Por: Carlos Láscarez S. 24 noviembre, 2016

La idea era clara: ir a alguno de los albergues para verificar cómo se preparaban en Upala ante el paso del huracán Otto. Como periodista, esto es parte de mi trabajo, pero no sospechábamos que la situación se complicaría tanto.

A las 5 p. m. el fotógrafo Alonso Tenorio, el chofer Ricardo Sánchez y yo, notamos que el cielo varió de tono celeste a casi negro, por lo que decidimos dejar el distrito Las Delicias para volver al centro de Upala.

Con lo que no contábamos era con que en esos siete kilómetros enfrentaríamos vientos extremos que arrancaron de golpe cuatro árboles, bloqueando la ya destrozada calle de lastre.

Ante el riesgo de que un árbol más grande impactara nuestro carro, decidimos, a cómo pudimos, arrancar ramas y abrir un paso para evitar quedar ahí a oscuras. Un cuchillo habría ayudado bastante.

En eso estábamos cuando llegó un funcionario del Ministerio de Agricultura y Ganadería, quien se unió a nuestro esfuerzo pues se dirigía a sacar a cuatro lugareños, también para trasladarlos a Upala.

El viento era tal que por momentos sentíamos que nos iba a arrastrar, por lo que fue mejor resguardarse en el pick- up.

Minutos antes, otro conductor que viajaba con su novia, cuyo nombre no recuerdo ahora, nos alcanzó en medio de la nada y dijo asustado que solo deseaba llegar al centro y olvidar lo vivido esta tarde de noviembre.

Para poder llegar a Upala tuvimos que bordear varias propiedades en las que eran visibles cables eléctricos en el suelo, en lo eran los jardines.

Recuperamos algo de tranquilidad cuando a lo lejos vimos una pequeña luz. Se trataba del comerciante Harley Ulate Murillo, quien se alumbraba con una candela dentro de su negocio de hamburguesas.

Nos contó que estaba acostumbrado a ver el río Zapote desbordarse, pero que nunca había sido testigo de vientos tan fuertes. Yo tampoco.