –creador de la música de Los Simpson, Big Fish o Men in Black –, o Hans Zimmer –ganador de un Óscar por el Rey León –, quien creó la música del juego Call of Duty Modern Warfare” , dice Vásquez.

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Para oír sin jugar

Es tanto el interés que genera la música de los juegos, que producciones como Final Fantasy, creada por el japonés Nobuo Uematsu, tienen CD propios para que los fanáticos puedan escuchar la música sin necesidad de jugar.

Incluso en Latinoamérica, ya empieza a verse como un buen negocio. En Chile, por ejemplo, el músico Francisco Cerda compuso la banda sonora del juego independiente Jamestown , creado en Estados Unidos, y por esta ganó un premio de honor en el Festival de Videojuegos Independientes. “Quería hacer una banda sonora memorable, que por un lado encajara muy bien con lo que pasa en el juego y que funcionara bien fuera de él. Que la gente tuviera la música en su cabeza y la pudiera tararear”, asegura.

Cerda opina que los videojuegos son un campo atractivo porque permiten obtener buenos ingresos, pero además “hay cierta libertad de acción para componer y experimentar”. Además, dice, su creación tiene un alcance inusitado: el juego ha sido descargado más de 500.000 veces, y la banda sonora fue incluida en un pack que tuvo 20.000 descargas.

Un nombre destacado

El español Óscar Araujo es uno de los mejores en esta industria. A sus 36 años, figura entre los más destacados compositores para videojuegos.

En su trayectoria destaca la banda sonora de la película Transsiberian y de El Cid campeador. En el mundo de los videojuegos, su trabajo más elogiado fue Castlevania: Lords of Shadow , que resultó premiado como Mejor Música Orginal por la Asociación Internacional de Críticos de Música de Películas (Ifmca).

“La música le da credibilidad a los personajes y a la trama. Te hace creer mucho más en lo que estás viendo y jugando”, opina.

Al comparar su labor en esta industria con lo que ha hecho repetidas veces en el cine, el compositor cree que es más complicado lo primero.

“En el cine solo se sincroniza la música con las imágenes; en el videojuego hay que crear entornos para cada momento, se interactúa con el jugador y con los personajes. Por eso, los videojuegos son el futuro del entretenimiento”, concluye.

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