Por: Álvaro Murillo 13 abril, 2013

Los pedazos de mango en el parabrisas frontal del carro eran un recuerdo demasiado fresco de lo que pasó un día antes en Alajuela, un episodio enmarcado en desórdenes que “se pudieron haber evitado” si el gobierno de Laura Chinchilla fuera más abierto.

Al menos así lo pensaba ayer en la mañana Bernal Jiménez, presidente del Partido Liberación Nacional (PLN) y víctima el jueves de un ataque en su carro de parte de un grupo de los manifestantes que protestaban contra Chinchilla.

“No me gusta la concesión (carretera San José-San Ramón), pero lo que menos me gusta es cómo se ha manejado”, dijo Jiménez, de 83 años, reiterando el rechazo que expresó antes las personas que lo acosaban en Alajuela.

Estas fueron las palabras de Jiménez, el hombre que fue muy cercano a Chinchilla cuando ambos fueron diputados y al que ahora la mandataria se refirió como “ese señor” en una entrevista radiofónica con la periodista Amelia Rueda.

Después, en otra entrevista con el periodista Randall Rivera en Radio Reloj, Chinchilla insinuó que el rechazo de Jiménez a la concesión obedeció al momento de apremio que vivió al ser atacado por los protestantes.

“Un adulto mayor de más de 80 años que se asustó al caer en el corazón de una protesta en un automóvil de lujo”, dijo Chinchilla sobre Jiménez, quien ya tiempo atrás había discrepado de ella por el fallido plan fiscal.

‘Perturbada’. Consultado por esas expresiones, Jiménez contestó así: “Me parece que está muy perturbada, pero a ella es a quien no la favorece decir eso. A mí no me afecta nada. Y de ninguna manera dejo de respetarla y apreciarla”.

Esto lo dijo antes de subirse a su carro de parabrisas quebrados y pedirle a su chofer que lo llevara a la sede del PLN, cómodo exhibiendo orgulloso las secuelas de lo ocurrido el jueves.

Ayer no soltó sus dos teléfonos. Hablaba con periodistas y con otras autoridades del Partido, a quienes la presidenta Chinchilla ya les ha cancelado reuniones en dos ocasiones, según él.

“No quiere oír a nadie; oye nada más a los acólitos que la rodean. Eso no está bien”, criticó Jiménez.

Fuera, estaba el BMW X5 que pagó en su momento con un cheque de $78.000. Tenía los dos parabrisas quebrados y dentro, como evidencia, una piedra del tamaño de una lechuga, rodeado de panfletos contra la concesión de la carretera.

Los daños podrían superar los ¢4 millones, pero Jiménez ni se inmuta por los gastos. Tampoco tiene en mente gestiones legales. Parece expresar que le preocupa más la situación política de un gobierno que considera mal asesorado.

“Laura debería tener asesores de más experiencia”, recomendó este hombre que no pretende dejar aún las arenas políticas.

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