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El poscristianismo y sus causas

Actualizado el 10 de febrero de 2013 a las 12:00 am

El postcristianismo, un fenómeno que se extiende por todo el mundo

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En la tradición intelectual cristiana ha sido muy frecuente el gusto por la construcción conceptual polarizada (cielo e infierno, cuerpo y alma, etc.). Por eso no es de extrañar que nuestro buen contertulio, fray Víctor Mora, se haya inclinado esta vez por esa vieja tradición al tratar sobre el postcristianismo (La Nación, 27/01/13). Según su versión, frente al cristianismo se ha levantado un laicismo excluyente que estaría impulsando un anticristianismo o “postcristianismo, por estar a la moda”. La intención explícita de Mora es tratar de mostrarnos una competencia discursiva en torno a la racionalidad moderna entre el cristianismo y su contrincante, ese laicismo ortodoxo, pero creo que al hacerlo en realidad oculta la verdadera naturaleza del postcristianismo.

Pérdida de influencia del cristianismo. La escena de este comienzo de siglo no está dominada por esa confrontación entre el discurso cristiano y un laicismo negador, como diera la impresión el texto de Mora. Desde luego, esa confrontación existe, aunque no tan polarizada, pero lo que realmente domina el escenario es el fenómeno sociológico de la pérdida de influencia del cristianismo.

Cuando afirmo que la confrontación discursiva no es tan polarizada, me refiero a que Mora viste al maniqueo cuando habla del laicismo. Porque es cierto que tal laicismo excluyente existe, ese que plantea que el Estado laico no sólo es aquel que no contiene prevalencia religiosa alguna, sino que además excluye al discurso religioso del espacio público. Pero esta corriente es sólo una más dentro del amplio cuerpo del laicismo, que abarca hasta posiciones como la de Habermas –en la que me inscribo- que defiende el Estado laico, pero también el derecho del discurso religioso a expresarse como tal en el foro público.

El descreimiento. En otras palabras, el cristianismo no enfrenta hoy solamente otro discurso que se presenta como ortodoxo, sino principalmente un fenómeno de sentido opuesto: el incremento del descreimiento, tanto en términos de construcción intelectual, como de proceso sociológico. Ese es el origen fundamental del postcristianismo, un fenómeno que se extiende por todo el mundo, pero que ya es mayoritario en Europa, como reconoció Joseph Ratzinger, antes de ser investido pontífice.

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Este alejamiento del cristianismo, que algunos entienden como simple superación (de ahí el término de postcristianismo), se viene incrementando desde fines del siglo pasado por distintas causas. Quizás la más visible de ellas, aunque no me parece la más importante, es la referida a los escándalos de las Iglesias, desde los financieros hasta los sexuales; que ha motivado a muchos creyentes a tomar distancia de la religión. Creo que la causa más profunda se refiere al masivo abandono de la práctica religiosa en las sociedades más avanzadas, motivada por la explosión de fuentes cognitivas que hoy tienen (o sufren) los seres humanos, pero también por el creciente rechazo de los dogmas que tanto afecta a los cristianos católicos.

El agnosticismo. Hoy es difícil que una joven con formación universitaria acepte sin más el milagro de la virginidad de María, por poner un ejemplo ya encajado por una amplia cantidad de cristianos. Como Ratzinger reconoció, la notable carga dogmática de la Iglesia Católica es en este sentido una dificultad agregada. Desde luego, el incremento de la creencia suave (ese ligero “creo que tiene que haber algo”), que toma distancia de la religión, se ha visto acompañado por el aumento del agnosticismo como posición intelectual. En ese sentido, puede afirmarse que el postcristianismo no es obra de un potente ateísmo, sino que guarda mayor relación con el desarrollo del agnosticismo; es decir, de quienes piensan que no puede demostrarse la existencia de un ser trascendente pero tampoco la creencia contraria que plantea el ateísmo.

Ahora bien, si continua el abandono del cristianismo, la gran pregunta es ¿surgirá otra religión masiva aunque sea menos dogmática o tendrá lugar la reducción de la religión a una mínima expresión? El espectacular aparecimiento de la cienciología y su impacto en Hollywood hace treinta años parecía reclamar esa posible sustitución. Sin embargo, esa opción es vista hoy como una posibilidad remota. De momento, lo que realmente sorprende a la sociología religiosa es el avance del postcristianismo, mucho más como descreimiento y toma de distancia que como producto de un gran combate discursivo.

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