Por: Ángela Ávalos 6 septiembre, 2012
 Conocido como “el puente del Sucio”, la estructura de metal une a una amplia zona bananera con Puerto Viejo de Sarapiquí. | FABIÁN HERNÁNDEZ PARA LN.
Conocido como “el puente del Sucio”, la estructura de metal une a una amplia zona bananera con Puerto Viejo de Sarapiquí. | FABIÁN HERNÁNDEZ PARA LN.

Jelvin Valdivia Martínez cruzó ayer a nado el río Sucio tras venirse abajo el puente de metal que conectó durante 20 años la finca bananera donde él trabaja con Puerto Viejo de Sarapiquí.

Al antiguo puente lo derribó el terremoto, segundos después de que lo atravesara un camión con ganado y un bus de transporte público con unas 70 pasajeros. Se calcula que 3.000 personas de las comunidades aledañas quedaron incomunicadas.

Carlos Chavarría fue testigo de todo. Él también se salvó de caer junto con el puente porque se le pinchó la llanta del carro unos 100 metros antes de llegar a la vieja estructura metálica.

“Estaba agachado cambiando la llanta cuando se vino el socollón. Apenas dio tiempo para que pasara un camión lleno de ganado y el bus repleto de gente de La Colonia. Los pasajeros del bus salieron despavoridos”, relató el vendedor, quien aprovechó la emergencia para montar su puesto de refrescos y golosinas del lado de Puerto Viejo.

El puente mide 91,5 metros de largo y está sobre la ruta 507, que se convirtió en vía nacional el año pasado con la construcción de la trocha fronteriza. Antes era una ruta cantonal a cargo de la Municipalidad de Sarapiquí.

Cristian Rodríguez, promotor social del ayuntamiento, informó de que entre 2.000 y 3.000 personas viven del lado de los bananales, en comunidades como San Julián, Zapote, Los Lirios, La Colonia, Canfín, Sardinal y Delta Costa Rica.

Por esa zona, además, sale mucha producción, principalmente banano, piña, arroz y ganado.

Esos 3.000 habitantes son los más afectados con la caída del puente, el cual, hasta ayer, era la única estructura que los conectaba con Puerto Viejo.

Si quieren ir hasta el centro del cantón, deben hacer un largo y peligroso viaje saliendo a Ticabán, en Guápiles (Pococí).

Adonis Barrios Estrada se mantenía ayer a la espera de las pangas que prometieron para ayudar a la gente a pasar el río. Barrios vive en La Colonia, del lado de las fincas bananeras, y ayer había salido temprano a hacer unos trámites bancarios en Puerto Viejo.

Al mediodía, llevaba casi cuatro horas bajo el sol esperando a que alguien resolviera su situación y la de decenas de personas que se quedaron varadas en ambas orillas del caudaloso río.

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