Por: Armando González R. 9 septiembre, 2012

El precandidato presidencial Rodrigo Arias debe agradecer a Fernando Berrocal, su contrincante por la candidatura del Partido Liberación Nacional, la campaña publicitaria estrenada en días recientes. Si la tendencia de Berrocal no hubiera ideado los anuncios, la de Arias se los debió haber sugerido.

Los anuncios definen a Arias como el precandidato a derrotar. Es el hombre fuerte y es necesario “frenarlo ya”. El primero es el mensaje implícito y, el segundo, figura textualmente en uno de los anuncios. La lectura del mensaje subyacente por la dirigencia partidaria confirmará a los aristas el acierto de su decisión. Los indecisos y los inclinados a militar en otras tendencias reflexionarán sobre la virtud de buscar albergue en tiendas opuestas a las del virtual ganador.

Según el mensaje implícito, quien derrote a Arias no le inflingirá una derrota. Le robará la victoria. La campaña parte de la concesión de un terreno demasiado amplio al rival. Polariza la contienda a partir de la figura de Arias, pero carece de argumentos para construir el polo contrario. En los anuncios, don Rodrigo aparece solo y con ventaja. Frente a él se extiende el campo todavía difuso de la oposición.

Los anuncios sugieren a Berrocal como polo opuesto, capaz de hacer el milagro de “frenar” a Arias. Hay disonancia entre el mensaje y la realidad. En una contienda donde gravitan las figuras de Johnny Araya y, quizá, José María Figueres, el reto de Berrocal carece de credibilidad.

Uno es alcalde de San José y mostró fuerza en la precampaña contra la presidenta Chinchilla. El otro es expresidente de la República y heredero de la robusta tradición política fundada por su padre. No será Berrocal quien “frene” a Arias, si alguien logra “frenarlo”.

Pero la campaña publicitaria tampoco sirve a los intereses de Araya, ni a los de Figueres si decidiera en noviembre poner su nombre en liza. A ninguno beneficia la imagen de un Arias triunfante, con unos tres meses de margen, de aquí a noviembre, para consolidarse.

Si los bandos liberacionistas terminan de definirse en noviembre, y la convención se celebra en abril, la aplicación del “freno” queda para los tres primeros meses del 2013, con buena parte de la dirigencia partidaria definida y Berrocal insistiendo en que don Rodrigo es el virtual candidato.

Los anuncios tienen un problema adicional. Se hacen notar, como los del “menos malo”. El ataque a Arias se funda en recursos visuales de naturaleza cuestionable. Un campesino y la clienta de una pulpería se tapan con las manos el trasero, como para evitar un contacto sexual indeseado. Llama la atención, pero no necesariamente en el sentido que Berrocal querría.

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